EDUARDO BARRENECHE y
JUAN ANDRES FERREIRA
"¡Hijos de puta, los voy a matar!" Esas palabras del agente policial cortaron la noche. Los seis muchachos a quienes se dirigía miraron espantados cómo se les acercaba el uniformado, de 31 años, un viejo conocido con quien habían tenido últimamente algunas tiranteces.
No había ningún motivo para terminar así. Ellos estaban en plena cantarola. Festejaban el cumpleaños de Patricio Villafán (18), alias "Pipi", un chico de barrio, además de un fanático de "La Gozadera", la conocida murga de Malvín.
Los cánticos se referían a la otra pasión de la barra de amigos: Peñarol. De hecho a "Pipi" ellos le habían regalado una camiseta que estaban revoleando en el momento en que apareció el policía C.R.C.T.
"¿Qué te hicimos, vo?", le preguntó Santiago Yerle, también de 18 años, uno de los amigos del homenajeado.
El agente les pidió que dejaran la cerveza. "Todos contra el muro, ahora".
Los muchachos obedecieron. Pero se quejaron de la actitud y del servicio 222 que éste prestaba en el complejo habitacional.
"Nosotros te pagamos el sueldo. Nos perseguís a nosotros pero te hacés el oso con los chorros del barrio", le gritó uno de los chicos.
Sebastián Chappui (17), otro del grupo de amigos, comenzó a cantar y con él todos los demás.
El policía caminó tres metros, giró sobre sus talones y regresó con un revólver calibre 22 en una mano y una pistola 9 milímetros en la otra.
Yerle le dijo al agente: "si vas a desenfundar, entonces tirá".
Todavía no han pasado 24 horas de ese momento, pero Chappui recuerda como si fuera ahora mismo el clic del arma al ser amartillada por el policía. Todavía le corre un sudor frío pensando en el miedo que sintió.
El primer baleado fue Lionel Villafán alias "Lyon", de 15 años, hermano de Patricio. Asustados, todos corrieron por el sendero del complejo que une las torres, 35, 30 y 24.
Mientras corría y hacía un giro, Chappui sintió el ardor de la herida en el brazo derecho y otra bala que pasó muy cerca de su cuerpo. Unos segundos después pudo refugiarse en la torre 24, donde vive con sus padres.
Santiago Yerle no tuvo la misma suerte. Cuando trataba de huir una bala le dio en la nuca y cayó desplomado tratando de esconderse detrás de un árbol, situado a 25 metros del lugar del incidente.
Germán Montero, de 19 años, trató de auxiliar a su amigo.
De hecho, lo arrastró unos metros en lo que pareció una larga pesadilla.
Pero cuando vio al agente acercándose a los tiros, pensó que si lo dejaba quieto podría salvar a ambos. Se equivocó. El agente caminó hasta donde yacía Santiago y lo remató. Una bala impactó en el hemitórax de Yerle. Fue uno de los siete disparos que recibió.
Sin medir riesgos, una mujer se acercó al policía y le increpó duramente. "Me robaron el arma", fue todo lo que dijo el agente.
La señora se dio vuelta y le preguntó a German Montero si era verdad lo que estaba diciendo. El chico no dijo nada. Se bajó la bermuda roja y le mostró la herida de bala que tenía en la pierna.
Sólo por eso, Moreno recibiría otro disparo en la zona torácica. La bala le golpeó la costilla y pasó entre la piel y el músculo, a pocos milímetros del bazo y el hígado. Pudo ser fatal.
La huida también le costó otro balazo a Matías Cabrera, de 17 años. La bala le perforó el estómago.
El policía seguía fuera de sí. Como si no hubiera satisfecho sus instintos volvió a muro del principio y vació el cargador de la segunda arma sobre Lionel Villafán.
Según testigos, el policía tiró el revólver cerca de su víctima para simular una defensa.
Villafán recibió cuatro disparos: uno en la cabeza, otro en el pecho y dos a la altura de la cadera. La hermana de la víctima, una comerciante de 37 años, dijo que todos los tiros fueron por la espalda.
"Mirá cómo terminamos el cumpleaños. Con un amigo muerto y los demás heridos", dijo anoche Sebastián Chappui, un auténtico sobreviviente de la masacre.
ASAMBLEA. A esa hora el jefe de Policía de Montevideo, Nelson Rodríguez Rienzo, se reunía con 300 vecinos de los 5.000 residentes que hoy conviven en el Complejo Habitacional Euskal Erría.
