La gestión económica del gobierno de Jorge Batlle estuvo signada por una profunda y larga recesión comenzada un año antes de su asunción y por el desarrollo de la más grave crisis financiera vivida por Uruguay a lo largo de su historia.
Si se observan ciertos indicadores puede advertirse que el actual mandatario entregará el poder con alguno de ellos en franca mejoría respecto de cómo los recibió, pero en otros —por efectos de la crisis— los dejará en marcado retroceso.
El Producto Interno Bruto (PIB), el resultado fiscal y la cuenta corriente son los aspectos que mostrarán mejoras entre las dos puntas de la administración Batlle.
Desempleo, inflación, ingreso de los hogares y deuda externa son aquellos en los que los números de cierre serán peores que los que recibió.
Batlle recibió una economía en caída con un PIB que en 1999 se retrajo 2,8% mientras que este año la actividad crecerá en torno a 11%. Sin embargo, debe reconocerse que esa fuerte suba, la segunda del mandato, se produce después de tres caídas consecutivas que en 2002 tuvo su peor momento con una baja de 11%. En 1999 el déficit fiscal trepó hasta 3,98% y este año cerrará en torno al 1,5% y la cuenta corriente tuvo un déficit de 2,4% mientras que ahora el saldo será positivo en 0,1%.
El actual presidente entregará el gobierno con niveles de desempleo mayores a los que recibió (13,5% frente a 11,3%) después que alcanzase niveles sin precedentes (17% en 2002). A ello debe sumarse que el fenómeno de la fuerte emigración hace que menos gente busque trabajo. Los ingresos de los hogares de desplomaron durante la crisis. En 1999 eran de $ 26.171 y este año alcanzarán a tan solo $ 17.525. La deuda externa merece una mención aparte, dado que saltó de 40,8% del PIB en 1999 a 97,7% al cierre de este año.
La abrupta suba se explica, en buena medida, por el paquete de préstamos de U$S 3.500 millones que los organismos internacionales dieron al país en 2002.