ACABA de denunciarlo la FIP (Federación Internacional de Periodistas), cuyo informe dice que a lo largo de este año han muerto ciento veinte periodistas en todo el mundo, muchos de ellos asesinados, con el agravante de que la mayoría de esos crímenes no ha sido aclarada. De acuerdo al documento, "los países más peligrosos para ejercer la profesión son Irak, Filipinas, Israel, los territorios Palestinos, Myanmar (es decir, Birmania), Eritrea, Zimbabwe, Colombia y Ucrania". Aprovechando la celebración del Día Internacional de los Derechos Humanos, el secretario general de la FIP se escandalizó al declarar que "con más de cien muertes, incluyendo unos cuantos asesinatos premeditados, y con la creciente —y evidente— despreocupación de muchos gobiernos frente a los medios de comunicación, el año 2004 se ha convertido en un año de brutalidad y abuso".
SIN ir más lejos, el caso de Irak es ilustrativo al respecto, porque desde que se produjo la invasión de ese país en marzo de 2003, han muerto sesenta y siete periodistas pero el caso de Filipinas no es menos grave, ya que "doce periodistas fueron asesinados en el correr del año y desde 1985 se ha registrado la muerte de sesenta y un empleados de los medios de comunicación, aunque ningún asesino ha sido sentenciado hasta el momento". Como agrega el vocero de la FIP, "la cultura de la impunidad en los asesinatos de trabajadores de los medios es un hecho cruel para la sociedad y para los propios medios filipinos", por no hablar de la inseguridad y el temor en que viven quienes siguen arriesgándose a desempeñar su oficio en áreas tan temibles como esos países.
COMO extremo de tales situaciones, no debe olvidarse que hasta ayer en Irak dos periodistas franceses estuvieron cautivos de sus secuestradores durante cuatro meses, mientras las autoridades iraquíes prohíben la circulación de medios que les resultan molestos, como por ejemplo la cadena de televisión Al Jazeera, de Qatar, según informa un cable de la agencia EFE. Pero a todo ello, el informe de la FIP agrega que "Estados Unidos ha fracasado hasta ahora en la entrega de información satisfactoria sobre la muerte de trabajadores de los medios periodísticos en acciones de las tropas de la coalición". Panorama similar se vive en Colombia, donde —según el documento— "la violencia contra periodistas es rampante" y para ello se menciona el caso de "la periodista Claudia Julieta Duque, que ha sido forzada a huir del país como consecuencia de las reiteradas amenazas contra su vida".
DE allí puede saltarse a Ucrania, donde "los medios y los periodistas quedaron expuestos frente a la crisis electoral, cuando se rebelaron contra los intentos de manipulación y de censura" que los presionaba de manera creciente. Hace tres años, el asesinato en Ucrania del reportero Gyorgy Gongadze "sigue a la espera de una investigación más profunda", con todo lo cual el mencionado informe concluye que "la crisis de la vigencia de los derechos en los medios de comunicación es una realidad diaria del periodismo" a escala mundial, por lo cual "la comunidad internacional debe tomar medidas con carácter de urgencia" aunque es improbable que lo haga. En enero de 1997 fue abatido en la Argentina el reportero gráfico José Luis Cabezas, cuyos asesinos resultaron procesados y condenados a cadena perpetua, pena que luego sería canjeada por 20 o 16 años de prisión, según los casos. Uno de esos asesinos, empero, acaba de ser puesto en libertad con una reducción de la pena y el pago de una fianza. No hay demasiado rigor para perseguir o encerrar a quienes fueron culpables de muertes tan bestiales como la de Cabezas.
NI siquiera otros trabajadores humanitarios, como los que operan en Darfur (provincia occidental de Sudán, donde hay persecuciones genocidas) desviviéndose por aportar algo de socorro a las comunidades en peligro, están a salvo de los asesinos. Dos de esos trabajadores, que formaban parte de la organización Save the Children, fueron abatidos en Darfur por un grupo armado no identificado, aunque podría tratarse de las milicias que respaldan el gobierno. Esa organización que integraban ambas víctimas, daba por ejemplo de comer a unas 300.000 personas diariamente: luego de los crímenes Save the Children suspendió sus tareas en Darfur, a la espera de que se realicen las investigaciones correspondientes. Hay que ser optimista para esperar que se produzca la aclaración del episodio.
Castro y los izquierdistas
La situación planteada en Cuba con relación a la disidente Dra. Hilda Molina, ha sido ampliamente difundida y no sorprende en lo más mínimo, considerando los antecedentes de Fidel Castro en la materia. Tampoco sorprende que el tirano esté furioso porque la oficina de Asuntos Estadounidenses en La Habana, haya colocado un cartel con el número 75 y nada más, aunque todos saben que se refiere al número de opositores encarcelados por el régimen.
¿Y la actitud de los izquierdistas del resto del mundo, incluido Uruguay? Ellos no ven, no oyen ni dicen nada. Esperan que el escándalo pase, para poder volver a aplaudir a Castro y su sistema tiránico de gobierno. Para poder volver a soñar con sus autoritarismos. Pero esto es quizás lo que menos sorprende pues siempre ha sido así, de los tiempos de Lenin en adelante.