Fuerzas armadas de Gran Bretaña continuarán en Irak

Hoy culminó el congreso del Partido Laborista donde, si bien hubo críticas a la postura del primer ministro Tony Blair sobre Irak, un 86% de los delegados rechazó una moción que pedía que las tropas del Reino Unido abandonaran aquel país.

Brighton (Reino Unido) - El Partido Laborista clausuró hoy en Brighton un congreso donde hubo críticas a la posición del primer ministro británico, Tony Blair, sobre Irak, aunque al final los delegados votaron de forma mayoritaria en línea con el Gobierno.

Con el apoyo de los grandes sindicatos, un 86 por ciento de los delegados rechazó hoy una moción del ala izquierda que pedía una rápida retirada de las tropas del Reino Unido de Irak, algo que, de haber sido aprobado, hubiera sido un bochornoso revés para Blair.

Y también aprobaron de forma abrumadora una declaración del Comité Ejecutivo que considera que las tropas británicas deben permanecer en ese país mientras lo pida el Gobierno iraquí y sirva de apoyo a "los esfuerzos de la emergente sociedad civil de Irak".

Durante cinco días, los representantes laboristas por los sindicatos y circunscripciones analizaron en Brighton (sur de Inglaterra) asuntos como las pensiones, la reforma de la Cámara de los lores, la marcha de la economía y la seguridad, pero fue Irak, un año más, el principal centro de atención.

Tony Blair se marcha aliviado de Brighton, donde su llamamiento a la unidad del Laborismo parece haber sido escuchado, sobre todo, según muchos analistas británicos, por la cercanía de las elecciones generales, previstas para 2005. Los frenéticos contactos mantenidos durante días entre miembros del Gobierno -como los ministros de Defensa y Exteriores- y los líderes de los principales sindicatos para impedir un voto contrario a Blair dieron sus frutos y al final no hubo sustos.

Pero la conferencia no ha podido evitar la sombra de Irak, especialmente por el secuestro del británico Kenneth Bigley en Bagdad, y finalmente se ha clausurado sin triunfalismos, pese a que el Partido Laborista aspira por primera vez a lograr un tercer mandato consecutivo en las elecciones de 2005. Así se lo pidió el primer ministro en su discurso del pasado martes, cuando reclamó unidad al partido al tiempo que reconoció que la crisis de Irak había "dividido" al país.

Blair volvió a decir que la guerra contra Irak estuvo justificada, pese a reiterar que el régimen de Sadam Husein no tenía armas de destrucción masiva en el momento de la invasión, asunto por el que esbozó una tímida disculpa. "Puedo pedir perdón por la información que resultó equivocada pero, sinceramente, no puedo disculparme por derrocar a Sadam. El mundo es un sitio más seguro con Sadam en prisión, y no en el poder", sentenció el jefe de Gobierno.

Al igual que han hecho durante estos cinco días otros miembros de su Gobierno, Tony Blair reclamó unidad a su partido para obtener un histórico tercer mandato en las elecciones, que en principio se celebrarán en mayo o junio próximo.

Pero hoy, en su habitual mensaje de clausura, el viceprimer ministro, John Prescott, recordó a los laboristas que no den por hecho ese tercer mandato. "Debo deciros que eso no es sólo complacencia, es peligroso y es arrogante", afirmó Prescott, quien afirmó que la política le ha enseñado a que "hay que luchar por cada voto".

El primer ejemplo de qué sucederá con los votantes se sabrá cuando se divulguen los resultados electorales en Hartlepool (norte de Inglaterra), bastión laborista desde 1964 y donde hoy hubo comicios para el escaño que dejó vacante Peter Mandelson, amigo de Blair y comisario europeo de Comercio.

Como es habitual, la conferencia anual del partido gobernante concluyó con las palabras finales de Prescott, quien había abierto el congreso el domingo, y la interpretación de "La bandera roja" , himno laborista, esta vez por la soprano Suzannah Clarke. En esta ocasión, el primer ministro fue invitado a cantar pero -quizá recordando los estridentes "pinitos" de su esposa Cherie con un tema de los Beatles- huyó del micrófono y prefirió pasar más unirse a un coro de obreros del acero para pasar desapercibido.

EFE

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