JORGE SAVIA
Nacional y Danubio juegan hoy la 3a. final del "Uruguayo" que protagonizan en los últimos 4 años. El dato no es menor. Habla de vigencia y refleja una realidad que no es producto de las circunstancias. Pero detrás de los dos está, también, y no es poco, la tradición. De ambos. Que formaron y cobijaron en sus filas a montones de figuras relevantes, y que en unos cuantos casos, incluso, se identificaron plenamente con los dos cuadros.
Angel Brunell y Jorge Seré son ejemplos claros. Sus trayectorias en uno y otro equipo abarcan 3 décadas. De modo que, ya sea por sentimiento o por conocimiento de causa, están capacitados para representar a los finalistas y hablar de la gran instancia de hoy, como nadie.
GHIGGIA. El "Pocho" Brunell llegó a Danubio en el 64: "yo jugaba en la selección de Tacuarembó y en aquella época los equipos del interior jugaban amistosos con los campeones mundiales del 50. A mí me tocó marcar a Ghiggia y al tiempo Danubio lo llevó, ya con 42 años, y me recomendó, porque le había gustado. Estuve hasta fines del 68 y agarré una época en la que Danubio tenía un cuadro bárbaro: el brasileño Araquem de Mello, el "Piolín" Cincunegui, después vino el "Vlayo" Douksas, Omar Fernández..."
PLATA. Era buen lateral izquierdo el "Pocho". Técnico. Alto. Capaz de quitar con precisión y salir siempre jugando. Por eso no extrañó que para el 69, Nacional se lo llevara: "en esa temporada Nacional empezó a armar aquel cuadro formidable con el el que ganamos todo; 4 campeonatos uruguayos, la Copa Libertadores, la Copa Intercontinental y hasta la Interamericana. Más allá de que uno ya fuera hincha desde chico, todo aquello fue tan fuerte que me marcó. Yo después estuve en Fluminense y fui campeón carioca, de ahí pasé al Everton, donde salí campeón de Chile, y también jugué en un grande como Colo Colo dos años, pero donde hice más plata en toda mi carrera fue en el Everton, porque era el equipo del Casino de Viña del Mar, y no solo armó un cuadrazo, sino que era un infierno lo que pagaban. Sin embargo, aún así, lo de Nacional fue tan fuerte que me marcó. Por eso, y porque además a Danubio yo no volví más y en Nacional, en cambio, dirigí en divisiones juveniles algunas temporadas, me siento más cerca de Nacional. Aunque a Danubio lo quiero, porque fue el que me trajo de Tacuarembó y donde pasé lindos años, y si no es Nacional, quiero que gane siempre, eso está claro".
25 METROS. Hombre de fútbol, al fin y al cabo, Brunell tiene una posición clara ante las finales, no solamente por los dictados del alma: "A Nacional le va costar mucho por esa ventaja de que a Danubio tienen que ganarle por lo menos dos veces para perder el campeonato. Pero Nacional sigue siendo el equipo grande. Y eso pesa. Danubio tiene jugadores de calidad, con un gran cuerpo técnico, que ha hecho un trabajo brillante, pero Nacional tiene futbolistas más acostumbrados a este tipo de paradas. Nacional tiene la camiseta de Nacional y eso puede prevalecer. Además, Nacional también tiene muy buenos jugadores, y el Hugo está acertando. Nacional toca bien la pelota, y aunque la pase lateralmente, no importa: mientras la tiene uno, no la tiene el contrario. Y cualquiera sabe que si a Danubio le sacan la pelota, no sabe jugar, pierde posibilidades. Eso sí, si Nacional tiene la pelota, va a tener que mejorar en los últimos 25 metros de la cancha. Sobre todo decidirse si le entra con centros o le entra por abajo".
