Una vez entendido cuál es el propósito de este film (un documental "contra" y no "sobre" George W. Bush y su gobierno) hay que reconocer que el director Michael Moore y su equipo lo cumplen con razonable eficacia. Al principio establecen una duda razonable acerca de la transparencia en el escrutinio que le valió a Bush los cruciales 25 electores del estado de Florida que volcaron a su favor los resultados de la votación del 2000. Más tarde hacen saber que, antes de ser presidente, el personaje arruinó varias de las empresas privadas a las que ha estado vinculado, lo que deja en el aire la idea de que también puede arruinar la empresa pública llamada Estados Unidos de América.
Igualmente lo acusan de haber ignorado antes del 11 de setiembre advertencias de diversas agencias gubernamentales acerca de la posibilidad de un atentado de Al Qaeda, de haber vacilado demasiado luego de que las Torres Gemelas y el Pentágono fueron atacados, y de preocuparse más por los contratos petroleros y el provecho de las empresas a las que están vinculadas su familia y su vicepresidente Dick Cheney que por la seguridad de sus conciudadanos y la propia lucha contra el terrorismo.
La fundamentación en imágenes y testimonios de ese alegato es despareja. Es un buen recurso cinematográfico (pero un mal argumento político) la proyección en tiempo real de Bush leyéndole un libro de cuentos a los niños de la escuela en la que estaba cuando recibió la noticia de los ataques: la idea es, por supuesto "Bush está perdiendo unos minutos preciosos mientras América peligra", pero habría que preguntarse si hubiera sido una reacción sensata interrumpir la sesión, salir corriendo y dejar detrás un tendal de pánico. Es muy confuso también el manejo de la información sobre la relación de los Bush con los familiares de Bin Laden (a varios de los cuales se ayudó a salir de los Estados Unidos cuando los demás vuelos estaban suspendidos), y más ampliamente con el gobierno de Arabia Saudita, confusión agravada aún por un subtitulaje desprolijo sobre el cual una fe de erratas al comienzo pide disculpas que traduce "saudíes" por "árabes". Quien vea el film sin información adicional puede llegar a la conclusión errónea de que todos los Bin Laden son cómplices de su pariente Osama, y peor aún, que el gobierno de Arabia Saudita simpatiza con Al Qaeda o viceversa.
Hay en Moore una vocación por el efectismo y el golpe bajo (recordar el manejo de la imagen de Charlton Heston en Bowling for Columbine) del que nunca logra librarse del todo, y que asoma aquí especialmente en su acercamiento a la madre de un soldado que muere en el frente. Hay también un afán de protagonismo, un empeño en colocarse a sí mismo en medio del documental, que podría llamarse George y yo como se llamó Roger y yo su primer (y superior) trabajo sobre o contra el presidente de la General Motors.
VIRTUDES. Y sin embargo, y pese a todas las objeciones que puedan esgrimirse, no es posible desembarazarse rápidamente de Michael Moore y de su film. En primer lugar hay que colocar en su haber un abundante trabajo de búsqueda de materiales de archivo que sabe compaginar con inteligencia y frecuente sentido del humor. Tiene por supuesto un buen colaborador en el propio George W. Bush, que hoy afirma una cosa, seis meses después aparece afirmando lo contrario, y más tarde lo contrario de lo contrario. Es lo que casi todos los políticos hacen, claro, pero un montaje corto de esas contradicciones (que incluyen también otras a cargo del canciller Colin Powell, la asesora presidencial Condy Rice o el fiscal general John Ashcroft) consigue un efecto irresistible en la pantalla. La hábil, ágil compaginación y el intencionado uso de la música contribuyen al logro.
El humor es uno de los fuertes de Moore, y es imposible no simpatizar con él cuando se instala en las puertas del Capitolio con un megáfono para recitarles a los congresistas la Ley Patriot que votaron sin leer ("amigo, votamos muchas leyes sin leerlas", informa uno de ellos). Y hay que reconocerle que cuando se pone serio también da por momentos en el blanco: la documentación sobre las relaciones entre el gobierno y las empresas encargadas de la reconstrucción de Irak, o las entrevistas a los soldados en el frente (cuyo tono va cambiando a medida que la guerra se complica) son otro de sus puntos a favor. No hay dudas de que Moore sigue siendo una molestia necesaria: no es imprescindible estar de acuerdo con todo lo que dice (y en más de un caso valdría la pena acudir a fuentes complementarias para matizar algunas de sus afirmaciones) pero es conveniente que exista. La democracia precisa de los disidentes. ¿Manipulador?. Sin duda, pero cómo enojarse con alguien que manipula durante dos horas, cuando Fox News lo hace 24 horas por día, todos los días del año.
Critica | GUILLERMO ZAPIOLA
FAHRENHEIT 9/11
Dirección y libreto. Michael Moore.
Fotografía. John Desjarlais, Kirsten Johnson, William Rexer.
Montaje. Kurt Engfehr, Todd Woody Richman, Chris Seward.
Sonido. Francisco de la Torre.
Dirección artística. Dina Varano.
Música. Jeff Gibbs, Bob Golden, R.E.M.
Productores. Jim Czarnecki, Kathleen Glynn, Michael Moore.
l Estados Unidos 2003.