T ras inaugurarse su polémica retrospectiva en el Centro Cultural Recoleta, el artista plástico argentino de 84 años, León Ferrari, desató un verdadero escándalo entre los fieles católicos. La historia no terminó con la ofensa: la justicia argentina ordenó suspender la exposición, argumentando que "lesiona los sentimientos religiosos de la enorme mayoría de los habitantes de esa ciudad".
Tal medida causó indignación en todo el ambiente plástico porteño, que rápidamente se movilizó con proclamas y escraches en defensa de la "no censura del arte". El fallo será apelado por el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, cuya dirección de cultura es responsable del Centro Recoleta. El secretario de la dirección, Gustavo López, señaló a La Nación que su función es la de "garantizar la libertad de expresión de un artista, sin censurarla".
Más allá de la suspensión, alrededor de 20 mil personas ya pasaron por la muestra que entre otras pinturas y esculturas exhibe a Cristo crucificado en un avión de guerra, imágenes de santos en licuadoras o sartenes, y a la Virgen María con escorpiones y cucarachas.
El propio artista resumió para el diario Clarín toda la polémica: "yo estoy en contra de la tortura y el cristianismo está a favor. Porque el pensamiento occidental y cristiano sostiene la existencia del infierno, que implica aprobar o exaltar el castigo al diferente. La religión opina, desde el Evangelio y el catecismo último de la Iglesia oficial, que cuando alguien muere si no observa las normas de la religión, su alma será torturada. La gente puede no creer en esto y, en efecto hay algunos católicos que dicen que no lo creen. Pero hay un sector que sí y enseña eso en las escuelas; las escuelas que nosotros pagamos. Por eso es sencillamente sorprendente que califiquen de odio a un sentimiento (el mío) fundado en el rechazo a la tortura y a las amenazas que supone la existencia del infierno".
Entre otros apelativos, Ferrari fue calificado por los más ortodoxos casi como "la encarnación misma del demonio" y su exposición llevó el rótulo de "blasfema". Se lo cuestionó, entre otras cosas, de su mirada sobre la Virgen, de la que es devoto un muy importante número de argentinos, según consigna Clarín. "Lucas da en el Evangelio esa versión de la Virgen inseminada por el Espíritu Santo, pero en otras partes del Evangelio y en las palabras de Jesús, la Virgen es una buena mujer, no más. Que tiene otros hijos y estaba un poco preocupada por la salud mental del hijo, como lo estaban otros parientes. El Evangelio de Marcos dice que se la quisieron llevar, en una ceremonia, porque pensaron que estaba loca", declaró Ferrari a Clarín agudizando aún más la controversia.
Hace cuestión de 15 días, más de dos mil católicos concurrieron a una misa en desagravio, realizada en la Parroquia nuestra señora del Pilar, bien próxima al Centro Recoleta. Antes habían realizado dos días de ayuno y oración, como forma de manifestarse contra la propuesta de Ferrari.
En la misa, fundamentalmente se criticó que sea el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires el que respalde la exposición de Ferrari con dineros públicos de los argentinos. El propio arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, calificó la muestra de "blasfema" y dijo que "desde hace algún tiempo se vienen dando en la ciudad algunas expresiones públicas de burla y ofensas a las personas de nuestro Señor Jesucristo y de la Santísima Virgen María como, asimismo, diversas manifestaciones contra los valores religiosos y morales que profesamos".
Forcejeos con religiosos
Como por contagio, en el Cabildo de la ciudad de Córdoba se suspendió la muestra "Navidad, 10 artistas, 10 miradas", minutos antes de su inauguración. Luego de tres horas de forcejeos entre militantes católicos y el público que intentaba asistir a la exposición, la autoridades municipales decidieron levantar la muestra.
En este caso, la indignación católica creció a partir de la obra del artista Roque Fraticelli, quien pintó el cuerpo de Cristo junto a una paloma observando las imágenes de una fecundación en un televisor. Pero la pieza que más furia católica generó fue una tela negra con la Virgen María en pleno acto de amor con un hombre con cabeza de pájaro, interpretado como el Espíritu Santo. "Esta gente de artista no tiene nada. Nos pusimos en la puerta impidiendo con nuestra presencia que la obra se hiciera. Si tengo que defender a mi madre de los cielos a las trompadas, lo voy a hacer", señaló en diversos medios locales el Padre Julián Espina.