Alvaro J. Amoretti
A pocos días de que Maroñas sea premiado en Estados Unidos como el hipódromo más innovador de 2003, el presidente de Hípica Rioplatense S.A., Martín Cánepa, recordó que cuando el grupo inversor que representa anunció en 2001 que transformaría a Maroñas en un hipódromo de primer nivel internacional a la mayoría "le alcanzaba" solamente con que se reabriera y se le diera "una mano de pintura".
—¿Qué balance hace hoy el grupo inversor que maneja el hipódromo y las salas de juegos electrónicos y apuestas de sus operaciones en el país?
—Sabíamos que reposicionar a Maroñas en la región requeriría de una inversión muy importante y que la hípica no pasaba por un momento que permitiera pensar que sólo con los recursos generados por las apuestas esa inversión podía ser recuperada. Necesitábamos la posibilidad de operar un circuito de máquinas tragamonedas que permitiera recuperar más rápidamente la inversión realizada, para poder mejorar la bolsa de premios, porque mejorando los premios revitalizábamos más rápidamente también la actividad hípica en su conjunto. El balance del desembarco en Uruguay ha sido positivo y que el modelo implementado ha sido exitoso.
—¿Sintieron que se les creía cuando prometían una proyección internacional para Maroñas?
—Estamos a punto de recibir un premio en Estados Unidos que distingue a Maroñas como el hipódromo más innovador de 2003. Pero es cierto que al principio muchos pensaban que lo que prometíamos no sería posible. A mucha gente le alcanzaba con que reabriéramos el hipódromo, le diéramos una mano de pintura y se arreglara un poco la cosa. Y nuestras expectativas siempre fueron otras. En Maroñas se instaló un sistema totalizador de última generación, un estudio de televisión que ha de ser el más moderno que en este momento opera en Uruguay y la tecnología informática más avanzada para este tipo de hipódromos. Y a eso se sumó una inversión muy fuerte para recuperar hasta el último rincón del hipódromo.
—¿Es cierto que el hipódromo es un negocio que arroja pérdidas y que lo que permite generar las ganancias son las máquinas tragamonedas que Maroñas Entertainment explota?
—Sí, es verdad. Y en eso el Estado uruguayo fue innovador: esa tendencia se encuentra ahora extendida en EEUU, con hipódromos en los que las máquinas tragamonedas permiten equilibrar la ecuación y generar recursos para aumentar la bolsa de premios. En Uruguay esa fórmula ha permitido no sólo generar 1.200 puestos de trabajo directos sino revitalizar la hípica, una actividad de la que dependen unas 60 mil personas en todo el país.
—¿Qué porcentaje de los ingresos totales de Hípica Rioplatense en Uruguay provienen de las apuestas por un caballo y cuánto de las máquinas tragamonedas?
—El promedio de apuestas en el hipódromo ha ido en aumento y hoy se sitúa en unos 90 mil dólares por reunión. Eso equivale, en un sistema de dos reuniones semanales, a unos 180 mil dólares de ingresos semanales por concepto de apuestas en el hipódromo. Pero las salas de máquinas tragamonedas están abiertas todos los días y eso hace que los ingresos sean superiores a los que genera el hipódromo.
—¿Cuánto dinero se apuesta en las máquinas tragamonedas?
—Unos 15 millones de dólares por año.
—¿Y qué destino tienen los ingresos generados por las máquinas tragamonedas?
—De esos 15 millones de dólares, el 12,5% va directo a la bolsa de premios. El resto tiene como destino el recupero de la inversión realizada y el financiamiento de los costos operativos. Las tragamonedas son las que permiten recuperar el dinero que se ha invertido y pagar los premios que el hipódromo está pagando.
—¿Cómo se explica que, en un hipódromo que no gana por sí solo dinero y con inversores que van a tardar más tiempo en recuperar el dinero que colocaron, ustedes estén anunciando un incremento de los premios?
—Para nosotros ese aumento en los premios no es un gasto, sino una inversión. Cuando hay buenos premios, se compran más caballos. Cuando se compran más caballos mejora la calidad de cría de los haras. Y eso mejora el producto. Hay más dinero circulando en el negocio de la hípica, y la gente siente que puede invertir más, arriesgar más. Y eso mejora el espectáculo y hace que cada fin de semana venga más gente.
—¿Cuántas personas visitan el hipódromo por reunión?
—Depende, pero el último fin de semana tuvimos 5 mil personas.
—¿Y cuántos de esos son "incondicionales" y cuántos clientes nuevos captados para la hípica?
—En Maroñas no sucede, como en otros hipódromos de la región, que uno va y sólo ve hombres, adultos y solos. Acá hay parejas, hay familias con chicos, hay jóvenes, gente que viene a entretenerse.
—Hace un tiempo desde el gobierno municipal de Montevideo se planteó la posibilidad de aumentar los impuestos sobre las apuestas en las carreras de caballos. ¿Les preocupa, como grupo inversor, que la izquierda llegue al gobierno e intente cambiar las reglas de juego de su actividad?
—Soy un demócrata convencido que cree que la alternancia de partidos políticos en el poder no hace sino fortalecer la propia democracia. Sobre su pregunta, sea quien sea quien gane, espero que al asumir analice los pro y los contra de cualquier medida.
—¿Usted no cree que aquella propuesta de llevar el impuesto a las apuestas del 0.5% al 5% se llegue a ejecutar?
—A veces puede haber un cierto desconocimiento de cómo funciona esto: nosotros nos quedamos sólo con un 9% de lo apostado en las carreras. Si el gobierno de Montevideo se queda con un 5% se estaría quedando con más que nosotros. Confío que si uno explica del otro lado se va a entender lo que nosotros decimos. Si se quiere dar una imagen que haga que otra gente venga a invertir, lo mejor es siempre mantener las reglas de juego. Y si así no fuera ya veremos en su momento. Pero no tenemos temor. Por lo que es la tradición de la izquierda uruguaya, no creemos que acá vaya a haber una actitud lesiva con esta actividad de la que vive tanta gente.
El barrio se despierta
"Este barrio no es el mismo que uno veía hace dos años. Y no es que yo lo diga, la propia gente del barrio lo dice".
De esta manera resume Martín Cánepa el cambio operado en el entorno del hipódromo de Maroñas.
Así como el cierre trajo desempleo e inactividad, agravando la situación de muchas familias humildes que vivían directa o indirectamente de las carreras de caballos, la reapertura reactivó la zona.
Se crearon empleos, mejoró la infraestructura de la zona y la seguridad y muchos comercios reabrieron.
Cánepa dice que esta reactivación es el resultado lógico de la reapertura: "En cada carrera nosotros damos premios a los tres primeros y a veces al cuarto. De ese premio, el propietario recibe sólo el 70%. El otro 30% los retenemos para pagarle al jockey, al cuidador, al peón, al capataz y al sereno del stud. Y eso es plata circulando en el barrio".