El cambio climático, la pobreza y la pérdida de biodiversidad, son los problemas globales más críticos y alarmantes de la humanidad, sencillamente porque ponen en riesgo el futuro del Homo sapiens. No se trata de una conclusión alarmista y apresurada sino el resultado lógico y objetivo del análisis del conocimiento disponible. Presenciamos desilusionados cómo las negociaciones de asuntos tan esenciales están férreamente subordinados a los intereses corporativos. EE.UU. no asume su responsabilidad de ser principal contaminador de la atmósfera.
La gran mayoría de los países industrializados que suscribieron el protocolo, cumplirán sólo en forma parcial las reducciones en sus emisiones. Mientras tanto, el planeta parece manifestarse, año tras año, con señales más fuertes de lo que está ocurriendo, dejando el tendal de dolor, miseria y devastación. Somos frágiles y estamos mal preparados para enfrentar los cambios en el comportamiento de la biosfera. ¿Cómo es posible que reaccionemos con tanta irresponsabilidad?
La X Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que finalizó días atrás en Buenos Aires, como se esperaba, fue una nueva demostración de lo difícil que es lograr medidas de fondo, cuando está en juego el egoísmo del ser humano. Conversamos con el coordinador de la Unidad de Cambio Climático de la Dirección Nacional de Medio Ambiente de nuestro país, y punto focal de la Convención de Cambio Climático en Uruguay, Ing. Luis Santos. Se trata de una de las personas con mayor capacidad y conocimiento para hablar sobre este tema. Participó de toda la COP-10. A su juicio el mayor logro alcanzado en Buenos Aires fue la adopción del Plan de Acción de Adaptación, pues pone el tema de la adaptación al nivel de relevancia que merece. En especial para nuestros países que por cierto no son los principales causantes del cambio climático, pero sí estamos entre los impactados por los efectos del cambio climático.
Las medidas de adaptación a esos cambios resultan cruciales para mitigar los impactos negativos. A los países con economías fuertes, los costes de la prevención o recuperación ante los efectos adversos (adaptación) les resultan fácilmente absorbibles. No así a nuestras naciones.
En el terreno de los compromisos nada se ha avanzado. Se intentó que EE.UU. asuma compromisos aunque sea para el segundo período del protocolo que se iniciará en el 2012. No es necesario comentar el nivel en el cual se encuentran las negociaciones más trascendentes.
Por su parte, Santos aseguró que para Uruguay la reunión tuvo sus logros importantes. Presentó el primer proyecto demostrativo en ejecución de mitigación para la región, que consiste en la generación de energía a partir de metano (gas de invernadero) recuperado del relleno sanitario de Las Rosas en Maldonado. Se avanzó en la concreción de varios proyectos —que califican dentro de Mecanismo de Desarrollo Limpio previsto por el protocolo de Kioto. Y nuestro país fue escogido para realizar a fines de marzo de este año, el taller para América Latina sobre un aspecto crucial de la Convención de Cambio Climático: la educación, sensibilización pública y capacitación, en reconocimiento a los diez años de elogiable labor realizada por la Unidad de la Dinama. Ante tanto fracaso de los gobiernos de los países industrializados, resulta evidente que la esperanza está centrada en la intervención de la ciudadanía, quien será decisiva para asegurar una gobernabilidad ambiental a escala nacional, regional y global. Por ello, nos parece sumamente importante la dimensión, proyección y nivel de participación que se le dé al taller latinoamericano a realizarse dentro de tres meses en Montevideo.