Nadie sabe si Irán verdaderamente está listo para renunciar a sus ambiciones de tener armas nucleares, pero su compromiso del lunes con miras a congelar todas sus labores de enriquecimiento de uranio e invitar de nuevo a inspectores internacionales, es una medida bienvenida hacia la sanidad nuclear.
Esa concesión esencial fue extraída por Gran Bretaña, Francia y Alemania, con la ayuda de un plazo en el horizonte para referir la actividad nuclear de Irán al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Irán no estará completamente despejado hasta que acceda a arreglos más enfocados en el largo plazo, incluyendo que se detenga de manera permanente el enriquecimiento de uranio y que ratifique un acuerdo que permita a inspectores nucleares en escala internacional revisar cualquier sitio que ellos elijan, sin necesidad de una advertencia previa. Solamente entonces Europa debería otorgarle a Irán los endulzantes económicos que el país busca como parte de un trato final. Si Teherán da marcha atrás con respecto a este acuerdo, como lo hizo en relación con uno previo, Europa debería estar preparada para imponer severas penalizaciones económicas, posiblemente algunas que incluyan una prohibición sobre las inversiones en la industria petrolífera de Irán.
La inquietud inmediata en el ámbito nuclear es la planta piloto de Irán para enriquecimiento de uranio, en Natanz. Las centrifugadoras ahí se pueden usar con la misma facilidad para producir uranio enriquecido, con capacidad para fabricar bombas, que para preparar combustible de menor graduación para reactores. Cualquier país que construye y opera una planta de esa naturaleza ha dado el paso de mayor importancia en el camino que conduce a la fabricación de armas nucleares.
Ahora, Irán ya accedió a detener temporalmente todo el enriquecimiento, congelar sus labores en la planta de Natanz y desechar planes enfocados a convertir uranio sólido en el gas con que se alimenta a las máquinas centrifugadoras, en las cuales se hace el enriquecimiento. De manera similar, ya accedió a renunciar, por ahora, al otro método conocido para producir combustible que sea utilizable en bombas, mismo que usa plutonio en lugar de uranio. Además, ya accedió a regirse por una norma de inspección más rigurosa, misma que su Parlamento aún no ha ratificado.
A cambio de lo anterior, Europa ya accedió a abstenerse —sólo de manera temporal— de referir el asunto al Consejo de Seguridad, y si Irán se ciñe al acuerdo, a reanudar negociaciones sobre un acuerdo preferencial de comercio.
El hecho de que Irán aceptara estas condiciones tras varios días de dudas deja entrever, con bastante claridad, que incluso las línea dura que actualmente está en ascenso en Teherán es susceptible a peticiones de naturaleza económica. Algunos de ellos entienden claramente que sin mayor comercio exterior e inversión para generar más empleos para una fuerza laboral que está creciendo a grandes pasos, el control de los mullahs sobre el poder podría verse amenazado.
Para mala fortuna, este acuerdo hace muy poco aparte de reinstaurar, y expandir ligeramente, un congelamiento al que Irán accedió el año pasado, para abandonarlo más tarde. Es por esa razón que el mundo necesita un acuerdo permanente y obligatorio, amén de verificable, en el cual Irán jure que abandonará el enriquecimiento y reprocesamiento de combustible nuclear.
Por ahora, no existen garantías reales de que Irán no esté avanzando en secreto con experimentos de enriquecimiento en una ubicación aún secreta, como afirma actualmente un grupo en el exilio. La Agencia Internacional de Energía Atómica dejó en claro esta semana que aún no está preparada para descartar esa posibilidad. Sin embargo, con Europa todavía mostrando renuencia a referir el asunto iraní al Consejo de Seguridad, y con probabilidades de que Rusia y China veten cualquier maniobra enfocada a imponer sanciones una vez que llegara ahí, el nuevo acuerdo al parecer es la mejor opción que está disponible en estos momentos.
Recorrer este imperfecto camino una vez más no debe significar que se permitirá a Irán engañar a los diplomáticos europeos de manera indefinida, al tiempo que se prepara clandestinamente para iniciar la construcción de armas nucleares. Irán tiene un largo historial de evitar fraudulentamente sus obligaciones de no proliferación nuclear, y Europa tiene un historial de negarse a marcar la línea. Ambos necesitan demostrar mayor sabiduría en los meses próximos.
© The New York Times News Service