El básquetbol por pasión y herencia

| Osky Moglia ya no juega pero sigue en torno al deporte como representante de jugadores

SILVIA PEREZ

Hace dos años que Osky Moglia dejó los rectángulos después de jugar 23 años en Primera y de defender a la selección durante 20. Increíblemente no extrañó nada, pero como tampoco era cuestión de abandonar totalmente lo que había sido su vida hasta ese momento, hoy es representante de jugadores.

"Estaba tan saturado de los entrenamientos, el doble horario, y los viajes, que ya no quería nada. Por eso no extrañé, aunque tampoco imaginé que dejar me iba a resultar tan fácil. Creí que iba a ser traumático, pero estoy tan contento con lo que hago ahora, que no da ni para pensar".

La posibilidad de llevar jugadores a España surgió poco antes de retirarse y por casualidad. Moglia estaba visitando amigos en Barcelona, donde jugó varios años, cuando en una cena circunstancial la gente de Joventut Badalona le preguntó por Gustavo "Panchi" Barrera y Esteban Batista. Quince días más tarde se encontró viajando con ambos: "Lo hice sin pensar en representarlos. Entrenaron, convencieron y se quedaron. Fue Amador Pérez, el presidente del club donde yo había jugado, el que me preguntó si los iba a dejar solos, con 17 y 18 años. ‘¿Por qué no los representás?’, me dijo. Lo pensé y me di cuenta que tenía razón".

BECKHAM. Poco tiempo después Osky se unió a Carlos Rocca, el representante de basquetbolistas más influyente del medio: "El fue mi representante durante 15 años y habíamos hecho una buena amistad. Me planteó la posibilidad de unir su experiencia con mis contactos. Me encanta lo que hago, cambiarle la vida para bien a los jugadores que se van es algo muy lindo. Llevarlos a clubes como el Real Madrid, el Barcelona o el Joventut, que son parte de la élite del básquet, les permite explotar su talento al máximo. Yo viajo con ellos y me quedo un tiempo allá hasta que se adapten. Es una gran responsabilidad, sobre todo con la familia porque se trata de jugadores muy jóvenes. El 30 de diciembre pasado, cuando Batista estaba en el Real Madrid, me llamó para contarme que estaba en la comida de fin de año del club, donde se habían juntado los jugadores de básquetbol y de fútbol. Batista estaba comiendo con Beckham, Roberto Carlos, Zidane y todas las grandes estrellas. Aquí, en Welcome era un juvenil que nunca había jugado en Primera".

OJO. Su nuevo oficio implica estar constantemente mirando los partidos de inferiores para detectar nuevos valores, algo para lo que dice tener un don especial. "Tengo buen ojo y me doy cuenta cual chiquilín de 15 años puede llegar. Lo ideal es integrarlos a un equipo importante entre los 15 y los 20 años. Hoy el básquetbol internacional ha cambiado mucho. El Real Madrid por ejemplo, lleva tres rusos, tres griegos, cuatro brasileños, tres argentinos y dos uruguayos y si de ese grupo salen uno o dos ya están conformes".

FUTBOL.Unos meses atrás, Moglia comenzó a incursionar también en la representación de jugadores de fútbol junto a Luis Malvárez. "Lucho me dio la posibilidad de acercarme. Lo conocía sólo de escucharlo en reportajes y siempre me interesaba lo que decía. En España es muy respetado y en La Coruña hace y deshace. Me gusta el fútbol más que el básquet, pero yo de lo que entiendo es de basquet. La clave de este negocio es ser derecho. Lo principal es no defraudar la confianza del jugador, que él sepa que nunca lo vas a dejar tirado y que siempre vas a buscar lo mejor para él".

BALANCE. Cuando mira hacia atrás y reflexiona sobre su extensa carrera, se encuentra con buenos y malos momentos. "El balance es positivo. Jugué cosas muy importantes. Ser Campeón Sudamericano en un Cilindro con 15.000 personas es inolvidable, y repetir dos años después en Venezuela no tiene precio. Son cosas que se valoran con el tiempo. En el momento te sentís feliz, pero es después que lo valorás. Aunque también hay cosas de las otras, como cuando quedé afuera de un Mundial, en el 97, por cuatro segundos, o cuando perdí un quinquenio con Welcome en la última pelota que no entró".

APLAUSOS. A propósito del Sudamericano obtenido en el 95 por la selección dirigida por Víctor Hugo Berardi, hay cosas que Moglia no puede olvidar: "Mis hijos tenían 4 y 5 años y al otro día fuimos con ellos a Mc Donald’s. Cuando entramos, la gente dejó de comer y se paró a aplaudirme. Por un lado me dio una vergüenza bárbara y por otro me dieron muchas ganas de llorar".