Allí las autoridades comprendieron que la odisea no había comenzado ayer mismo. Los vecinos le contaron al jefe policial de los arrebatos, de las continuos ataques a la propiedad, de los problemas con los policías que cumplen el servicio 222. El barrio pasó por todos los estadios: por el clásico 222, pero también por la seguridad privada y hasta por los coraceros.
Rodríguez Rienzo se enteró también por un vecino de que el policía que ejecutó a los jóvenes días antes había matado a tiros a dos perros.
A partir de anoche, la Guardia Republicana custodia Malvín norte y sus alrededores. Esta mañana un policía comunitario nombrado por la propia Jefatura se reunirá con los vecinos para tomar nota de todas las exigencias de seguridad del vecindario.
Unos minutos después de haber llegado a un acuerdo, los vecinos de Euskal Erría marcharon por la avenida Hipólito Irigoyen para pedir justicia por la vida de Santiago Yerle y por los otros cuatro heridos.
Entre las pancartas y las barricadas de neumáticos encendidos se abrió una barrera en las protestas. Muchos vecinos de Euskal Erría creen que estas expresiones de solidaridad que provienen de los del "cante", los asentamientos periféricos al complejo habitacional, no son auténticas. En especial, del que se ubica a orillas de la rambla Euskal Erría.
El enfrentamiento viene desde hace años. Al menos los 20 que tiene de construido el complejo. Y cada generación lo va heredando.
MAS DISPAROS. Eran las 20.30 horas del lunes cuando llegaron al lugar del asesinato los otros cinco integrantes del servicio 222. Habían pasado por lo menos 15 minutos del comienzo de la tragedia. Antes que ellos habían llegado unos 50 vecinos.
Asustados por el agitado ambiente tiraron algunos tiros al aire, que dieron en el blanco de algunos inocentes que estaban de paso en el sitio. Uno de los heridos es Delmiro Galarza, jubilado de 70 años.
Para ese entonces Martín Berrutti, de 18 años, tambien sintió el calor de la bala en su brazo derecho. Así pasó de simple curioso a herido en el Hospital Pasteur.
La tragedia tuvo otros costados, como un saqueo rápido y llamativamente organizado. En pocos minutos robaron todas las motos estacionadas en el centro comercial y el incendio de las casetas policiales arrojó otro dato preocupante. Además de la destrucción que sembró el fuego, la maniobra hizo que "desaparecieran" por arte de magia las llaves de casi todas las puertas principales de las 36 torres. A muchos vecinos les quedó claro que hubo gente que aprovechó su oportunidad para enrarecer aun más el clima. Se estima que entre 150 y 200 personas participaron de los saqueos en la noche del crimen.
Son muchos los que no van a dormir los próximos días en el Complejo Euskal Erría, además de las familias de las víctimas. Tampoco a Enrique, el dueño de una ferretería del centro comercial situado en el centro del complejo y que fue uno de los grandes saqueados de la noche fatal.
Lucía tampoco podrá dormir. Salía con Santiago y hace cuatro meses era la novia. La joven se enteró de la tragedia cuando unas muchachas fueron a tocarle timbre a la madre de Santiago.
Cuando ella fue al lugar lo vio tirado en el piso, pálido, con un tiro en el corazón, otro en un brazo, otro en una pierna y uno en el cuello.
Habrá otros insomnios, claro. Amigos y anónimos rodearon el árbol en el que cayó muerto Santiago Yerle. El lugar se ha convertido en un santuario de los vecinos. Allí una letra juvenil escribió: "Santi, hasta lo imposible por justicia".
Demora de la Policía y desórdenes
"Es cierto que hubo cierta demora en la llegada de los refuerzos de la Guardia Republicana", reconoció el inspector principal Nelson Rodríguez Rienzo, "pero hay que tener en cuenta todos los factores que estaban en juego en ese momento".
El jefe policial explicó que el Servicio 911 recibió el llamado a las 20.38, a las 20.40 llegó el primer móvil policial del Distrito Central, a las 20.46 llegaron otros tres móviles de apoyo. "Cabe aclarar que estos móviles fueron apedreados por la gente que se encontraba en el lugar, en una reacción que podría considerarse lógica después de lo ocurrido", explicó Rodríguez Rienzo, "en ese momento con la única versión de lo ocurrido que contábamos eran las declaraciones del policía que había efectuado los disparos, por eso esperamos a tener mejor información antes de mover a los equipos de choque".
Las unidades de la Guardia de Granaderos que actuaron debieron partir con los celulares blindados desde el cuartel ubicado en la calle Magallanes. "Hay una distancia considerable hasta Malvín", agregó el jerarca. Pero al llegar a la zona los pesados vehículos policiales debieron esperar para ingresar al complejo, ya que en los accesos al mismo varias personas habían encendido cubiertas. Era próximo a las 22 horas.
