Castilla es diferente. Y así, distinta, se hace querer y disfrutar pese a su suelo inhóspito y su pueblo austero. Con su sabana amarilla y ocre, de lúgibres y espectaculares atardeceres –que dejaron su marca en la paleta de grandes pintores– es un sentimiento que parece brotar de esta tierra "tan triste que tiene alma", como dice su poeta, Antonio Machado. Pero la Meseta Castellana, con sus características tan propias, lejos de ser un desierto es una zona altamente poblada, sembrada de ciudades que merecen cada una un capítulo aparte. Madrid, para disfrutar todo las 24 horas; Ávila, con sus murallas y famosas yemas; Burgos,con la Cartuja de Miraflores y sus deliciosas morcillas de arroz; Salamanca, que invita a degustar sus jamones y a recorrer su Plaza Mayor, la Universidad y las Ganderías de Toros de ligia. La lista sigue con Segovia y su famoso Acueducto Romano, el Alcázar y la Ciudad Vieja con su Catedral; Toledo y Valladolid, junto con cientos de pueblos y villas, cada uno orgulloso y diferente. El inventario castellano sería tan interminable como el de su historia o el de los personajes –míticos y reales- que la poblaron: Don Quijote, Don Ruiz Díaz de Vivar (El Mio Cid), Santa Teresa de Avila y Felipe II, solo por nombrar algunos.
Incursionaron por estas tierras fenicios, griegos, cartagineses, visigodos y algún celta. La presencia romana fue, de todas, la más estable, dejando huellas como las ruinas de Numantia (Soria) o el Acueducto de Segovia, aún en funcionamiento. En el siglo I, el cristianismo se expandió por España; siglos después, los moros conquistaron el territorio y dejaron una marca indeleble en la península. La reconquista comenzó en Asturias, y de ello surge el dicho popular asturiano: "Asturias es España y el resto, terreno ganado a los moros". En el siglo XV Isabel de Castilla y Fernando de Aragón reunifican España y consolidan la reconquista. Es en Castilla, durante su reinado, que comienza la Inquisición contra moros, judíos y paganos. Juntos, los reyes descubren América, batallan y gobiernan. Los castillos estratégicamente ubicados a lo largo de la meseta, son sus altas torres fácilmente avistables por el viajero, son testimonios de la reconquista. Carlos V, el sucesor a la corona, expanderá los dominios de España y hará florecer ese austero estilo castellano que tanto se aprecia en la Plaza Mayor y la Plaza de la Villa en Madrid. Si bien la historia de Castilla es rica en cambios y sucesos, también lo es su geografía que sabe de matices y cambios orográficos. El Tajo y el Duero, los dos ríos principales que la cruzan rumbo a Portugal y el Atlántico, dan vida a una flora muy particular y a muy buenos vinos como el Rioja, apreciado mundialmente.
También dos cordilleras quiebran la planicie: la Sierra de Gredos y la Sierra de Guadarrama, un verde oasis de robles y pinos, con sus picos nevados en invierno y el Puerto de Navacerrada, importante estación de esquí a la que se accede directamente desde Madrid.
Ningún castellano admitiría hacer caso omiso de su gastronomía a veces compleja como el "Limón" de La Alberca (plato de limón, tocino, naranja, chorizo y huevo frito) o el "Morteruelo" de Cuenca, servido en un recipiente que dificulta su degustación. Castilla es región de famosos asadores de "corderos lechales" y "cochinillos", de exquisitos jamones, aceitunas y queso manchego, los cuales ofician casi de copetín a la hora del chateo o, en criollo, al irse de copas.
Rutas posibles. Partir desde Madrid (preferiblemente un lunes) es lo más indicado para conocer Castilla en excursiones "radiales" en auto a los alrededores: Avila, Segovia, Toledo, San Lorenzo El Escorial y Chinchón. Un paseo interesante es hacer la Ruta del Quijote, comenzando por Argamansilla de Alba (donde Cervantes comenzó a escribir su obra maestra), continuando por Consuegra, con sus ruinas del castillo del siglo XII, La Mota del Cuervo, donde los molinos de viento se tornaron en fantásticos gigantes, Puerto Lápice donde fue armado caballero en una fonda que todavía existe y el Toboso, el lugar donde encontró su amor verdadero. Desde aquí es posible continuar hasta Cuenca y pernoctar en el Parador Nacional, visitar las Casas Colgantes y un magnífico Museo de Arte Contemporáneo. Otra opción es Almagro, que cuenta con una inusual plaza oblonga, rodeada de columnatas que sostienen casas de dos pisos; una de ellas encierra el Corral de las Comedias, el teatro más antiguo de España, iluminado con lámparas de aceite. Para visitarlo, hay que pedir la llave en la casa del alcalde: típico de Castilla. Otro lugar inolvidable es Pedraza de Sierra, en Segovia, una señorial ciudad amurallada que cuenta con una pintoresca Plaza Mayor, casas de estilo campestre y un castillo con su torre, ejemplo del más puro estilo románico. Aquí es obligatorio un almuerzo en el Asador de Manrique, rústico barracón adornado por una gigante chimenea a tono; el destacado del menú es el cordero asado con patatas. Finalmente, otro lugar destacable es Santo Domingo de Silos en Burgos, un pequeño pueblo en el que destaca su Monasterio construido por Fernán González, destruido por los moros y reconstruido como albergue de peregrinos en camino hacia Santiago de Compostela. Desde el siglo XIX, el lugar es habitado por monjes benedictinos de Poitou (Francia) que trajeron a este lugar un espectáculo imperdible: el Canto Gregoriano, el cual prcatican a distintas horas del día y en misas, angelus y vísperas. El placer de escuchar este coro de fama mundial en versión "unplugged" y "a capella" en latín y en español, conmueve a los espectadores, más allá de la fe profesada.