Brasilia - El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, defendió hoy la línea económica de su gobierno, que es blanco de críticas de la izquierda, y prometió remarcar el acento social, al admitir que tras dos años en el poder aún sigue en deuda.
En la apertura de la última reunión de gabinete de este año, el jefe de Estado destacó las cifras macroeconómicas que Brasil exhibe al cierre de 2004 y reiteró su convicción de que el camino hacia la inclusión social pasa por el crecimiento de la economía.
Afirmó que desde el 1 de enero de 2003, cuando asumió el cargo, se vio obligado a adoptar algunas "medidas amargas" pero necesarias, y también otras que han sido "incomprendidas o criticadas".
No obstante, dijo que no desea hacer un balance "triunfalista" de su gestión, que el próximo 1 de enero llegará al ecuador, sobre todo porque admite que "se está mucho más acá de lo que la sociedad reclama".
Destacó que "los números del Producto Interior Bruto (PIB) superaron todas las expectativas, demostrando que no se trata ni de una burbuja ni de un espasmo", y subrayó que la inversión está creciendo con una inflación controlada.
Según las previsiones del Gobierno y analistas privados, este año deberá cerrar con un crecimiento económico en torno al 5 por ciento y una inflación cercana al 7,5 por ciento, enmarcada en las metas fijadas por las autoridades.
Lula sostuvo que el endeudamiento externo ha bajado durante los dos últimos años, al mismo tiempo que las exportaciones han crecido hasta alcanzar en 2004 niveles históricos, que se reflejan en un superávit comercial cifrado en casi 34.000 millones de dólares.
En la defensa de su gestión, el presidente también se valió del ataque a gobiernos anteriores. Afirmó que recibió un país "con graves problemas" y que sus antecesores convirtieron en "chatarra" un aparato productivo que ahora "se recupera" a paso veloz.
Según Lula, sus primeros dos años en el poder han servido para revertir "un proceso que conducía al país al abismo" y demostrar que su llegada al gobierno no ha significado un "desastre", como se llegó a vaticinar en sectores de la derecha política y económica.
"La catástrofe anunciada no se produjo y no encarnamos la continuidad del gobierno pasado, sino que hicimos lo que tenía que ser hecho", declaró.
En el plano social, además de reconocer que aún no ha logrado satisfacer las demandas del país, dijo que el gobierno se esfuerza para "corregir errores" e implantar políticas "sustentables", en vez de programas de mero contenido asistencial.
En lo internacional destacó los logros de su "diplomacia comercial" y la participación de Brasil en las distintas iniciativas dirigidas a fortalecer la integración de América Latina.
También valoró el apoyo a su propuesta de crear un fondo mundial de combate al hambre y la miseria, que fue discutida en septiembre pasado por setenta líderes mundiales reunidos en Nueva York, en vísperas de la inauguración de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
"Esa buena iniciativa traspone hacia el plano internacional lo que ha sido obsesión en este gobierno: atacar el hambre, la pobreza y la exclusión social", afirmó.
EFE