De comisarios hacia abajo preven varias sanciones
Mientras la Justicia procesa su indagatoria, el Ministerio del Interior ordenó una rigurosa investigación interna de los hechos. "Quiero tener bien clara la información, porque hay que sancionar mandos medios y tenemos que saber exactamente qué pasó", dijo a El País el ministro del Interior, Daniel Borrelli.
Esta investigación interna fue encomendada por Borrelli a la Fiscalía Nacional de Policía, a cargo del doctor Walter Carroccio, que en su ausencia será llevada a cabo por la doctora Ariceta.
"Por lo pronto ya dispusimos sumario y separación del cargo para el policía, y quiero ser claro en que si resulta procesado con prisión va derecho al Comcar", señaló Borrelli, "eso si las pericias psiquiátricas que supongo que se ordenarán no hallan que este hombre tuvo un fuerte desequilibrio mental".
Paralelamente, la Jefatura dispuso la suspensión del servicio 222 y dejó la custodia a cargo de efectivos del Regimiento de Guardia Republicana por tiempo indeterminado. "Estos efectivos vigilarán toda la periferia del complejo habitacional hasta que se normalice la situación y tomemos medidas en común acuerdo con los vecinos que allí viven", señaló por su parte el inspector principal Nelson Rodríguez Rienzo.
El Policía estaba sobrio
Parece estar claro que la actuación del agente de 2da. C.R.C.T. (31) fue el verdadero desencadenante de los incidentes. Se le practicaron tests de alcoholemia y de consumo de drogas, pero en ambos casos dio negativo.
C.R.C.T. estaba en la fuerza policial desde hacía seis años, actualmente revistaba en la Seccional 16ta. y, según las jerarquías policiales, "era un policía acostumbrado a trabajar en los cantegriles, para lo que hay que ser muy duro". Antes de ser policía se desempeñó como efectivo de Fusileros Navales (Fusna), el cuerpo de infantería de la Armada Nacional.
"Su foja de servicio no indicaba nada anormal que nos alertara sobre una conducta así", explicó el inspector Rodríguez Rienzo.
CRONOLOGIA
19.00. Un grupo de muchachos se junta para festejar el cumpleaños de Patricio Villafán, que cumple 18 años. Mientras esperan, seis de ellos tamborilean en la rambla Euskal Erria e Hipólito Irigoyen.
20.00. Algunos vecinos se quejan de los ruidos ante los policías que cumplían el servicio de custodia 222 en el complejo habitacional.
20.15. El efectivo policial se acerca a los seis muchachos y les dice que se corran. "Si vas a sacar, tirá", le contestó Santiago Yerle, de 18 años. El policía los hace poner contra un pequeño muro, parados. Los muchachos lo escuchan cargar el arma, un revolver calibre 22, y luego el primer disparo. Lionel Villafán (15) cae al piso y los demás empiezan a correr. El uniformado sigue disparando y los persigue. Se le terminan las balas, agarra su nueve milímetros y sigue disparando.
20.25. Se forma un tumulto, llega mucha gente del asentamiento y vecinos del complejo. Hay nervios. La ambulancia no llega.
20.30. Tres de los otros cinco policías que efectuaban el servicio 222 rodean al efectivo que disparó. Son agredidos, y mientras se espera la atención de los heridos y el refuerzo policial tiran al aire y después "al bulto".
20.38. El 911 recibe el primer llamado, según Jefatura.
20.40. Llega el primer patrullero que aparta al policía agresor y le saca las armas. "Tome señor, ésta es mi arma, estoy cansado, no los aguanto más", dijo en ese momento, según consta en el acta policial.
20.46. Otros tres patrulleros llegan al lugar. Los policías bajan con las armas en la mano. A algunos de los heridos los suben a la caja de camionetas policiales.
20.50. Llega la primera ambulancia.
21.00. Vecinos queman garitas de la policía.
21.05. Se retira la guardia policial.
21.15. Decenas de personas llegan desde los asentamientos aledaños, comienzan los saqueos y destrozos en la galería comercial del complejo.
21.30. Muchos vecinos retiran sus autos del estacionamiento. Guardan motos y bicicletas en el centro comunal.
21.50. Euskal Erría ya es tierra de nadie. Roban motos, bicicletas, rompen autos y vidrieras.
23.30. Entra la Guardia de Coraceros, que esperaba en la calle Ciudad Azul la orden para intervenir.
00.00. Comienza a tranquilizarse el ambiente, aunque en la mañana del martes hubo arrebatos y rapiñas.