Mujeres parlamentarias en retroceso

En las elecciones del domingo se elegirán, en el mejor de los escenarios,12 legisladoras, tres menos que en 1999

Por primera vez desde el retorno a la democracia, la representación parlamentaria de las mujeres uruguayas sufrirá un retroceso. En el mejor de los escenarios serán 12 las mujeres que ingresarán al Parlamento que inaugurará su período en febrero. En la peor de las situaciones podrían ser sólo nueve. Los datos surgen de un estudio que viene realizando la investigadora del Instituto de Ciencia Política Niky Johnson, doctora en Ciencia Política de la Universidad de Londres y responsable principal del análisis –que se realiza en coordinación con la Comisión de Seguimiento de las mujeres por Democracia, Equidad y Soberanía– que continuará luego de las elecciones para evaluar en sus mínimos detalles la participación política de las mujeres.

Ahora son 15 las mujeres que integran el Parlamento, pero ya saben que en el mejor de los casos serán 12, sobre todo porque se estima que varias de las legisladores coloradas perderán sus bancas. De las tres candidatas coloradas a la diputación por sus departamentos, sólo Martha Montaner de Tacuarembó tiene posibilidad de resultar electa.

En el Senado en tanto, ni el Partido Colorado ni el Nacional postulan mujeres en los primeros puestos de sus listas, con lo cual la chance de las mujeres de estos partidos de acceder a la cámara alta son casi nulas. En el Encuentro Progresista la mujer que ya tiene su banca asegurada es la actual senadora Mónica Xavier, quien va en el segundo lugar de la lista del Partido Socialista; Susana Dalmás, tercer candidata en la lista 2121, y Marina Arismendi, primera de la 1001, corren con buenas posibilidades pero no tienen aseguradas futuras bancas.

CONVENCIONES. Pero la disparidad no sólo se manifiesta en el principal órgano de la democracia representativa, sino también en otros de menor jerarquía y que hacen a las realidades partidarias. La investigación realizada por Johnson confirma que la integración femenina en las convenciones partidarias bajó en dos partidos, el Colorado y el Frente Amplio, y aumentó escasamente sólo en el Partido Nacional, del 10% en 1999 al 12% de este año. Sin embargo, los blancos siguen teniendo el menor porcentaje de mujeres entre sus convencionales; actualmente el 15% de los convencionales colorados son mujeres, mientras que en 1999 eran el 15,6%, mientras que el Frente Amplio tiene una representación femenina del 22,2% y cinco años atrás eran el 23,4%.

"Las variaciones pueden parecer mínimas", explicó la investigadora, "pero marcan un retroceso en la natural evolución hacia una participación más igualitaria entre hombres y mujeres". Por evolución natural se entiende la que han seguido la mayor parte de los países del mundo, incluyendo también a los latinoamericanos cuando el tema de la representación femenina se instala en la agenda política, tal como sucedió en Uruguay.

En agosto de 2003 llegó a discutirse en el Parlamento un proyecto de ley que planteaba la cuotificación (no menos de un 70% y no más de un 30% del mismo sexo en las listas electorales), pero este artículo en particular no logró la votación requerida. Argentina, Costa Rica, Brasil y Ecuador, son algunos de los países latinoamericanos donde rige el sistema de cuotas políticas.

CUOTAS. Para Johnson, el concepto de evolución natural (según el cual la representación femenina tiende a aumentar por sí sola) en Uruguay queda desmentido. Cuando ésta se produjo se dio en forma paulatina y pronto llegó a un techo. Un ejemplo de ésto es la evolución ocurrida en el Uruguay desde 1942, cuando fueron electas cuatro mujeres, hasta el comienzo de la dictadura. En ese período nunca se superaron las cuatro bancas.

El único sector que posee un régimen de cuota política, el Partido Socialista, es el que ya tiene asegurado una senadora a pesar de ser un grupo con "peso mediano" en estas elecciones, explicó la investigadora. Los socialistas establecen la cuota por un criterio de espejo, que replica la tasa de afiliación femenina al partido (40%) en las listas. "El sector de más peso en el Frente, actualmente el MPP, no tiene cuota y por eso sólo tiene dos mujeres en la lista –Lucía Topolansky en el primer lugar de la lista de diputados por Montevideo y Nora Castro en el segundo. Si se aplicara la cuota deberían ser muchas más".

Las explicaciones para estas realidades son variadas y sólo surgirán con claridad al final de esta investigación, advierte Johnson. Sin embargo algunas posibles incluyen el hecho de que las mujeres no van en los primeros lugares de las listas porque tal vez son vistas como más "riesgosas" desde el punto de vista electoral. Por otra parte, la investigadora considera que el argumento de que las mujeres no tienen gran disposición a intervenir como candidatas "no es sostenible", porque muchas presentaron su propia lista —lo que demuestra su vocación política— pero no tuvieron éxito por no estar bien posicionados en los aparatos partidarios.

Al final, considera Johnson, estas comprobaciones y sobre todo, el retroceso que se marcará en el Parlamento en término de mujeres, hará necesario "replantear el debate sobre la participación política femenina como un elemento fundamental para una democracia real, como un cuestionamiento a la calidad de la democracia en este país".

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