LEONEL GARCIA
Luego de 89 días de dura travesía, Silvestre Pérez Bravo seguramente deseaba tocar tierra firme. Pero para él, su esposa, sus hijos y otras doce familias, el paisaje frente a sus ojos no debe haber resultado gratificante. Las escasas viviendas salpicadas en un campo que parecía no terminar nunca era lo más opuesto posible a una urbanización con miras a progresar. Tal vez entonces no imaginaba, ni él ni el resto de las familias, que permanecerían hacinados durante un mes en tiendas de campaña y a merced de una tierra desconocida e inhóspita, hasta que las autoridades que respondían al Reino de España repartieran los solares.
Era el 19 de noviembre de 1726 y las trece familias formaban parte del primer contingente de inmigrantes provenientes de las Islas Canarias destinados a poblar San Felipe y Santiago. Dos años y medio después, el 27 de marzo de 1729, llegaría el segundo: treinta familias.
Dos estudiantes de la Cátedra de Historia de la Universidad de La Laguna en Tenerife (la mayor de las siete Islas Canarias) están realizando un trabajo de investigación sobre el proceso de poblamiento de Montevideo con emigrantes insulares titulado "Canarias y la Repúbica Oriental del Uruguay: poblamiento, fundación e independencia de la Banda Oriental". Uno de ellos es un uruguayo residente desde joven en esa parte de España.
Según indica el prólogo de la investigación —cuyo coordinador es el estudiante Juan Manuel Ramos Santos, uruguayo de 32 años—, los autores escapan "de trabajos ya publicados en los que se hace referencia a aspectos meramente formales del poblamiento canario de Montevideo a partir de 1726".
250 PERSONAS. Las Islas Canarias del siglo XVIII "eran consideradas una ‘proveeduría de pobladores’ del Nuevo Mundo", según inica la investigación. Citando documentos de época, los estudiantes señalan que entre 1719 y 1738 "habrían sido embarcadas 2.519 personas rumbo a América". Unas 250 de ellas se instalarían en la futura capital uruguaya.
El trabajo consigna que fue la posibilidad de poseer amplias porciones de tierra lo que convenció a los colonos de abandonar los violentos barrancos, riscos y montañas de las Islas Canarias por las llanas extensiones del Río de la Plata.
"Cada persona embarcada (hacia América) recibía un doblón de a cuatro pesos escudos (40 reales de vellón) para que lo invirtiera en vestuario y otros menesteres", indica la investigación sobre los colonos. Asimismo, el Reino de España se hacía cargo del gasto en herramientas para los nuevos pobladores, la mantención de éstos en el puerto antes del embarque y los "gastos de estiba de los navíos". El costo total por estos conceptos entre 1719 y 1738 alcanzó, según el estudio, a 398.081 reales y 36 maravedíes.
PARTE DE CARGA. Enviar personas al nuevo mundo no era un negocio lucrativo para los comerciantes. De hecho, muchos preferían pagar una indemnización para no transportar pobladores. Por este concepto, el Reino de España recibió 578.418 reales y 34 maravedíes. Considerando lo anterior, resultaba "un superávit sobre lo gastado de 180.336 reales y 46 maravedíes".
Uno de estos comerciantes, Francisco de Alzáibar (cuyo nombre bautiza una calle de la Ciudad Vieja), fue el encargado de enviar el primer contingente de canarios a Montevideo. La investigación asegura que, contrastando la visión histórica que lo señala como uno de los fundadores de la ciudad, "nunca tuvo una intención premeditada de poblar" la futura capital de Uruguay. El comerciante obtuvo un permiso para introducir de manera exclusiva mercaderías a las provincias españolas del Río de la Plata, pero para ello tenía que trasladar familias desde las Islas Canarias a Montevideo.
El texto indica que Alzáibar hizo el trasvase de familias considerándolos "parte de la carga, no necesitados de atención o asistencia" para abaratar costos. Sobre las condiciones de los emigrantes a su llegada, el trabajo señala que Pedro Millán —quien elaboró el primer padrón de habitantes de Montevideo y la distribución de solares— tuvo que entregarles "algunas varas de ropa de la tierra para repararlos de su desnudez".
La condición de plaza fortificada de Montevideo y el despotismo de las monarquías españolas y los gobernadores de Buenos Aires provocaron que las primeras décadas de Montevideo transcurrieran en la pobreza más absoluta. Pobreza de la cual los primeros canarios fueron testigos presenciales.
TRIBUTO. ¿Qué movió a estos estudiantes universitarios canarios a realizar un trabajo sobre la emigración hacia Uruguay en la época colonial? En el prólogo de la investigación ellos mencionan que el mismo pretende servir como "tributo" a todos los "orientales de sangre canaria que ocuparon puestos importantísimos del nuevo Estado".
Entre ellos destacan al presidente Juan José Francisco Giró y Zufriategui (1852-1853).