El pibe que fue Mc Pato en Italia

| Retirado del fútbol que todavía extraña, se dedica a recomendar jugadores jóvenes, pero dice que no es empresario

SILVIA PEREZ

Hace ya cuatro años que dejó de jugar y sigue extrañando como el primer día. Cada tanto, le da la nostalgia y pone sus propios goles en el video. Hace unos días estuvo viendo los dos que le hizo al Liverpool inglés con Génova. Esa temporada, la 91- 92, fue la mejor en Italia, según confesó. Hoy se dedica a mirar jugadores. Es una especie de captador de talentos, pero aclara que no es empresario, una palabra que no le gusta. Aunque en la actualidad no tiene ingresos fijos y vive de lo ahorrado en el pasado, se preocupa mucho por los demás y siempre que puede ayuda a los más carenciados.

"Sigo extrañando mucho, mucho. Lo peor son los clásicos o cuando juega la selección. Esos partidos son los que siempre me gustaron más porque está todo el país esperándolos. El primer año sin jugar fue el más bravo. Hay gente que no se da cuanta que le llegó el momento. Yo, cuando empecé a aburrirme en la concentración; cuando después de un partido me costaba cinco días recuperarme y cuando ver un video me molestaba, me di cuenta que me tenía que ir. Hoy en cambio, veo fútbol todo el tiempo y si no, me muero. Lo que pasa es que fueron 20 años... Es mucho y cinco en Italia donde la presión es muy grande. Decí que tengo los ligamentos rotos, si no capaz que hasta volvía a jugar. Sigo pensando como un jugador. Miro un partido y veo que pierden una pelota y me caliento. Pienso: yo la habría tocado para el otro lado. Voy a la Tribuna Olímpica y veo el partido desde arriba. Es ideal, por eso entiendo al Hugo De León cuando dice que está muy bien en el palco. Es más, si algún día me decido a dirigir estaría en contacto con alguien que estuviera arriba porque desde ahí se ven todos los detalles, todos los errores".

"PACO". Poco a poco se va acostumbrando a su nueva vida. A estar de traje todo el día, a pasarse de reunión en reunión, aunque insistió en que no es empresario: "No me gusta esa palabra. Yo veo pibes, capto jugadores. Empresario es una palabra muy grande para mí. El único empresario que conocí fue ‘Paco’ (Casal). No estoy apto para ser empresario. Al menos ahora. No es que no me sienta empresario, pero recién estoy empezando y no estoy capacitado. Eso sí, si me preguntan si quiero ser como ‘Paco’, ¡claro! ¿Quién no va a querer ser como ‘Paco’. Me gustaría seguir su camino. Todo lo que sé lo aprendí con ‘Paco’. Pero a mí lo que me gusta es ver jugadores y recomendarlos. Me apasiona eso, mucho más que ser técnico. Si algún día me dedico a dirigir, voy a empezar en inferiores. El que se recibe tiene que empezar de abajo, inferiores, la B, la C y recién después, Primera. No sé puede terminar de jugar y dirigir a Peñarol o Nacional. No se puede pasar de Jardinera a Sexto, salvo que seas Maradona".

NUEVO PARIS. Se crió en Nuevo París, un barrio que lo marcó para siempre. Allí vivió con sus padres y sus abuelos. Tuvo una niñez difícil, aunque nunca le faltó nada: "Fueron épocas duras. Mi padre era Municipal y mi madre se ocupaba de mí y de mis dos hermanos. Nunca nos dejaron faltar nada. Yo tenía zapatos nuevos y mis padres andaban de alpargatas. Un día, ya en Italia me pusieron tres cubiertos al lado del plato y yo no sabía cuál tenía que agarrar. No entendía por qué había gente que comía con tres cubiertos si a mí, en Nuevo París me habían enseñado a comer con uno. En Nuevo París me faltaban muchas cosas que hoy tengo, pero tenía muchas otras que hoy me faltan. Por ejemplo, yo no tomé otra cosa que Coca-Cola hasta los 22 años y era la propia gente del barrio, que si te llegaba a ver tomando alcohol te sacaba cortito. No es que hoy quiera volver a Nuevo París, quiero que ellos puedan vivir bien. Yo no quiero estar ni arriba ni abajo, quiero que todos estemos en el medio. El otro día fui a votar a Nuevo París, y lo encontré peor que nunca. Donde era mi casa ahora hay tres cantegriles. Yo quiero ayudar al barrio, como ayudo en otros lados. Mientras que pueda lo voy a seguir haciendo toda la vida. Quiero crear una Fundación para que tengan alimentos y vestimenta. Y una escuela, en Nuevo París se necesita una escuela".

