ROMA | EFE y ANSA
El ex presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, arremetió duramente ayer contra el primer ministro italiano Silvio Berlusconi, a quien le atribuyó la responsabilidad de una "política sin valores", durante una reunión en Milán de los líderes de la centroizquierda.
"Esta política no es moral, es una política sin valores", dijo Prodi ante 10.000 personas congregadas en este "meeting" organizado contra la ley de presupuestos.
Las declaraciones de Prodi se produjeron el mismo día en que un cercano asesor de Berlusconi, el senador de Forza Italia Marcello Dell’Utri, fue condenado a nueve años de prisión por asociación mafiosa.
Sólo un día despues de haber sido exonerado él mismo en la justicia por otro caso sonado de corrupción, Berlusconi dijo que ponía las dos manos en el fuego por su amigo Dell’Utri, a quien el Tribunal de Palermo que le ha juzgado considera nexo de unión durante 30 años entre la Mafia siciliana y el mundo político y financiero de Milán.
Marcello Dell’Utri, palermitano de 63 años, unió sus destinos a los de Berlusconi en 1974, cuando se trasladó a Milán para trabajar con él, primero en el negocio de la construcción, luego en el de la comunicación y más tarde en la política.
El Tribunal de Palermo presidido por Leonardo Guarnotta ha hecho suyas las tesis de la Fiscalía, que pidió para el senador once años de prisión e inhabilitación a perpetuidad para cargo público, tras seis años de debates y 256 audiencias.
EMBAJADOR. Los fiscales sostienen que "capos" de la Mafia siciliana le han ayudado a cambio de sus servicios como "embajador de Cosa Nostra en Milán".
Entre las imputaciones que el ministerio público hace al condenado figura la "contratación" en 1974 para trabajar en la villa milanesa de Berlusconi del mafioso Vittorio Mangano con el fin de protegerle de posibles extorsiones o secuestros por parte de la organización criminal.
La Fiscalía de Palermo dejó claro durante la vista oral que, pese a las vinculaciones directas del procesado con las empresas del magnate de la televisión privada y su partido, ésta no era una causa contra Berlusconi ni contra su formación política.
Esta precisión fue hecha después de que el dirigente conservador —que se acogió a la prerrogativa del silencio— fuera llamado a declarar en el caso, que ha visto desfilar a 270 testigos, 40 de ellos mafiosos arrepentidos como el fallecido Tommaso Buscetta.
Contra el testimonio de los arrepentidos clamaron ayer buena parte de los dirigentes de Forza Italia, que tacharon de "gran error" la condena de Dell’Utri y mostraron su contrariedad, tras el júbilo expresado ayer por la absolución de Berlusconi.
Los abogados del senador ya han anunciado que presentarán recurso a esta sentencia de primera instancia, hecha pública tras trece días de deliberación ininterrumpida del Tribunal, lo que constituye un récord.
Guerra desangra Nápoles
NAPOLES - La guerra mafiosa sigue sin tregua en Nápoles y su provincia, donde ayer fueron asesinados el hermano del padrino histórico de la Camorra Carmine Alfieri, convertido luego en colaborador de la Justicia, y un joven de 20 años.
Francesco Alfieri, de 54 años, murió tiroteado desde una motocicleta por dos sicarios cuando viajaba en su vehículo de Castellammare a Piazzolla di Nola, cerca de la capital napolitana.
En su huida, los asesinos tuvieron un accidente, por lo que debieron abandonar su moto y secuestrar a punta de pistola un coche que circulaba por la zona para completar su fuga.
Poco después caía abatido en una charcutería del barrio napolitano de Scampia Antonio De Luise, de 20 años, acribillado por dos pistoleros que huyeron en una motocicleta.
Según la Policía, el joven, con antecedentes por tráfico de drogas, pertenecía al clan de Paolo Di Lauro, en guerra con un grupo de disidentes en el conocido ya como triángulo de la muerte entre los barrios de Scampia, Melito y Secondiglano, donde por la tarde se registró un tercer tiroteo.
Con las de ayer, son ya casi 120 muertes violentas en lo que va de año relacionadas con la guerra sin cuartel de los clanes de la Camorra napolitana. EFE