LEONEL GARCIA
El inicio de la nota podría haber sido éste: "Quince muertos y 50 heridos graves fue la consecuencia de un accidente aéreo ocurrido ayer antes de las 15.00 horas en el Aeropuerto de Carrasco. Un avión Hércules C—130 con 105 personas a bordo, entre pasajeros y tripulantes, que aterrizaba en la principal terminal aérea del país sufrió la rotura de un neumático, salió de pista e impactó contra un terraplén y un vehículo de mantenimiento, generándose un gran incendio que tuvo que ser apagado por los bomberos apostados en la base. Los lesionados de distinta entidad fueron derivados a los principales centros asistenciales público y privados de Montevideo".
No lo es porque lo ocurrido ayer en la tarde en el Aeropuerto de Carrasco fue un simulacro de accidente aéreo, en el que estuvieron involucradas unas 300 personas, supervisado por el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) de la terminal y la Fuerza Aérea. Por supuesto, el Hércules no llegó a despegar nunca y el "incendio" se redujo a un poco de humo rápidamente dispersado por el viento. Y las horribles mutilaciones que presentaban los muertos y heridos fueron producto de un magnífico trabajo de maquillaje. Según el coronel aviador Juan Pedro Maset, director general de Infraestructura Aeronáutica y uno de los supervisores del ejercicio, la primera evaluación fue "satisfactoria". Los bomberos aeroportuarios demoraron unos dos minutos en llegar al lugar del accidente y las ambulancias apostadas en la misma terminal lo hicieron en "cinco minutos o menos". Las externas -que no estaban avisadas previamente del simulacro- llegaron a los 10 minutos.
De acuerdo al jerarca castrense, estos tiempos están dentro de los permitidos por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI).
Maset señaló que el hecho demuestra una "capacidad muy aceptable" tomando en cuenta que las emergencias móviles continuaban operando normalmente en las calles y no tuvieron ningún tipo de preaviso del simulacro.
EJERCICIO. En el simulacro, que duró aproximadamente hora y media, participaron 105 "heridos", 65 funcionarios del COE, 100 personas entre bomberos, enfermeros, médicos, personal de Fuerza Aérea e inspectores de tránsito, 35 alumnos de maquillaje de la ex—UTU, 17 centros asistenciales para recibir a las víctimas y 11 servicios de emergencia médica.
A las 14.50 comenzó a sonar la alarma en Carrasco. Por los altavoces, el aviso era claro: "Se solicita evacuar el aeropuerto a la zona de parking. Se está realizando un simulacro. Sepan disculpar las molestias causadas". Inmediatamente, la terminal quedó vacía. Sólo cuatro actores realizaron una especie de "ataque de histeria" ("¡Déjenme pasar, está mi esposo en el accidente!") simulado que tal vez merecería una nominación al Oscar. Sólo que en un caso real, serían mucho más de cuatro los protagonistas de escenas de pánico.
La zona del "desastre", al poco tiempo, se llenó de ambulancias —una decena en el momento de mayor concentración, dando la sensación de estar desbordadas—, carros de bomberos, dos helicópteros y personal de emergencia. Se determinaron las distintas áreas de trabajo y el operativo comenzó.
A pocos metros del avión siniestrado, el personal médico se encargaba de separar a las víctimas según la gravedad de sus lesiones. El trabajo de los estudiantes de maquillaje fue por demás elocuente: por doquier se veían fracturas expuestas, quemaduras de tercer grado, pedazos de masas abdominales y encefálicas, y heridas de toda entidad. Los "graves", unos 30, eran trasladados en helicóptero al Hospital Policial. La veintena de "muy graves" fueron derivados en ambulancias (con equipos de reanimación) al Clínicas, La Española, Casa de Galicia, entre otros.
Los 40 "heridos" leves y los 15 fallecidos —cuyos roles estaban fijados de antemano de acuerdo a una casuística diseñada por el COE— eran atendidos (o no) y separados de los circuitos de acción del personal médico.
EVALUACION. De traje claro, sombrero de "cowboy" al tono y largavistas, el ministro de Defensa Yamandú Fau estuvo presente en el lugar del "accidente". Su impresión sobre el simulacro fue favorable. "Creo que esto demuestra que estamos en condiciones de cumplir con las normas de seguridad internacionales, todos los dispositivos han funcionado de la manera prevista. Si la catástrofe fuera real también responderíamos adecuadamente", afirmó mientras a su lado eran derivados a las ambulancias todo tipo de mutilados.
El ejercio se realizó en la mayor reserva previa. Sin embargo, el hermetismo total no era una opción válida, ni posible. "Un simulacro involucra desviar el tránsito en todas las vías que comunican al aeropuerto, por lo tanto hay que avisar al departamento de Tránsito de la Intendencia de Montevideo (toda Avenida Italia se llenó de inspectores) y a un montón de instituciones para evitar que se produzcan accidentes reales". Autoridades militares indicaron que algunos de los estudiantes de maquillaje —ansiosos por participar en el ejercicio— habrían realizado las primeras "infidencias" sobre lo que iba a ocurrir ayer en Carrasco.
De hecho, varios representantes de medios de prensa que cubrieron el simulacro aseguraron haber visto estacionados en Avenida de las Américas y Ruta 101 a móviles de bomberos y emergencias médicas. Ganar tiempo, que le dicen.
El simulacro resultó satisfactorio según las primeras evaluaciones que continuarán en la próxima semana. Sin embargo, los responsables tienen en claro que una situación real sería infinitamente más caótica. "Para empezar, se demoraría mucho tiempo en apagar el fuego. Además, por más empeño que le pongan, los socorristas sabían que estaban tratando con actores maquillados y no con heridos, habría que ver cómo sería su desempeño en la realidad", indicó Maset. Eso sin tomar en cuenta el caos que se generaría en la terminal tras una situación tan catastrófica como imprevisible.
En Carrasco, unas 300 personas participaron ayer de un ejercicio. Un ejercico que esperan que nunca sea necesario llevar a la práctica.
El mejor delos desastres
Según el coronel Juan Pedro Maset, este fue el mejor de los simulacros de catástrofe realizados en el Aeropuerto de Carrasco. En total se han llevado a cabo tres, el último de ellos en el año 2000 con resultados poco alentadores. De acuerdo con él, la OACI "recomienda" realizar uno cada dos años. En 2002 se hizo otro en la terminal aérea de Laguna del Sauce, Maldonado. Sobre este último ejercicio, de evaluación primaria satisfactoria, recién se hará un informe final la próxima semana.
Más quejas que elogios de pasajeros
El simulacro se produjo en un día de operativa normal en Carrasco. Las demoras por el ejercicio encontraron quejas —las más— y comprensión por parte de los viajeros y los que aguardaban en el aeropuerto.
El ministro del Interior Daniel Borrelli, que venía de Estados Unidos, se encontró con el despliegue ni bien puso un pie en Uruguay. La medida le pareció acertada: "esto es algo necesario y que se hace en todo el mundo".
No es lo mismo lo que pensaba una argentina a punto de viajar a Buenos Aires. "Esto es un disparate, no le pueden hacer perder el tiempo así a la gente". De forma parecida opinó Gabriela, quien esperaba un pasajero proveniente también del vecino país: "yo estoy trabajando, esto me atrasa completamente el día". No fueron las únicas en expresarse así. Por su parte, Clarisa y Helenne, prontas a viajar a Nueva York, veían el vaso a medio llenar de la espera. "Esto es bárbaro, no hay problema en aguardar. Después pasa algo en serio y todos se quejan".