TERREMOTO. Jorge Seré llegó a Danubio en el 76: "yo vivía en Tres Cruces, había salido del baby del Terremoto y un amigo, que ya jugaba en la 5a., me llevó a una práctica de aspirantes a probarme. En la Libertadores del 78 era el tercer arquero detrás de Dagnino y Apolinario, en el 79 era suplente de Primera y jugué 11 partidos, y ya en el 80 quedé como titular; estuve hasta el 87 y por aquello de que, salvo raras excepciones, en Danubio todos los jugadores del Primero vienen desde abajo, la identificacion con el club fue total; hay que ver que en total estuve 12 años".
DOLOR. No sólo fue el arquero titular de Danubio un montón de temporadas. También ocupó el arco de la selección en el Preolímpico del 87 y era el suplente de Eduardo Pereyra en la que, ese mismo año, ganó la Copa América en Buenos Aires: "como ya llevaba mucho tiempo en Danubio, arreglé por dos temporadas, con una cláusula de que quedaba libre al final del contrato. Nacional me vino a buscar y también Peñarol quiso contratarme. Fue una de esas decisiones de vida que en el momento son dificilísimas de tomar y que después, con el tiempo, uno siente que fueron determinantes. Porque a fines del 87, Peñarol era el campeón de América y Nacional ni siquiera estaba clasificado todavía para la del otro año. Yo me decidí por Nacional porque era hincha desde chico, y porque el que me había pedido era Fleitas, que me conocía y tenía su respaldo. El primer año ganamos todo, incluida la Libertadores y la Intercontinental, y yo me quedé hasta el 94. En el 95 fui a préstamo al Coritiba, porque el técnico de Nacional era Hugo Fernández y no me quería. Como tenía una opción alta que los brasileños no podían pagar, volví cuando aquí todavía me quedaban 6 meses de contrato y me dolió lo que pasó: no pude quedarme en Brasil porque Nacional me puso una opción alta, pero después no me incluyeron en la lista de retención, me dejaron libre, y ni siquiera me dejaron que terminara el contrato. Después jugué en Liverpool, Rampla, otra vez Liverpool, y terminé retirándome".
DUCHAS. Más que por la extensión de su trayectoria en el club y la identificación con el mismo a partir de un inocultable sentimiento partidario, Seré pasó a ser —como lo atestigua un mural suyo en la galería de la sede de la Avda. 8 de Octubre que atesora los de otros ídolos tricolores que a lo largo de la historia se han vuelto inmortales— por lo que atajó en la campaña del 88, donde se ganó el apodo de Superman en forma justificada, y por los tres penales que contuvo en la final de Tokio ante el PSV de Holanda: "frente a una final como ésta, para mí no deja de ser difícil, porque yo a Danubio lo quise muchísimo; es donde me formé como jugador, y también como hombre, ya que las divisiones juveniles de Danubio en aquel entonces no eran las de ahora: había dos duchas, agua fría y una pelota para todo un plantel; y como a los 14 años yo venía de colegio privado, aprendí y tuve otra visión de la vida que no tenía antes. Pero comprobé, no sólo en carne propia, sino porque igual al mío hubo otros casos, que hay gente en Danubio —no digo todos, ni tampoco el grueso de la hinchada— que mira mal al que se va y después triunfa en otro lado. Yo no pude ir más a ver a Danubio, como hubiera querido, por la manera que me insultaban. Eso, entonces, como yo había sido hincha de Nacional desde chico, hizo que me tirara más para ese lado".
CAMBIO. Hoy, a pesar suyo, no forma parte del ambiente del fútbol. Con su experiencia a cuestas y el título de entrenador bajo el brazo, hace docencia con un espectro más amplio como Director Deportivo en la Scuola Italiana. Pero no está, ni se siente, alejado; menos aún ante una final del Uruguayo: "está bastante más cerca Danubio, porque es difícil que Nacional le pueda ganar 3 veces, pero si le gana una, ya la cosa cambia. Nacional tiene jugadores más acostumbrados a este tipo de instancias. Aunque no me olvido que por algo Danubio tiene el gran puntaje que hizo en el año y que los partidos que tenía que ganar o ganar, terminó ganándolos".