AQUEL NIÑO. Fue allí, en su barrio, donde comenzó a jugar al baby fútbol. Tenía cinco años y defendía al Iriarte. Enseguida se destacó por sus condiciones y sobre todo por sus goles: "Mi abuelo Rigo (Rigoberto) siempre me iba a ver jugar. Yo tendría nueve, o diez años y hacía goles como loco. Mi abuelo me daba un peso por gol. El miraba un ratito el partido y después se iba a dar una vuelta por ahí. Un día hice 13 goles y fui a reclamarle los 13 pesos. No me creía, pensaba que lo estaba cag.... Averiguó y tuvo que dármelos. Después de eso no se arriesgó más. Me habló y me explicó que desde ese momento me iba a dar tres pesos por presencia".

El abuelo Rigoberto fue muy importante para el ‘Pato" y muchos de los códigos con que hoy rige su vida los aprendió de él. "Una vez, cuando jugaba en Peñarol y ´Paco’ ya me había vendido a Italia, mi abuelo empezó a decirme que quería ir a hablar con ‘Paco’. Insistía e insistía. Entonces le pregunté para qué quería ir a verlo y me explicó que quería que ‘Paco’ ¡los representara en la Caja de Jubilaciones!".

ITALIA. A pesar de que ya había emigrado varias veces, a Colombia, a Argentina y a México, el gran cambio lo sintió cuando se fue a jugar al Génova de Italia. "De Nuevo París a Italia, fue como bajarse de un Fitito y subirse a una Ferrari. Me di cuenta que eso era el primer mundo y yo no venía del tercer mundo, sino del cuarto. El primer año hice sólo ocho goles. Me costó mucho el cambio, adaptarme al verdadero profesionalismo. Me di cuenta lo que era el profesionalismo. Estaba acostumbrado a andar de short y remera y tenía que ir de traje a todos lados. Aprendí a vestirme y a comer en Italia. Tenía chofer, traductor, y cuando me dio gripe ¡me pusieron suero! Ellos te dan todo y después te exigen. No tenés cómo fallar, no hay excusas. Jamás olvidaré el primer partido que jugué en Genova. Era contra el Ascoli y atrás del arco había una bandera de Uruguay. Yo estaba chocho y creía que en la hinchada había un grupo de uruguayos. Estaba equivocado, eran los italianos que te ponían el símbolo de tu país. Ver la bandera de Uruguay en una hinchada italiana fue espectacular. Eso, o que 50.000 personas coreen tu nombre y festejen tu gol son cosas que no se compran con todo el dinero del mundo, pero valorás recién cuando te retirás. Antes, no te das cuenta".

Maradona, su ídolo

Conoció a Maradona en el año 90, en un partido entre Génova y Nápoles. Antes del partido se animó a saludar al mejor jugador del mundo y le habló de Nelson Agresta, que había jugado con Diego en Argentinos Jrs. Le temblaban las piernas y tímidamente le estiró la mano. Maradona lo empujó hacia él, le dio un abrazo y un beso. Entonces, el "Pato" se animó a pedirle la camiseta y quedaron en cambiarla al final. Pero perdieron 2 a 1 y Aguilera se fue con una bronca bárbara derecho al vestuario. Cuando llegó se acordó de la camiseta y creyó morir. En eso vio que sus compañeros rodeaban a alguien que entraba al vestuario. Era el propio Maradona que venía con la camiseta en la mano. Todos los jugadores del Génova se la pedían, pero él siguió derechito hacia el "Pato" y se la dio. Aún la conserva y su hijo menor se llama Diego en honor al ídolo argentino.

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