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El 79% de la población uruguaya dice sentirse "feliz". Esta sorprendente aseveración es una de las principales conclusiones del libro "Los valores de los uruguayos", que analiza la Encuesta Mundial de Valores —sección Uruguay— realizada en diciembre de 2002.
El relevamiento indica que el 47% de los encuestados se declara "bastante feliz", el 32% "muy feliz", el 17% "poco feliz" y el 3% "nada feliz".
"Si esto fuera así me subiría al ómnibus y todo el mundo estaría con una sonrisa, hay una distancia entre la percepción de cómo se viven las cosas y cómo deben vivirse", relativizó el sociólogo Néstor Da Costa, coordinador de "Los valores de los uruguayos".
Da Costa distingue percepción y conducta, define el sentimiento de felicidad como un "indicador subjetivo", y no oculta la sorpresa que generó en los investigadores el resultado de la encuesta. "Nos impactó el alto grado de felicidad que la gente declaró en plena crisis de diciembre de 2002, con gente yéndose al exterior y dramas familiares. Eso nos llevó a revisar toda la metodología y confirmamos que estaba bien", expresó.
En forma coincidente, un sondeo de la consultora Sigma Dos realizada en Montevideo entre el 3 y el 10 de octubre indica que el 42% de las personas se define como "bastante feliz", el 22% "muy feliz", el 29% "poco feliz" y el 6% "nada feliz".
La satisfacción con la propia vida es menor que el nivel de felicidad. El 60,4% de la población se declara satisfecha y el 27,5% no está satisfecho ni insatisfecho. Hay gente que no está satisfecha y aun así se considera feliz, se subraya en el libro.
ESTEREOTIPOS. El psicoanalista Saúl Paciuk, director de la revista Relaciones, dijo a El País que hay tantas felicidades como personas.
"Si los uruguayos son mucho o poco felices no tiene mayor sentido", afirmó, "probablemente no preguntaron en qué consistía, para cada uno, llamarse feliz; son estereotipos, no es nada real".
Paciuk dijo que "podrían haber preguntado: ¿Usted es feliz muy seguido?, porque al fin y al cabo la felicidad es como destellos, son momentos de acuerdo, de buena comunicación en los que uno considera que siente que las cosas le dan felicidad".
Esto implica un acuerdo entre deseos muy íntimos, aunque estos no sean formulados.
Aristóteles expresó que muchas veces una misma persona opina cosas distintas: si está enferma, piensa que la felicidad es la salud; si es pobre, la riqueza; los que tienen conciencia de su ignorancia admiran a los que dicen algo grande y que está por encima de ellos.
La felicidad, por otra parte, no implica necesariamente la satisfacción de los deseos, explicó el psicólogo: "un partido puede desear mucho ganar las elecciones y después empiezan los líos", graficó Paciuk.
INTOLERANCIA. Un dato peculiar que merece un capítulo aparte. Entre las contradicciones que revela el estudio se establece que casi el 80% de las personas considera que la "tolerancia y el respeto hacia los demás" es una de las cualidades más importantes que se pueden enseñar en el hogar. Sin embargo, frente a la pregunta ¿A quién no le gustaría de vecino?, el 31% respondió homosexuales, el 24,8% personas con sida, el 18,4% gente de otra religión, el 18,1% extranjeros y el 17,4% gente de otra raza. Los hombres son mayoría entre quienes rechazan al "diferente". Las mujeres prefieren evitar a gente con antecedentes criminales, bebedores, drogadictos, extremistas políticos y personas emocionalmente inestable (ver cuadro).
FELICES JUNTOS. La Oficina Internacional del Trabajo (OIT) presentó este año un estudio que llega a una conclusión que suena bastante obvia: "La seguridad económica promueve el bienestar personal, la felicidad y la tolerancia, además de ser beneficiosa para el crecimiento y desarrollo de los países".
En ese sentido, la Encuesta de Valores ratifica que el estado de salud, el mayor nivel educativo y la satisfacción con la situación económica del hogar se relacionan directamente con el nivel de felicidad declarado.
Otra de las conclusiones relevantes del estudio es que "para ser feliz es necesario o el matrimonio o una relación estable". Esto es lo que opinan siete de cada diez encuestados, un dato que, proviniendo del país que ocupa el tercer puesto en índice de divorcios en el mundo, sorprendió al coordinador de la encuesta. En Uruguay, cada 100 matrimonios se registran entre 48 y 49 separaciones legales. "Es sorprendente la vigencia del matrimonio en la sociedad uruguaya, el país más divorcista de América Latina, donde uno pensaba que era algo pasado de moda", apuntó Néstor Da Costa. No sólo el 72% de los uruguayos piensa que el matrimonio o la pareja estable es clave para la felicidad, "sino que el 60% cree en la vigencia del matrimonio, y más del 98% de las personas señala a la familia como lo más importante en su vida. En 2002, en Uruguay, se celebraron 14.073 matrimonios. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) casi la quinta parte de los contrayentes era reincidente. En el mismo año se registraron 6.761 divorcios. El dato es un enigma. Según Da Costa, "hay valores intelectualmente aceptados que deben ser de una forma, y la gente los expresa como deberían ser y no como son". Esta respuesta lleva al sociólogo a formularse otra pregunta: "¿Tenemos los uruguayos la capacidad de expresar las cosas como efectivamente las vivimos, o tendemos a expresarlas en términos de cómo deben ser?".
Definiciones
"Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace". Jean Paul Sartre, y León Tolstoi
"La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente, a pesar de ti mismo". Víctor Hugo, escritor francés
"Hay dos maneras de conseguir la felicidad, una hacerse el idiota; otra serlo". Enrique Jardiel Poncela, dramaturgo y novelista