La opinión y los sondeos

Están habilitados para votar el 31 de octubre, 2:487.584 ciudadanos. Y las muestras de los llamados "politólogos" enfocan a un millar de ellas. Si bien las metodologías estadísticas usadas pueden ser representativas —lo que resulta muy difícil— cada mente razona según distintos factores, momentos, circunstancias, formas de vida y otras variables. Muchas veces la forma de las preguntas, llevan al encuestado a contestar de una manera especial. Así es que las encuestas no pueden resultar precisas, y mucho menos el porcentaje de indecisos, calibrándolo en proporción al muestreo. Estamos fabricando así un "lecho de Procusto".

Por otra parte, una muestra al azar, saca conclusiones iguales de personas desiguales. Hay respuestas evasivas, temerosas, mentirosas, desorientadas y confusas, ante preguntas que pueden resultar tendenciosas. Se confunde el entusiasmo, el ruido y las "balconeras", con la verdadera y meditada opinión que está subyacente. Oskar Morgenstern, y su siempre vigente libro, "Sobre la exactitud de las observaciones económicas", analizaba la significatividad de los muestreos, su pretensión de exactitud olvidando que las ciencias sociales son relativas, humanas y conceptuales. Pero además, hay múltiples ejemplos de errores pasados que pronto se olvidan. Veamos sólo algunos que nos vienen a la memoria.

El famoso ministro de Petróleo de Saudi Arabia, Yamani, sobre la base de encuestas, pronosticó en 1998 que los precios del crudo permanecerían deprimidos por muchos años; no fue así. Diez años antes, Venezuela presentó un documento en la Conferencia de la OPEP, advirtiendo que "Las 7 Hermanas" perderían su poder frente a productores independientes: las encuestas dijeron que no era posible. La realidad demostró lo contrario. La Gran Depresión de 1929 no fue advertida por las encuestas de opinión, un mes antes del crac. La Reforma Monetaria del Dr. Erhard en 1948, fue acogida por las encuestas como un fracaso rotundo y resultó la salvación de Alemania. En Francia, inmediatamente después que los aliados fijaran las reparaciones alemanas de la primera Posguerra, las encuestas daban una clara respuesta: "Alemania pagará"; de los 63.000 millones de dólares fijados, solo pagó algunas cuotas, hasta que Hitler repudió la deuda en 1933. En 1986, las encuestas brasileñas obtuvieron un rotundo fracaso con la victoria rotunda de Janio Quadros. Sucedió lo mismo con la victoria de Felipe González en España en 1986. Las encuestas europeas, en agosto de 1973, preveían una expansión de las economías de las grandes potencias; dos meses después acaeció la tremenda crisis derivada de las decisiones de la OPEP, en octubre. En los EE.UU. las encuestas presidenciales fallaron en varias oportunidades. Y en nuestro país, el caso más reciente se dio en las elecciones internas del Partido Nacional, en cuanto a las diferencias entre los votantes de Lacalle y Larrañaga.

Y lo peor es que esas encuestas, con todos sus defectos y errores posibles, influyen en la opinión pública, deformando sus decisiones y violentando así, el libre pensamiento y el sano juego de la democracia, que se decidirá en la urna. Es el abuso de los números sobre los conceptos lo que puede transformar a las encuestas en la opinión inducida por las encuestas.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar