Un escándalo amoroso compromete carrera de ministro clave de Blair

| David Blunkett, un invidente de meritoria carrera, asegura que los hijos del matrimonio de su amante son suyos

LONDRES | AFP y EFE

Las derivaciones de un escándalo con una ex amante amenazaban ayer al futuro político del ministro del Interior británico, David Blunkett, quien padece una ceguera casi total.

El primer ministro británico, Tony Blair, expresó ayer "plena confianza" en su ministro del Interior, sobre quien pesa una acusación de que facilitó el visado de la nodriza de su ex amante, la norteamericana Kimberly Quinn, una periodista de 44 años, casada con un millonario.

Acosado por los periodistas, Blair salió en defensa del ministro y dijo que tenía derecho como cualquier ciudadano a su vida privada siempre y cuando ello no interfiriese con sus obligaciones públicas.

Blunkett "ha hecho una labor estupenda" como ministro del Interior, dijo Blair, que reconoció que puede haber dificultades en la esfera privada, pero, especificó, "es su vida privada".

FAVORES. El ministro invidente, que mantuvo durante tres años la relación con la periodista, ha solicitado una investigación independiente de las acusaciones aparecidas en la prensa según las cuales abusó de su posición para hacerle a su ex amante una serie de favores.

Entre esos favores está la presunta intervención para acelerar los trámites del visado solicitado por la niñera filipina de su amante, algo que el ministro niega con el argumento de que únicamente se ocupó de que la solicitud estuviera debidamente cumplimentada sin que su despacho interviniera luego para nada.

El diario británico The Sunday Telegraph publicó un correo electrónico enviado por Quinn, que es editora de la influyente revista The Spectator, en el que se refiere a un pedido de visado permanente de su nodriza filipina, Luz Casalme. El mensaje fue enviado a una amiga, cuyo nombre no es revelado.

"He hablado con Luz por teléfono, que llorando me ha dicho que la habían contactado acerca de la solicitud de pasaporte (visa) que David aceleró", escribe en ese correo Kimberly Quinn.

El dominical "The Sunday Telegraph" publicó incluso que el ministro llegó a compartir con su amante información confidencial sobre un complot terrorista en Nueva York, algo que él niega.

Otros supuestos favores son que el ministro se llevó a su amante a España, acompañados por sus guardaespaldas, a costa del contribuyente o que ordenó a su chófer oficial que la trasladase a su residencia de campo de Derbyshire.

Según algunas fuentes, fue la propia Kimberly Quinn quien filtró las denuncias a la prensa para vengarse del ministro, con el que había dado por terminada su relación.

HIJOS. De acuerdo con versiones de prensa, Quinn se quedó destrozada psíquicamente después de que la prensa británica revelase que el hijo que ella tuvo en setiembre de 2002 es fruto de esa relación mantenida al margen de su matrimonio con Stephen Quinn, actual editor de la revista "Voque".

Además, Quinn está en este momento embarazada y también recaen sobre ese niño las mismas sospechas.

De acuerdo con diversas fuentes, el ministro Blunkett quiere obtener una prueba de ADN del niño con el fin de saber quién es el padre.

La periodista, a la que un marido anterior acusó de reiteradas infidelidades inició su relación con el ministro poco después de casarse con Stephen Quinn en 2001.

Solicitan test de ADN para hijos de amante

El ministro británico de Interior del Gobierno laborista, David Blunkett y su ex amante Kimberly Quinn, aparentemente tuvieron dos hijos durante los tres años en los que se mantuvo la relación.

Kimberly se casó con su actual marido, Stephen Quinn, en 2001. Algún tiempo después, quedó embarazada y finalmente, en setiembre de 2002, dio luz a un niño, a quien llamaron William.

El problema es que, según el ministro del Interior, con quien Kimberly había iniciado una relación sentimental poco después de su matrimonio, ese niño no era de Stephen Quinn sino de David Blunkett.

Para ocultar su relación con el ministro, Kimberly solía llevarse al pequeño consigo los fines de semana, pretextando que necesitaba estar a solas con él.

Más tarde, Kimberly Quinn quiso poner fin al romance para salvar el matrimonio.

Fue entonces cuando la prensa informó de los intentos del ministro de demostrar con pruebas ADN que no sólo el pequeño William sino también el que Kimberly lleva actualmente en su seno eran en realidad hijos suyos.

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