Primeros días sin humo en Italia

| Los comerciantes se quejan, grupos de voluntarios vigilan la aplicación de la ley y los fumadores preparan sus protestas

ROMA | EFE

Los italianos viven sus primeros días sin humo entre la resignación y muchos propósitos de dejar de fumar, en medio de la oposición de los comerciantes, que temen perder clientela, y las patrullas de consumidores, que se dedican a ponerles a prueba.

La prohibición de fumar en los locales públicos entró en vigor a las 00.00 horas del pasado lunes, con multas para los que la incumplan de hasta 275 euros y la obligación para los propietarios de bares y comerciantes de denunciar a los infractores, bajo amenaza de una sanción de hasta 2.200 euros.

Sólo se podrá fumar en aquellos establecimientos que destinen a ello un espacio aislado y estanco con ventilación adecuada y una puerta de apertura y cierre automático, lo que plantea especiales problemas a salas de ocio como las discotecas.

Hasta en las casas particulares podría ser aplicable la nueva ley, una de las más duras implantadas hasta ahora, si en ellas trabaja personal doméstico que no fume, como se ha apresurado a señalar el fiscal de Turín Raffaele Guarinello, famoso por su lucha contra el dopaje en el deporte.

Las sanciones en estos primeros días han sido más bien comedidas, aunque la primera fue muy madrugadora, ya que se le impuso a un napolitano de 22 años tan solo un minuto después de la medianoche del domingo.

PROTAGONISTAS. El ministro de Sanidad, Girolamo Sirchia, investido como el paladín mayor de la cruzada anti-tabaco, ya ha adelantado que en las primeras semanas se trata de reforzar la información sin forzar la mano.

Sirchia, especialista en Inmunohematología, de 71 años, se ha convertido de la noche a la mañana en el centro de atención del país, hasta ofuscar, al menos momentáneamente, el omnipresente protagonismo del jefe del Gobierno, Silvio Berlusconi.

Sus principales enemigos son los comerciantes, agrupados en la potente patronal Confcomercio, porque temen por su clientela, ven excesiva la responsabilidad que se les atribuye en la aplicación de la ley y consideran muy costoso crear salas expresas para fumadores.

Miembros de la principal asociación de consumidores italiana, Codacons, se han presentado en algunos bares y han encendido un cigarrillo para ver la reacción de los dueños, y si era positiva, les otorgaban un "premio moral".

Mientras tanto, un grupo de fumadores impenitentes recoge ya firmas para promover un referéndum que derogue la normativa. Al grupo de "inquebrantables" pertenecen algunos personajes públicos, como el ministro de Defensa, Antonio Martino, que ha hecho saber que seguirá encendiendo sus cigarros en las reuniones del Consejo de Ministros, en la cara misma de Sirchia.

Lejos de amedrentarse, el titular de Sanidad ha anunciado que, después del tabaco, le toca al alcohol y a su difusión entre los jóvenes. Malos tiempos para la "dolce vita".

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