Drogas

Por su propia naturaleza y circunstancias, es muy difícil determinar con total precisión la magnitud del consumo de drogas (de las prohibidas y de las otras) en cualquier sociedad. Muchas veces, los datos generales solamente suministran un panorama demasiado amplio como para servir de base para la formulación de estrategias eficaces. En la práctica, existen muchos tipos de situaciones y problemas, cada uno de los cuales exigiendo un tratamiento más o menos específico. El estudio "Usuarios de drogas inyectables. Prácticas de riesgo y prevalencia de infecciones por VIH, Hepatitis B y Hepatitis C en Montevideo y su área metropolitana" publicado recientemente, es un aporte valioso para conocer los desafíos que presenta un determinado sector de nuestra sociedad. La publicación fue coordinada por María Luz Osimani y Mónica Guchin, habiendo contado con el apoyo del Programa Conjunto de las Naciones Unidas contra el SIDA, y la Oficina Contra las Drogas y el Delito de las Naciones Unidas.

Existe un vínculo importante entre el consumo de drogas por vía inyectable y la presencia de enfermedades. En nuestro país el 23,3 % de todos los casos de VIH positivo notificados corresponde a usuarios o ex usuarios de drogas inyectables. El 45 % de estos últimos pertenecen al grupo de edades de entre 15 y 24 años. El Programa Nacional de SIDA ha establecido que el 40% de los niños VIH positivos ha nacido de madres usuarias de drogas inyectables o parejas de usuarios de ese tipo de drogas.

El estudio mencionado se funda en una encuesta realizada a 200 personas (141 hombres y 59 mujeres) y se centró en un sector muy específico de nuestra sociedad. En tres sentidos. Primero, en cuanto al tipo de consumo, los voluntarios que participaron en el estudio eran usuarios de drogas inyectables mayores de 18 años, de ambos sexos y que habían consumido drogas por vía inyectable desde 1980. Segundo, geográficamente, la mayor parte de los encuestados residían en la periferia montevideana y el área metropolitana (46%) y el área pericentral (37%).

Los entrevistados correspondientes a la Zona Central y la Costa Este de Montevideo únicamente representaron aproximadamente el 17% de las encuestas. Tercero, en cuanto al nivel social de los encuestados. Solamente el 3% de estos últimos tenía un nivel educativo terciario (aunque el 70% tenía secundaria), el 36% declaró tener un trabajo y un 33% se mantiene con "changas". El 80% ha estado detenido en algún momento.

Por esas mismas razones, se trata de un grupo social especialmente vulnerable: el 40% de los encuestados no tenía ningún tipo de cobertura de salud y solamente un 11% tenía cobertura privada. Ello contrasta con lo que sucede con la población total de Montevideo, donde el 51,8% de la población se encuentra afiliada a alguna mutualista.

El 67% de los encuestados no presentó reactividad a ninguno de los marcadores serológicos utilizados. El 27% restante incluyó un 15% que solamente registró una sola infección y un 18% que presentó síntomas de dos o tres de las infecciones estudiadas. En el 18,5% de los encuestados se constató VIH. En el caso de la población total el Programa Nacional de ITS/SIDA del Ministerio de Salud Pública registró una prevalencia de 0,36%. El porcentaje de infección en el grupo encuestado es mucho más alto que el promedio general de la población.

El estudio pinta un cuadro muy completo. Por ejemplo, los entrevistados comenzaron a consumir drogas a una edad promedio que ronda en los quince años (en la mayoría de ellos la entrada fue la marihuana) y que pasaron a los inyectables (predominantemente, la cocaína) a una edad en torno de los 19 años.

La publicación culmina con un capítulo sobre recomendaciones, de las cuales la primera es establecer una política nacional sobre drogas, que considere integradamente las funciones de prevención, salud y tratamiento y considerando un abanico de opciones para los usuarios de drogas.

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