BUENOS AIRES | FABIAN MURO
La oferta del festival Personal Fest fue tan abundante que resultó imposible ver todo lo que se presentaba en diversos escenarios, carpas y locales que ocuparon el gran predio del Club Ciudad de Buenos Aires. El productor Daniel Grinbank volvió a ocupar el Club con un nuevo encuentro, como cuando organizó el Festival Bue a principios de junio con el grupo inglés Massive Attack como número principal.
Justamente lo británico fue el principal componente de la apuesta de Grinbank este año, ya que en la grilla del Personal Fest, los artistas del Reino Unido dominaban: Pet Shop Boys, PJ Harvey, Morrisey y Primal Scream ocuparon los dos escenarios principales y fueron —junto a Blondie, Gustavo Cerati y algunos más— los principales imanes para el público. La oferta confeccionada por Grinbank para el Personal Fest contrastó con de la de su ex-socio y hoy adversario, Roberto Costa. Este organizó el mes pasado y por segundo año el Quilmes Rock, en el cual uno de los cánticos entre el público fue "el que no salta es un inglés" y donde la oferta consistía casi exclusivamente en rock argentino (Babasónicos, Bersuit, Los Piojos, Intoxicados, etc.). En el Personal Fest, por el contrario, los que saltaban lo hacían al ritmo de los ingleses Pet Shop Boys, que lograron que miles de porteños se entregaran a la más pura nostalgia durante algo más de una hora.
MUSICA GLOBAL. Más allá de una fuerte impronta británica, el festival tuvo, como ya se ha dicho, una oferta muy variada. Por los seis escenarios dispuestos en el Club Ciudad de Buenos Aires desfilaron artistas estadounidenses, brasileños, ingleses, argentinos, franceses, belgas, mexicanos, bosnios y tres uruguayos: Ruben Rada, Jorge Drexler y Luciano Supervielle. Rada, quien está a punto de lanzar el registro en vivo Candombe jazz tour, abrió la sección uruguaya en el escenario secundario y lo hizo con la solvencia y el talento de siempre. Drexler sedujo a cerca de 2.000 personas con un recital que contó con los teclados de Supervielle, quien luego actuaría en solitario en una de las carpas y provocaría comentarios de grata sorpresa por parte del público.
En el escenario principal, los argentinos Bristol y Miranda! abrieron la noche, preparando a la audiencia para los platos fuertes de la primera noche: The Mars Volta, PJ Harvey y Primal Scream. Los espasmos del guitarrista Cedric Bixler y el complejo "Jim Morrison" del cantante Omar Rodríguez son la puesta en escena de una música —la de Mars Volta— que ha recogido elogios por parte de muchos críticos y también de músicos como el ex-vocalista de Rage Against The Machine, Zack de la Rocha. Vaya uno a saber por qué atrae tanto la amorfa bola de sonido del grupo. Cada vez que The Mars Volta consigue una tímida aproximación a una melodía o a un ‘groove’ medianamente contagioso, el grupo cambia enseguida de rumbo en una ezquizofrenia musical difícil de digerir y muy poco atractiva.
Por fortuna, la diminuta PJ Harvey puso las cosas en su lugar cuando le tocó su turno. Desde el vamos quedó claro que la suya sería una de las mejores presentaciones del festival. Harvey recorrió muchas de sus facetas: la crudeza punk, las melodías del excelente Stories from the..., las enérgicas canciones de su nuevo Uh, uh her y las desnudas confesiones de To bring you my love, entre otras. A juzgar por lo que Harvey realizó en el escenario, seguirá siendo una de las artistas femenninas más talentosas y relevantes de esta década, como lo fue durante la pasada.
Luego, Primal Scream y Pet Shop Boys compitieron por las atenciones del público, ya que parte de sus conciertos coincideron. Los primeros dieron una lección de rock vigoroso, donde las guitarras distorsionadas se fundían en ritmos machachantes y bailables. El dúo de Neil Tennant y Chris Lowe, en tanto, hizo bailar y saltar a la audiencia con inoxidables gemas pop como Rent, West End girls, You are always on my mind y muchas, muchas más.
