Apenas seis meses atrás, la Unión Europea y el Mercosur daban la impresión de estar a punto de crear la mayor área de libre comercio del mundo. Actualmente, sin embargo, las probabilidades de cerrar un acuerdo pronto al parecer son nulas.
En lugar de abrir sus puertas a los mercados de cada cual, la Unión Europea, compuesta por 25 naciones, y el Mercosur han pasado los últimos meses retractándose de sus promesas y discutiendo en público con respecto a delicados temas, como la agricultura y el acceso a los mercados.
En lo que marcó una nueva complicación, el Parlamento Europeo se negó la semana pasada a dar su aprobación a la lista de nuevos comisionados, lo cual incapacitó a la Comisión Europea para resolver cualquier iniciativa de importancia en el futuro inmediato.
La demora es una mala noticia para los agricultores de los países que integran el Mercosur, ya que Europa es un mercado potencialmente enorme para sus productos. Los países europeos han sido sumamente proteccionistas en lo tocante a la agricultura, sector en el cual los sudamericanos son más competitivos. El comisionado de comercio de la UE, Pascal Lamy, ha estado cabildeando discretamente a los países integrantes para que empiecen a eliminar cuotas en la importación de productos como la carne de res, la de pollo y productos lácteos.
El sucesor designado de Lamy, Peter Mandelson, cuenta con un firme respaldo en el Parlamento y existe la probabilidad de que sea aprobado, pero aún está por verse si Mandelson se mostrará tan impaciente por lograr un trato con el bloque sudamericano.
Mandelson ya ha dicho que las conversaciones con el Mercosur no constituyen una alta prioridad. Más bien le dijo al Parlamento Europeo este mes que él se propone enfocarse, para empezar, en la siguiente ronda de conversaciones de la Organización Mundial de Comercio.
"Esto fue una oportunidad perdida", dijo Marcos Sawaya Jank, el presidente del Instituto para Negociaciones Internacionales de Comercio, grupo dedicado a investigaciones, con sede en Sao Paulo. "El proyecto del Mercosur y la Unión Europea nunca fue muy ambicioso, así que no debería haber sido tan difícil alcanzar un acuerdo. Ahora, no hay forma de saber qué ocurrirá con las negociaciones".
Inicialmente, la Unión Europea empezó a cortejar a las naciones que integran el Mercosur aproximadamente cinco años atrás, pero las conversaciones cobraron nueva urgencia este año luego de que negociaciones aparte, con miras a formar el ALCA, se empantanaran en discusiones con respecto a temas relacionados con los subsidios agrícolas y los derechos de propiedad intelectual.
Al ver una oportunidad para incrementar el comercio en el patio trasero de Washington, Bruselas insinuó que pudiera estar dispuesta a hacer algunas concesiones en la rama de la agricultura.
A cambio de eso, los sudamericanos dijeron que ellos considerarían ofrecerles a empresas europeas un acceso privilegiado a nuevas inversiones en sectores dedicados a los servicios, particularmente en telecomunicaciones y la banca.
Sin embargo, ambas partes se han demorado para cumplir sus promesas. Las conversaciones dieron un giro negativo a mediados de setiembre, cuando los negociadores se dieron cita en Bruselas para intercambiar lo que supuestamente serían sus ofertas finales. Pero, en lugar de mejorar su oferta, negociadores del Mercosur se presentaron con una propuesta que era menos ambiciosa en comparación con la anterior; los negociadores se negaron a detallar los aspectos que habían eliminado. Por su parte, los europeos respondieron rápidamente con una reducción a su propia oferta.
"Lo que está faltando es voluntad política, en ambas partes", destacó Ingo Ploeger, copresidente del Foro Comercial Mercosur-Europa, grupo empresarial que ha estado cabildeando por un acuerdo de libre comercio entre los bloques sudamericano y europeo. "Y eso está empezando a generar un sentido de inseguridad en el sector privado".
Otro punto de irritación en las conversaciones, notan algunos negociadores europeos, es el propio Mercosur. La larga historia de choques entre sus socios mayores, Argentina y Brasil, y las cortapisas a la unión aduanera no son buenos antecedentes.