Las voces abiertas de América Latina

| Braulio López El músico olimareño editó "Mundo", un álbum con canciones de todo el continente americano

GUSTAVO LABORDE

Braulio López, el olimareño, acaba de editar Mundo, su octavo disco solista. Con marcada vocación latinoamericana, este músico con marcado interés por recopilar y conocer la música de sus colegas continentales propone en este nuevo álbum un viaje musical por los sones de la patria grande.

—Como lo indica el nombre del disco, Mundo, este álbum es tiene como característica ser bien diverso.

—Sí, es bien diverso, y es atípico. No se parece a lo que venía haciendo, es un trabajo más ambicioso. Eso ya lo indica el nombre del disco, que deriva de un tema que interpreta Cesarea Evora, la cantante de Cabo Verde. Es un tema que yo conozco hace mucho tiempo y del que ahora grabé una versión que presentaba dificultades no por la música sino por la traducción al español que era complicada, pero que con la ayuda de Tirzah Ribeiro y Eduardo Galeano se pudo traducir. Esa canción se llama Amor al mundo, y de alguna manera da nombre al disco. Entonces sí, es diverso porque hay canciones de Panamá, de Perú, de Argentina, de Venezuela. Pero es muy latinoamericano a la vez.

—El disco se abre con la cita de un fragmento de un poema de Eduardo Galeano, titulado Las huellas digitales y que es una declaración de identidad latinoamericana.

—Es un poema hermoso que está en El libro de los abrazos y resume bastante lo que el recorrido de este disco propone, que es hermanar los pueblos a través de la canción popular. Me parece que ese es el rol que tiene la canción popular, limar esas divisiones geográficas y políticas para hermanar a los pueblos.

—¿Hay algún marco armónico y rítmico dentro del cual se inscriba la canción latinoamericana? ¿Existen características que distingan a la canción latinoamericana?

—Sí, lo hay. Pero a la vez es un continente riquísimo, del que yo me atrevería decir que es uno de los más ricos del mundo en variedades rítmicas, tímbricas, armónicas. Tenemos la influencia de Europa, de Africa y la autóctona, que se formó en cada país según varias influencias recibidas, además, desde luego, de la música del indio, como es toda la tradición andina, que es muy vasta. Cuando llega a Latinoamérica, todo lo musical se transforma tomando un carácter propio según la región, como los mariachis en México, la música venezolana a través del flamenco o la música africana en Uruguay con el candombe. De Brasil ni hablar. Y hay tanto que la verdad que no te da el tiempo para recorrer ni conocer todo lo que hay, porque en cada país, en cada región hay variaciones, porque todo lo que llegó a este continente fue transformado de maneras muy determinadas y específicas. Nosotros, que somos el país más chico demográfica y geográficamente de América del Sur, tenemos una gran variedad: en el puerto está la murga, el candombe, el tango, en el Interior está la milonga, el tango campero, la polca, etc. Eso llevado a países como Brasil se multiplica, como también pasa en América Central. Es realmente entusiasmante trabajar con la música latinoamericana.

—Ese parece ser su destino, ya que hace mucho que trabaja en esa línea.

—No sé si mi destino, no me cabe duda que es el destino de la proyección. Un artista de estos países no le queda otra que proyectarse hacia Latinoamérica. Podrá gustar en otros lados, o estará de moda en otros continentes, pero donde realmente va a quedar su raíz es en el continente porque es donde se entiende su lenguaje. Y Latinoamérica tiene su lenguaje, por encima de diferencias rítmicas o de otro tipo. Es un lenguaje casi subterráneo, que tiene cosas que no se pueden explicar ni sociológica ni musicalmente, pero hay timbres, sonidos, cosas que son inconfundiblemente latinoamericanos y vengan del país que vengan, los ubicás. Nosotros, los uruguayos, por ejemplo no teníamos un rock nacional, pero la gurisada lo ha inventado.

—Puede ser un fenómeno reciente. A diferencia del rock de los ‘80, el de los ‘90 tiene una marcada influencia de la música latina.

—Exacto, pero por ejemplo los muchachos de No te va gustar y otros más, toman elementos de la música folklórica para mezclarlo y hacer una mixtura que les sale muy bien. Y eso es generador de un carácter cada vez más nacional, como lo hicieron los argentinos con su rock. Yo creo que esas cosas han ido aceleradamente cambiando para bien, y así como pasa en esta área musical sucede en todo lo que es popular.

—En su nuevo disco incluye elementos musicales novedosos en su obra.

—Sí, es algo que a mí me interesa mucho explorar. Hay coros, algo que yo no solía utilizar, y también arpas, flautas, samponias o acordeones, todas cosas que es muy interesante combinar. Esto tiene su explicación en todo lo que veníamos hablando, me interesa esa riqueza musical propia de Latinoamérica.

—Usted es un músico con marcada inquietud musicológica. ¿Cuántas canciones se sabe de memoria?

—Más o menos unas 250. Es cierto, me gusta conocer lo que hacen otros y tengo mucha música que grabo en mis viajes y giras.

—¿Le parece que el canto popular, a diferencia del rock por ejemplo, no está en su momento de mayor esplendor?

—Eso es muy circular, y según el momento golpea en diferentes sitios. Ahora es cierto que el rock está sonando muchísimo, pero hace cinco años estaba bastante bajo y lo que estaba sonando era la cumbia. La murga, con el trabajo de Jaime Roos, básicamente, tomó una dimensión que antes no tenía y es también un fenómeno fuertísimo, que llega a Argentina, donde la murga llena teatros. Lo mismo con el candombe en los barrios, el otro día pasé por Malvín y estaba La Gozadera y tiene como 120 tambores, una cosa impresionante. Esto ha sido tan fuerte que se lo trasladamos a los argentinos. Hace un tiempo estaba caminando por una calle de Córdoba y escuché tambores uruguayos, una cosa inédita. Hay una sana integración que espero que los músicos la sepan manejar y no la prostituyan en función del marketing.

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