El sábado se abre una etapa: los afganos eligen su futuro presidente

| Acuden a las urnas en un marco que está signado por la presencia militar extranjera y la influencia de jefes locales

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KABUL | AFP

Tres años después de los atentados del 11 de setiembre en Estados Unidos y del fin del régimen de los talibanes, Afganistán, devastado por un cuarto de siglo de guerras y crisis, realizará el sábado su primera elección presidencial democrática desde su independencia en 1919.

Mientras 30.000 soldados permanecen en su territorio, con los señores de la guerra reinando con mano de hierro en sus bastiones y bajo la sombra de Osama bin Laden, afganos participarán en estas elecciones que tendrán una repercusión mundial.

La comisión electoral afgana, no dispone de datos definitivos sobre el número de electores realmente presentes.

Los últimos datos publicados hablaban a fines de agosto de más de 10,5 millones de carnets electorales distribuidos, pero esta cifra no es definitiva.

IMPLICANCIAS. Más allá de la elección presidencial de un país apoyado por el dinero y la ayuda internacional, el futuro de la lucha contra el terrorismo mundial, que divide desde hace tres años a occidente, se juega en parte en las urnas de Afganistán.

Los afganos, iletrados en un 80%, al acudir a los 5.000 puestos de votación diseminados hasta en las montañas más remotas del país, pesarán así incluso en las elecciones presidenciales norteamericanas del 2 de noviembre. Unos comicios sin incidentes y sin cuestionamientos, dos elementos que están lejos de ser garantizados, permitirían al presidente norteamericano reivindicar una victoria de su política extranjera y justificar la búsqueda de un objetivo similar tras la invasión de Irak.

CAUDILLOS. Aunque se supone que estas primeras elecciones democráticas de la historia del país permitirán a los diez millones de electores registrados expresar su voluntad, los jefes de guerra van a hacer todo por guardar su poder.

Lejos de haber desarmado a sus milicias privadas, los poderosos jefes de guerra afganos se hallarán el sábado, por primera vez, frente a la ley de las urnas.

Algunos están entre los hombres más ricos de Afganistán, otros son simples bandidos, pero siguen reinando, tras 25 años de crisis, y con mano de hierro, sobre sus bastiones.

Forjaron su poder en un cuarto de siglo, algunos comenzaron combatiendo a los soviéticos (1979-89), luego a sus vecinos, durante la guerra civil (1992-96), otros a los talibanes (1996-2001). Hoy se financian con frecuencia por el tráfico de drogas, y organizaciones de defensa de los derechos humanos están de acuerdo en que la amenaza que estos caudillos hacen pesar sobre los comicios es más grave aún que la de los ex talibanes, adversarios declarados del proceso.

La violencia continúa

Siete policías afganos murieron ayer por la explosión de una mina en la provincia de Kandahar, en el sur de Afganistán, bastión de los talibán. El vehículo con los policías a bordo estalló al pasar sobre una mina escondida en un camino.

Insurgentes talibanes han venido orquestando ataques mortales contra las tropas afganas y sus mandos desde las bases en la región fronteriza, según las autoridades militares afganas y estadounidenses. La línea dura de la milicia ha prometido sabotear las elecciones, por ello Pakistán está enviando más tropas para reforzar los 2.500 kilómetros de frontera que comparte con Afganistán a fin de prevenir eventuales atentados. ANSA

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