CONSEJOS. Ser el hijo de Oscar Moglia, el jugador más grande de todos los tiempos, no siempre resultó fácil para Osky. Su padre era muy exigente con él, e incluso años después de su fallecimiento la gente lo seguía comparando con él. Osky podía jugar muy buen partido, pero al final no faltaba quien le dijera: ‘Jugaste bien, pero no sos como tu padre’. "Estoy orgulloso de ser su hijo, viajo a cualquier lado y me hablan maravillas de él y se me abren puertas, pero en algunos aspectos me perjudicó. Siempre me comparaban con él o me pedían algo más por ser el hijo de Moglia. Si me hubiera llamado de otra manera, me hubieran juzgado sólo por lo que yo era. Además, mi viejo era muy frontal y muchas veces tuvo problemas por esa manera de ser. Me pasaron a mí facturas que eran de mi viejo. Por ejemplo, cuando empecé en la selección quedé eliminado dos o tres veces. Creo que podía haber estado antes, pero por ser Moglia, tuve que esperar". De todas formas, los consejos paternos, que en algún momento le molestaron, permanecen intactos en él: "Mi padre era muy exigente conmigo. Quería la perfección. Me aconsejaba constantemente y yo pensaba: ‘que rompebolas’, pero hoy que tengo hijos de la edad que yo tenía en aquel momento, me encuentro diciéndoles las mismas cosas. Lamentablemente a mi padre no lo vi jugar, porque dejó de hacerlo cuando yo era muy chico. Recuerdo un homenaje que le hicieron en el 72, pero yo tenía sólo 7 años, y él ya no estaba para jugar. En ese sentido, por suerte, mis hijos me vieron jugar, dieron varias vueltas conmigo y estuvieron en el Cilindro la noche en que salimos campeones sudamericanos".

A pesar de todo Osky puso en práctica muchos de los consejos que le daba su padre. "Otros no tanto, como el de entrenar duro. Entrenaba, pero no todo lo fuerte que debía haberlo hecho. Yo era hijo del rigor y necesitaba que el preparador físico o el técnico estuvieran arriba mío. Hoy hay jugadores que lo hacen porque saben que es lo mejor para ellos. Eso espero de mis hijos y de los jugadores que represento".

MONSTRUO. Aunque le gustaba mucho el fútbol, el hecho de ser el hijo de Moglia y de vivir frente a la cancha de Welcome, inclinó la balanza hacia el básquet: "Salía de la escuela y cruzaba la calle con la pelota en la mano. Mi padre nunca me obligó, pero mis amigos eran del barrio y jugaban todos al básquet y la herencia también debe haber influido".

Hoy sus hijos, Santiago de 15 años y Martín de 12, han tomado diferentes caminos. El mayor es base en las inferiores de Welcome, mientras que el menor optó por el fútbol y juega de punta en el Náutico. "Mi padre no me iba a ver porque se ponía nervioso y yo hago lo mismo. Además, de repente le dan para atrás a mi hijo porque me ven en la tribuna y se arma un lío bárbaro".

Hay cosas que se van pasando de generación en generación: "Dicen que en algunas cosas me parezco a mi padre. Por ejemplo, en el pase inesperado. A mí me gustaba tanto convertir como darle el pase a un compañero. Eso lo heredé de él, aunque nunca lo haya visto jugar. Sin comparar, claro, porque él fue un monstruo".

perfil

Nombre: Oscar Alfredo Moglia De Pazos.

Edad: 39 años.

Estado Civil: Casado con María del Carmen, más conocida como Mary ("Hace 17 años que nos casamos y no me puedo quejar. Haga lo que haga ella siempre me apoya".

Hijos: Santiago de 15 años y Martín de 12.

Un barrio: Parque Rodó.

Una comida: Pastas.

Un color: Rojo.

Música: Rock argentino.

Equipos: Welcome, Cordón, Hebraica y Macabi, Neptuno, Obras Sanitarias de Argentina, Espanyol de Barcelona y Gijón de España.

Títulos: Ganó seis Torneos Federales: cuatro con Welcome, uno con Hebraica y uno con Cordón.

Obtuvo dos Campeonatos Sudamericanos con Uruguay en el 95 en Montevideo, y en el 97 en Maracaibo, Venezuela.

Jugó dos Campeonatos Sudamericanos juveniles en 1982 y 84; y siete Sudamericanos de mayores en el 87, 89, 91, 93, 95, 97 y 99. Disputó tres Panamericanos: 87, 95 y 99; tres Preolímpicos: 87, 95 y 99; y dos Premundiales: 93 y 97.

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