El doble riesgo de la ansiedad

El ruido mediático que precede a la visita a la Argentina del presidente de China es un fenómeno que tiene que ver más con la comunicación política que con la economía.

Algunas expectativas que se dejaron trascender oficiosamente desde la Casa Rosada han contribuido a la confusión general, al mezclar posibilidades concretas de cooperación con objetivos que, a priori, parecen simples expresiones de deseo.

De otra manera no podría explicarse la presencia de casi un centenar de periodistas en la conferencia de prensa realizada anteayer, convocada originariamente para que un funcionario chino presentara una muestra de utensilios antiguos de bronce y un espectáculo de danzas como complemento cultural del próximo viaje del presidente Hu Jintao. Ni la propia misión del presidente Néstor Kirchner a Pekín y Shanghai, hace cinco meses, había despertado semejante repercusión.

Habrá que convenir que esta combinación de misterios y cuentos chinos no surgió de la imaginación periodística, sino de la ansiedad de algunos funcionarios locales por presentar resultados antes de que estuvieran definidos; que, en el caso concreto de la negociación con los chinos, requieren tiempo y paciencia.

También de la ingenua pretensión de hacer creer que un acuerdo exitoso puede ser un sustituto y no un complemento de los esfuerzos de la Argentina por salir del pozo en que se encuentra.

A pesar de un largo prontuario de frustraciones anteriores, este tipo de acciones mediáticas sigue teniendo en una buena porción de la opinión pública local un impacto proporcional al desconcierto que provoca en el exterior.

La perplejidad de los funcionarios chinos que llegaron anticipadamente a Buenos Aires frente a algunas cifras de inversión barajadas irresponsablemente por fuentes oficiales, sin precisar plazos ni contrapartidas, son un buen indicador de esta ecuación.

La misma irresponsabilidad les cabe a algunos dirigentes de la oposición por criticar lo que todavía no se conoce: Elisa Carrió sugirió ayer por radio que China "viene" por el petróleo y el gas, e incluso por... ¡la energía eólica!

Está claro que las dimensiones de la economía china, sus necesidades de materias primas, sus excedentes financieros y su búsqueda de socios estratégicos fuera de los países centrales se prestan para cualquier fantasía, constructiva o conspirativa.

Algunas están acotadas por la propia realidad: por ejemplo, mal podría China vender trenes de alta velocidad cuando compra las únicas tecnologías existentes en el mundo, desarrolladas por Japón y Francia.

Pero el descubrimiento tardío que la Argentina está realizando del boom de crecimiento chino, que lleva más de 20 años, no invalida que existan enormes perspectivas de asociación a mediano plazo por el carácter complementario de ambas economías. Los especialistas mencionan los sectores de biotecnología, software, turismo, agroindustria, petroquímica y siderurgia, además de comunicaciones e infraestructura.

No obstante, también habrá que definir claras prioridades de negociación y asociación en varios sectores donde China dificulta el ingreso de productos argentinos o puede competir con ellos. Una prueba es que hoy es el mayor comprador de aceites y harina de soja, pero en pocos años proyecta instalar planes de producción propia con límites a la participación privada.

Desde el punto de vista de la comunicación, crear tanta expectativa encierra un doble riesgo: si existe un acuerdo trascendental en ciernes se diluye el factor sorpresa, que suele ser decisivo; si, en cambio, los resultados están por debajo de estas últimas, se estará incubando una nueva frustración.

© "La Nación". GDA

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