La noche del sábado fue principalmente para la música electrónica con una gran cantidad de Dj’s en las diferentes carpas y locales. Sin embargo, en los escenarios principales se pudo apreciar la vigencia de una banda como Blondie. El grupo fue recomendado por Gustavo Cerati cuando éste finalizó su show, un potente concierto dominado por su feroz pero elegante guitarra eléctrica. El concierto de Blondie compitió con el de Death in Vegas, una de las más interesantes y originales propuestas del festival, que se ubicó en la zona fronteriza entre el rock más duro y la electrónica más psicodélica y climática.
El ex-cantante The Smiths, Morrisey, fue posiblemente el artista más convocante de las dos noches. Vestido como un cura, Morrisey bromeó con el público argentino ("Me dijeron que mi último disco se vendió muy bien en Montevideo y en Santiago, pero solo una copia fue vendida aquí en Buenos Aires") y se disculpó reiteradas veces por el sonido. Debe haber sido un problema del monitoreo del escenario, porque el sonido que recibía el extasiado público era impecable. El músico hizo varios temas de su nuevo y excelente You are the quarry acompañado por una numerosa banda, pero fueron los hits de los Smiths —How soon is now, por ejemplo— los que desataron la euforia porteña. Luego de que este elegante cantante se fuera, muchos hicieron lo mismo. Pocos se quedaron para el show de Rinocerose, el grupo francés que cerró la última noche del festival. Fue una pena, porque lo de Rinocerose también estuvo entre lo más alto del Personal Fest. Con una bajista que imponía un ritmo tan implacable como contagioso, el resto del grupo conjuró un irresistible repertorio bailable, que hizo vibrar cada fibra del cuerpo de los presentes a un volumen impiadoso. Mientras Rinocerose hacía sus últimos temas, el dúo belga 2 Many DJ’s comenzaba a calentar la pista de una discoteca y comenzaba el fin de un festival que reunió la mejor oferta internacional de los realizados este año en el Río de la Plata.
El rock está avalado por las empresas
Que el rock se aburguesó no es ninguna novedad. Lo que tal vez pueda llamar la atención es el grado de entusiasmo con el que muchos rockeros abrazan el esponsoreo. Mientras muchos fans aún siguen aplicando la división entre la música que es "comercial" (?) y la que no lo es, los artistas, en su gran mayoría, se desentienden de tal discusión. Hace poco, el que firma recibió una llamada de un indignado fanático de Los Piojos, que criticaba a otras bandas que participaron en El Centenariazo por "comerciales". Sin embargo, Los Piojos no tienen pruritos en tocar auspiciados por una marca de cerveza, como lo hizo el mes pasado en el Quilmes Rock. Como tampoco tienen pruritos los grupos uruguayos que el próximo fin de semana actuarán en Durazno bajo los auspicios de otra marca de cerveza, Pilsen.
En el Personal Fest, la proliferación de las marcas que auspiciaban el festival —Personal, Motorola y Siemens— era tal que incluso llegaban a adornar tres pelotas gigantes que eran lanzadas sobre el público para que éste se divirtiera. Así, en el escenario Personal, la pelota decía Personal y en el escenario Motorola, la pelota llevaba impresa la misma palabra. Ningún espacio que pueda ser ocupado por una marca debe permanecer virgen. ¿No Logo, como dice el libro de la periodista canadiense Naomi Klein? Por el contrario, en Argentina y Uruguay, los rockeros exclaman con fervor un rotundo "Sí Logo!". Esto a pesar de algunas curiosidades como que en un festival auspiciado por una marca de cerveza no se venda una gota de ese mismo brebaje, como pasó en el Pilsen Rock.
El público porteño, en tanto, se comportó acorde a lo que empresas de telecomunicaciones esperan de él: se la pasó hablando por celular. "Hola ¿dónde estás?", gritaban miles y miles en sus cada vez más pequeños aparatos celulares. Esa conducta por parte de la audiencia y la aceptación de los artistas de las reglas de juego impuestas por las marcas auspiciantes dan una pauta de la domesticación de la cultura rock, que en su afán por conquistar adeptos baila al ritmo de las corporaciones sin pensarlo dos veces. Lo cual no implica necesariamente que la música se ajuste a los patrones estéticos impuestos por otras corporaciones como MTV. El caso de The Mars Volta es un claro ejemplo de eso y el de Pj Harvey también. Pero la dicotomía comercial-no comercial se siente cada vez más inservible para emitir juicios sobre el rock en general o un artista en particular.