Varios bribones en busca de la riqueza masónica

Para entrar en esta aventura hay que aceptar la idea de que la francmasonería y los Caballeros Templarios llegaron a acumular "el tesoro más fabuloso de la historia", producto del saqueo a sucesivas civilizaciones a lo largo de los milenios. En algún momento, esa riqueza habría sido trasladada al Nuevo Mundo, y escondida en un lugar secreto cuya ubicación fue conocida solamente por unos pocos iniciados, entre ellos los varios masones que integraron el grupo de los Padres Fundadores de los Estados Unidos, con George Washington y Benjamin Franklin a la cabeza. Por una serie de circunstancias que se explican al comienzo de este film, las pistas que conducen a ese tesoro fueron esparcidas en algunos documentos y lugares muy significativos, y su conocimiento cayó en manos de una familia que durante más de ciento cincuenta años ha intentado dar con él, pasándose la misión de generación en generación.

Al iniciarse la acción de La leyenda del tesoro perdido, el representante de turno de esa familia (Nicholas Cage) ha dado en Alaska con una pista clave, y con la comprobación de que su hasta entonces colaborador (Sean Bean) está dispuesto a traicionarlo y a echar mano a procedimientos deshonestos para apoderarse de la riqueza en cuestión. A partir de ahí se desencadena una carrera contra el tiempo, porque tanto el bando de los "buenos" encabezado por Cage como el de los "malos" liderado por Bean disponen de información parcial y deben complementarla con datos que se ocultan tras el original de la Declaración de la Independencia, o en la torre de Filadelfia, que alguna vez contuvo a la Campana de la Libertad. Inevitablemente se ven involucrados en el asunto una archivista del gobierno (Diane Kruger, la Helena de Troya) y ciertas autoridades molestas porque hay gente que quiere robar o "tomar prestadas" algunas glorias nacionales.

Por supuesto, no hay manera de tomar en serio el asunto, y los primeros en no hacerlo son sus propios responsables, que lo utilizan como pretexto para acumular acción, sobresaltos, un poco de humor y algún despliegue de efectos especiales. Es gracioso enterarse, de todos modos, de que en los Estados Unidos ha podido acusarse al film de "plagiar El código Da Vinci", quizás porque al igual que ese promocionado ‘best seller’ de Dan Brown su asunto tiene que ver con claves ocultas y una conspiración que involucra a los Templarios. Por supuesto, la objeción es idiota, en primer lugar porque más bien habría que pensar qué película y libro apelan a las fórmulas tradicionales del folletín en episodios que Steven Spielberg actualizara en la serie de Indiana Jones, con la ventaja en favor del productor Jerry Bruckheimer, el director Turteltaub y sus libretistas de no pretender vender gato por liebre, ni perpetrar el fraude cultural mediante el cual Brown y sus cómplices se están forrando. Al menos, todavía no ha aparecido ningún operativo de venta de "libros de claves" que permitan encontrar el tesoro, aunque por supuesto no hay que perder las desesperanzas.

Entre tanto queda el film, que funciona como aceptable pasatiempo. Corre con cierta velocidad, encadena con fluidez sus escenas de acción, tiene algún humor. Se lo olvida cinco minutos después de terminar, pero mientras se lo ve resulta un adecuado entretenimiento veraniego.

critica | guillermo zapiola

LA LEYENDA DEL TESORO PERDIDO

National Treasure

Director. Jon Turteltaub.

Libreto. Jim Kouf, Corman y Marianne Wibberley, sobre historia de Kouf, Oren Aviv y Charles Segars.

Fotografía. Caleb Deschanel.

Montaje. William Goldenberg.

Diseño de producción. Norris Spencer.

Productores. Jerry Bruckheimer, Jon Turteltaub.

Elenco. Nicholas Cage, Jon Voight, Harvey Keitel, Diane Kruger, Sean Bean, Justin Bartha, Christopher Plummer.

Salas. Grupocine Arocena y Ejido, MovieCenter Montevideo, Portones y Punta Carretas, Hoyts y Lido Punta del Este.

l Estados Unidos 2004.

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