La ortodoxia, los dogmatismos y los viejos cimientos en que se basó la izquierda tradicional por décadas, comenzaron a resquebrajarse cuando un médico desconocido para la mayoría de los militantes del Frente Amplio (FA), llamado Tabaré Vázquez, irrumpió en la vida política en 1989, y redimensionó el accionar de la coalición. Su actividad en la campaña por la derogación de la Ley de Caducidad, le permitió tímidamente ingresar en una nueva arena, que lo llevaría después a pugnar por la Presidencia de la República.
Capaz de despertar apoyos incondicionales y las más feroces resistencias, Vázquez imprimió una nueva concepción al FA, al lograr la aceptación del resto de los dirigentes, respecto a que un liderazgo podía ser superior al sustento ideológico. Paralelamente al vertiginoso crecimiento que tuvo la izquierda desde 1990, Vázquez construyó su liderazgo en base a su carisma, que se propagó a través de caminatas, recorridas incansables, contactos permanentes cara a cara con sus seguidores y un sentido muy especial por intentar igualarse a cualquiera de sus simpatizantes, independientemente de su condición de científico exitoso.
Desde poemas a datos biográficos relató en todos los estrados del país, con el micrófono en la mano, desplazándose en forma constante por los escenarios y manteniendo un diálogo constante con los participantes.
Vázquez rompió los cánones del político tradicional, no solo los de la propia izquierda sino del resto del espectro. A medida que su popularidad se incrementó, mayor fue la pasión que despertó en sus adeptos, comparable solamente a un interprete o artista internacional.
CASTA. Sin casta politica y de origen humilde, pero con una gran intuición, Vázquez utilizó una estrategia casi militar, al vencer —no sin dificultades—, la pesada estructura frentista y cada uno de los obstáculos que tuvo en el camino.
Demostró que no se dejaría arrastrar por las presiones sectoriales y que no tendría miramientos a la hora de levantar o bajar el pulgar a las decisiones adoptadas por otros dirigentes.
Así ejerció la jefatura municipal, de la misma forma que a partir de 1996, ante la renuncia del general Líber Seregni a la presidencia del FA, asumió la conducción de la coalición. Con ese criterio manejó el timón de la coalición para intentar sin éxito que no prosperara la reforma constitucional de 1996. También se puso al hombro la campaña de 1999, cuando la lucha por los perfilismos en la izquierda, pesaba por momentos más que el interés del colectivo.
La lucha interna volvió a aflorar por la Ley de Asociación de Ancap, primer victoria obtenida tras la derrota de la elección anterior. Consciente de ser no solo el portador del primer triunfo de la izquierda, sino de poseer el caudal de votos del conglomerado, Vázquez hizo valer su autonomía, llevó adelante el debate ideológico a toda la estructura de la coalición para moderar sus propuestas, y desplazó en varias oportunidades a instancias orgánicas, por resoluciones propias además de ser el responsable de su propia campaña.
El desafío de Vázquez será de ahora en adelante, mantener la alineación de la izquierda desde el gobierno para no perder el sustento que lo llevó al poder y hallar al dirigente que lo sucederá en el FA con la anuencia del congreso del conglomerado.