¿Y la energía?

El gobierno electo entregó ayer a los partidos tradicionales sus proyectos para intentar un consenso respecto de políticas de Estado en materia económica, de educación y de relaciones internacionales. No está muy clara la posibilidad de llegar a acuerdos sólidos y de fondo, salvo algunas coincidencias en los programas del Frente Amplio y del Partido Nacional. Este empeño puede quedar en una formalidad que justifique públicamente a quienes por su caudal electoral podrían no hacerlo, la integración pluripartidaria de la Administración Pública. Pero vamos a esperar que la intención se concrete en algo que le sirva más al país.

No se sabe bien cuál será el alcance de los acuerdos en proceso, en temas respecto de los cuales sólo se conoce el nombre de la materia que tratan. Pero atendiendo a la realidad, parece que nos estamos olvidando de incluir en el orden del día una de esas materias en la cual, desde que el gobierno argentino comenzó a dar señales de sus dificultades para cumplir con sus compromisos con Uruguay y especialmente con Chile, quedó en evidencia que el país no tenía ni tuvo nunca una política definida: es el tema energético.

La especialísima situación que estamos viviendo con un dólar barranca abajo, genera claro está preocupación en diversos ámbitos, especialmente en el de los ahorristas en esa moneda que el déficit fiscal tremendo de Estados Unidos se ha encargado de poner por el suelo y se extiende a los exportadores que temen perder su competitividad. Pero en contrapartida, el haber determinado la caída del precio de los combustibles, es un beneficio para todos, ahorristas, productores ciudadanos con automóviles y de a pie. O sea que todo se compensa.

Y esa compensación estaba influyendo también para que UTE no aumentara sus tarifas, aunque ahora, el problema se manifieste en el costo de las mismas, porque la fuente de generación hidroeléctrica tiende a agotarse por falta de lluvias, por lo cual quedamos dependiente de los precios que se pueda conseguir en el exterior. Es muy atendible la preocupación del Presidente de UTE en cuanto a entregar la empresa saneada, por lo que si tiene que aumentar las tarifas bajo su gestión, lo hará. En lo demás, parecería que el buen Dios no atiende a los ruegos del Presidente, que nos representa a todos.

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