Orgullo de ser blancos

Esa es la actitud histórica del Partido Nacional, la única que corresponde. No es la que deseábamos, trabajamos para otra cosa. Nuestra candidatura fue la mejor, y si algo sucedió es que los nuestros estuvieron todos, y además logramos convocar a otros uruguayos. Los que faltaron fueron otros, casi todos los otros.

En el caso del EP recibió el apoyo de sus simpatizantes que entre la última elección y ésta, habiendo pasado el peor terremoto de la historia sobre Uruguay, apenas reunió un incremento de 6 puntos porcentuales es decir la mitad que el crecimiento blanco. De éste debe restarse los correspondientes a la lista de Michelini. Por lo tanto el aumento real del Frente Amplio es bien inferior al blanco. Fuimos los únicos que recibimos apoyos nuevos de orientales que, sin ser blancos, se sumaron a la columna nacionalista. Y lo hicieron en la seguridad de que esta colectividad garantizaba el respeto para sus anteriores convicciones.

El Partido Nacional obtuvo una votación espectacular. Más que duplicó la obtenida en Montevideo en la elección pasada y en el ámbito nacional el incremento es de doce puntos porcentuales, lo que supone doscientos ochenta mil votos más que en 1999. Gana por primera vez el departamento de Artigas y obtiene una votación excelente en Canelones, como ejemplos claros de lo que esto significa.

Hace apenas dos años este mismo Partido apenas si marcaba en las encuestas menos de la mitad de los votos que hoy obtiene y algunos analistas, a quienes nos gustaría escuchar hoy, presagiaban la desaparición de los blancos. Vaya temeridad y vaya ignorancia.

Los blancos han forjado una historia única en el mundo. Menos de treinta años estuvimos en el gobierno de 168 de existencia partidaria, y siglo y medio después sigue convocando a cientos de miles de uruguayos. Su vigencia no se explica, obviamente, por su cercanía al poder y lo que ello significa, sino porque es el único Partido político del Uruguay. Tiene historia y posee un articulado conjunto de ideas que le dan solidez y una forma de interpretar el país, la región y el mundo que ha marcado, en buena medida, el pensamiento nacional.

La victoria de Vázquez puede explicarse más por un incremento vegetativo, muy moderado, y por la adhesión directa de un porcentaje reducido, aunque en estas circunstancias determinante, de electores colorados que ingresaron al FA vía Astori, y también se lo deben al Sr. de Buquebús que le trajo, y ahora los devuelve a Buenos Aires, un número equivalente al uno por ciento del electorado nacional.

Hay un ganador en las urnas, pero también hay vencedores políticos. Nadie dejará de coincidir en que el primero de ellos ha sido el Dr. Jorge Larrañaga. Renovó generacionalmente al Partido y lo hizo en estilos, en ideas y en conductas. Estuvo a la altura no sólo de su investidura como candidato, sino de la de presidente del Directorio del Partido Nacional. Supo cumplir su responsabilidad pero también interpretó adecuadamente el momento histórico. Es fácil actuar en los momentos de euforia pero no todos aciertan cuando las urnas son adversas. Su mensaje y su saludo, junto a Sergio Abreu, al Dr. Vázquez deberán ser bien interpretados por las nuevas autoridades que tienen frente a sí a un Partido de pie y entero en su dignidad. El gesto fue de una profundidad política que interpretó a todos los uruguayos, y fue la primera advertencia de un nuevo estilo político que lideró Larrañaga ya desde la campaña.

Seguramente miles de uruguayos estarán tristes por el resultado, los comprendemos, pero todos amanecen con la frente bien alta por integrar una comunidad de valores que el domingo también triunfó y que se llama Partido Nacional.

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