"Nadie en Israel lamentará su muerte"

JERUSALEN | EFE

Símbolo nacional y revolucionario para los palestinos, el presidente Yasser Arafat representa para muchos israelíes la reencarnación de la muerte y del terrorismo y pocos en Israel serán los que le lloren.

Estadísticas sobre las opiniones de los israelíes hacia el líder palestino no hay, pero un mero sondeo callejero demuestra que son pocos los que van a lamentar su muerte cuando se produzca, aunque sean conscientes del caos que puede sucederle.

"En 1994, tras la firma de los Acuerdos de Oslo, tuve esperanzas de que Arafat abandonaría el terrorismo, pero después me quedó claro que no era sólo una tragedia para los palestinos sino también nuestra propia tragedia", comentó Ariel Rubinsnky.

Rubinsky, de 40 años, pertenece a ese campo de la paz israelí que se desmoronó como un castillo de naipes en 2000 tras el fracaso de la Cumbre de Camp David y el comienzo de la Intifada de Al-Aksa.

"Puedo llegar a entender que lo que Israel le ofreció en Camp David no fuera suficiente, pero lo que no acepto es que, en lugar de seguir negociando, lanzara una guerra desbocada que se ha cobrado miles de muertos israelíes y palestinos", sostiene.

Al igual que Rubinsky, son muchísimos los israelíes que si bien apoyan una iniciativa de paz para poner fin al conflicto con los palestinos, Arafat no es santo de su devoción.

"Indistintamente de nuestras convicciones políticas, Arafat siempre será el responsable de la muerte de miles de israelíes y judíos alrededor de todo el mundo", dice Meni Natán, de 25 años de la ciudad de Kfar Saba, al noreste de Tel Aviv.

Contable de profesión, Natán manifiesta que "el hecho de ser un pacifista o no es secundario al hablar de Arafat, quien por orden expresa o en silencio es la persona que está detrás de los ataques más atroces contra Israel en las últimas cuatro décadas".

Natán no se refiere a los sangrientos atentados de los últimos cuatro años en autobuses y centros públicos, sino a ataques como los que en 1974 dejaron en el poblado de Maalot más de veinte niños israelíes muertos, al sucesivo secuestro de aviones en las décadas de 1970 y 1980, al asesinato de atletas israelíes en las olimpíadas de Munich, y a tantos y tantos otros ataques de la OLP antes del proceso de Oslo.

"La cara de Ytzhak Rabín en los jardines de la Casa Blanca (en 1993) lo decía todo. ¿No recuerdas cómo le estrechó la mano de forma fugaz y con cara de ‘¡Lo hago porque no me queda más remedio!’?", afirma por su parte Margalit Ben-Atar, de 43 años, de Jerusalén.

"Nadie en Israel va a lamentar la muerte de Arafat, hay cierto temor a lo que puede ocurrir por aquello de más vale malo conocido, pero tenemos claro que este mal no nos llevaba a ninguna parte", concluye Rubinsky.

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