AUSENTES los debates programáticos, la opacidad de la campaña electoral se vio bruscamente sacudida por una información aparecida en el semanario Brecha, bajo el equívoco título "Larrañaga cobra para gastos de su familia 100 mil dólares". La nota periodística se refería a que el candidato blanco se había acogido al subsidio legal del 85% de sus remuneraciones que tienen los parlamentarios al dejar el cargo, y hacía una caprichosa proyección de años cobrando el beneficio para llegar a la sugestiva suma de cien mil dólares.
Los blancos reaccionaron con indignación ante lo que se consideró un ataque orquestado por el Frente Amplio —dada la afinidad entre el órgano de prensa y esa fuerza política— con el fin de ensuciar la campaña y buscar un daño en la imagen del candidato nacionalista. Tienen razón, aunque dudamos que la información haya cumplido con su objetivo; más bien operó como disparador de otras consideraciones que son las que vienen al caso.
LA política no es ni puede ser una actividad elitista, reservada sólo para aquellos que tienen recursos propios que les garanticen una vida sin sobresaltos. La política debe ser necesariamente de puertas abiertas para que puedan acceder los más capaces, sin importar sus fortunas personales. Importan el talento, la dedicación, las virtudes. No la riqueza. Quien así no lo entienda, no entiende lo que es la política practicada en democracia, en "el gobierno del pueblo".
Para que esas premisas puedan cumplirse, son necesarias algunas garantías para el que abraza la política —con el riesgo de ver su cargo juzgado cada cinco años— y abandona las seguridades de otras actividades. La ley que establece un subsidio por determinado tiempo para los que cesan en un cargo electivo o de particular confianza, está plenamente vigente y no se conoce ninguna iniciativa legislativa, de ninguna colectividad política, que haya planteado su derogación. Por lo tanto, cabe suponer, que es pacíficamente aceptada por todos.
EL Dr. Jorge Larrañaga, dos veces intendente de Paysandú (10 años) y luego senador (4 años y medio), renunció a su banca cuando, tras las elecciones internas, fue ungido como candidato a la Presidencia de la República por el Partido Nacional. Allí solicitó la aplicación de la ley que le permite percibir el 85% de sus haberes como senador, disposición que cesa automáticamente si vuelve a ocupar un cargo de los que allí se prevén y entre los cuales está el de Presidente de la República y el de Senador. Somos francamente optimistas que va a lograr lo primero, pero, de no ser así, nadie puede tener la más mínima duda que en el próximo senado va a estar presente. Y allí —en cualquiera de los dos casos— punto final al subsidio.
SU decisión de cobrar el beneficio durante su interinato es totalmente ajustada a derecho y, además, absolutamente transparente, como lo fue en su momento el reclamo del ex Intendente de Cerro Largo y actual candidato a vice del Frente Amplio, Rodolfo Nin Novoa, y el posterior cobro de 194.000 dólares —según el Dr. Pablo Iturralde. Pero esos calificativos —ajustado a derecho y transparente—, no son de recibo para la actitud asumida por el ex senador Rafael Michelini, tan rápido a la hora de lanzar sus dardos envenenados contra Larrañaga.
Michelini renunció a su banca, pero no se acogió al subsidio. Así lo pregona orgulloso cuando dice que se banca sus gastos "con $ 30 mil que me da por mes mi partido". Pero, ¿orgulloso de qué?, ¿de dónde sale la plata? ¿Será de anónimos contribuyentes a su partido o del mismo Estado a través del subsidio por voto de las pasadas elecciones? Si la plata sobró —siguiendo con su mojigata línea argumental— ¿no hubiera sido más correcto devolverla al Estado?
Michelini, ¿es un funcionario a sueldo del partido como ocurría con el Partido Comunista? ¿Es correcto que un partido pague sueldos a sus candidatos?
Algo más: ¿hace los aportes legales al Banco de Previsión Social por estas retribuciones?
Y en cuanto a las declaraciones del mismo ex senador ("Larrañaga es el líder del Partido Nacional. Yo lo comparo con el líder del Encuentro Progresista, que cuando salió de la Intendencia no cobró el subsidio") sobre la actitud asumida por Vázquez, ¿es necesario entrar en este terreno? El ex senador, transformado en "soldado del Frente Amplio", ¿quiere discutir públicamente los ingresos de Vázquez? No, ex senador, es una cuestión de estilo.
MEJOR dejemos la "guerra sucia" y busquemos polemizar sobre propuestas concretas para hacer del nuestro un mejor país. Marquemos con altura las discrepancias y dejemos de lado las premeditadas deformaciones informativas, los agravios descalificantes y los golpes arteros al adversario.
Uruguay busca un nuevo presidente. ¿Qué mejor para que la ciudadanía se pronuncie a conciencia, que un debate entre los principales candidatos, con contraposición de programas y soluciones?
Si la campaña no se encauza por esta vía, en lugar de una discusión de ideas, tendremos un concurso de insolencias.
Ciudad emparchada
Durante los diez años de Intendencia del Arq. Arana, nunca se vio apuro alguno por arreglar las calles de Montevideo. Sin embargo, pasado el triunfalismo que los ganó hasta hace un par de meses, se han puesto nerviosos y ello los ha llevado a arreglar las principales arterias capitalinas, complicando el tránsito, pues en 8 de Octubre, en la ex Av. Centenario y en otras, hay tramos de una sola mano en la que deben desplazarse autos, motos, ciclistas, ómnibus y camiones en ambos sentidos.
A esto debe agregarse la "multiplicidad de cuadrillas" que andan emparchando los pozos, cientos de pozos, con un apresuramiento realmente llamativo.
Es que por un lado le "muestran" a la ciudadanía que están "haciendo algo" por Montevideo y por otro lado, la creación de esas cuadrillas les permite darles trabajo a unas cuantas personas, claro que sólo hasta el 31 de octubre. Así son los frenteamplistas. En una demostración barata de su demagogia.