La Jefatura sanducera se volvió museo

| El Jefe de Policía recicló el lugar con el trabajo de empresarios y técnicos voluntarios, policías y reclusos

PAYSANDU | SANDRA KANOVICH

A más de 170 años de su construcción, el edificio de la Jefatura de Policía de Paysandú, será reinaugurado el próximo 18 de diciembre, cuando se conmemore el día anual de esa fuerza.

El hecho supone la recuperación de uno de los emblemas que reúne el esplendor que forjó el desarrollo de este departamento, a mediados del siglo XIX y la heroicidad que marcó su historia.

Como objetivo pendiente de su gestión, la idea se revitalizó cuando el jefe de Policía, Jorge Santos Vissio decidió pintar la fachada de edificio, pero se le ocurrió, sería "una actitud soberbia", elegir los colores. Entonces decidió ir a las fuentes y consultar a los especialistas.

La intervención de la Comisión Departamental de Patrimonio, se continuó con la de su par a nivel nacional, para que finalmente las obras fueran supervisadas por la directora de su departamento de arquitectura, Magela Terzano.

Así surgió la idea de devolver el estado original a la estructura del edificio, rescatar y destacar las obras de arte que alberga y adaptar un sótano a las necesidades de un museo.

Para concretarla, Santos recurrió a recursos genuinos de la Jefatura, a "empresas amigas, a técnicos que trabajan en forma honoraria, a los reclusos de la cárcel y a funcionarios policiales". Ahora dice estar "feliz por el logro, pero mucho más feliz por el apoyo de la gente" y cree que el hecho supondrá un paso más en el objetivo de la institución de acercarse a la gente y modificar "esa prejuicio que asocia la policía a la represión".

Mientras las obras de remodelación se aceleran para cumplir el cronograma previsto, la Comisión Departamental del Patrimonio apura las gestiones para que el edificio acceda a la categoría de Monumento Histórico Nacional.

RESCATE. Desde hace algunos días, el gran patio central de la Jefatura luce distinto. Ya no está la reja que enmarcaba una desproporcionada estatua ecuestre de Artigas y en su lugar una escalera anuncia el descenso al sótano abovedado que exhibirá la serie de uniformes, armamentos y documentos que atestiguan la historia de la policía sanducera.

Una abertura en éste recinto, permite el ingreso al depósito subterráneo de un aljibe y revela ahora la leyenda de que la verdadera función del mismo era transformarse en una vía de escape ante situaciones límite y que el agua que podía advertirse desde el brocal, no era más que la contenida por una gran olla de hierro.

Cuenta la historia que los amenazados descendían al pozo, movían el agua, tal como si hubieran desaparecido en ella, cuando en realidad accedían a un túnel que los llevaba a la calle.

El rescate de la estructura original comprende también la anulación de ventanas y puertas abiertas en sucesivas reformas y la eliminación de plaquetas recordatorias situadas en sitios considerados ahora inadecuados.

Mientras los colores claros de la fachada ya evocan el ambiente de la época, las autoridades policiales procuran que la intendencia acepte extirpar los árboles que dificultan su visión y que UTE exonere el costo del traslado de los cables que la atraviesan e impiden apreciar su trabajado friso y las estatuas que se alzan al cielo desde el tejado.

JOYAS. La casualidad quiso que el presidente de la Comisión Departamental de Patrimonio, José Rivero, ingresara un día a la Jefatura en el momento en que un pequeño trozo de pintura caía desde el techo del hall de entrada.

Por el color, siempre había creído que los relieves que lo cubrían y el trabajado marco del cancel eran molduras de yeso. Pero al levantar la vista notó que la caída de múltiples capas de pintura dejaba a la vista, madera. Así descubrió "el trabajo de ebanistería de primer orden, sólo comparable al altar mayor de la Basílica" y cuyo valor fue destacado hace pocos días por el restaurador italiano Andrea Papi, consultor de la Unesco y del Instituto Italo Latinoamericano, que visitó la Jefatura.

Otro tesoro es el brocal del legendario aljibe, tallado en una sola pieza de mármol, por José Livi, el mismo escultor de la estatua de la Libertad de Montevideo, entre otras obras maestras.

Igualmente reconocidos en la región, fueron los maestros de obra que construyeron la Jefatura. Por esa época, los hermanos Francisco y Bernardo Poncini también dirigieron la construcción de la Basílica Nuestra Señora del Rosario y de la capilla del Cementerio Viejo. En la capital del país construyeron el Palacio Esteves, el Panteón Nacional, realizaron la primera reforma de la Catedral y diagramaron la Plaza Independencia.

Un pionero todavía poco reconocido

"Paysandú aún le debe el gran homenaje", estableció José Rivero, presidente de la Comisión de Patrimonio local, para referirse al Coronel Basilio Antonio Pinilla, el jefe político que en 1860 mandó a construir la Jefatura y muchos de los edificios emblemáticos de la ciudad.

Es que aunque más reconocida como bastión de la defensa de la ciudad durante el sitio impuesto por Venancio Flores y los brasileños a fines de 1864 y principios de 1865, la Jefatura representa el pensamiento y la acción de avanzada del fernandino nacido en 1800.

Pinilla adoquinó las calles, modernizó el alumbrado público, impuso la vacuna antivariólica, se preocupó por la importación de ganado inglés para mejorar el existente y la de semillas de sorgo azucarero de Rusia para fortalecer la producción. Preocupado por la educación de los pobladores de la campaña y de las mujeres, fue quien ideó las primeras escuelas que instaladas en carros recorrían el departamento.

Insólito para la época, Pinilla formó la Sociedad Filantrópica de mujeres, que se ocuparon de recaudar los fondos para la construcción del primer hospital y del primer mercado.

Lo más importante —estableció Rivero— es que de afiliación Oribista, Pinilla era gran amigo de Rivera.

Las crónicas de la época cuentan que el día de su muerte, el 9 de noviembre de 1864, Paysandú se puso de luto "para llorar a quien verdaderamente fue un grande".

Una calle de la zona portuaria lleva hoy su nombre, pero para Rivero no es suficiente. Por eso aún espera que Pinilla sea también le nombre de la Plaza Bella Vista.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar