Dolor e incomprensión en los funerales

| Los 5 chicos baleados se recuperan de las heridas. El causante de la tragedia se mostró "taciturno y apesadumbrado"

BUENOS AIRES

Los tres adolescentes argentinos asesinados por un compañero de escuela fueron inhumados ayer en una jornada de duelo marcada por la conmoción y la incomprensión que produce un hecho hasta ahora sólo visto en las películas.

Un día después de la matanza perpetrada por un chico de 15 años que fue a clase con una pistola calibre nueve milímetros, una silenciosa multitud se volcó a las calles de la localidad de Carmen de Patagones para despedir a las víctimas.

También fue masiva la concurrencia al velatorio de Federico Ponce, Evangelina Miranda y Sandra Núñez, todos de 15 años. Sus compañeros se mantuvieron firmes junto a los ataúdes que fueron cubiertos con ramos de flores y tarjetas de despedida. "No los vamos a olvidar", "Siempre van a estar con nosotros", rezaban algunas de las leyendas dejadas por los adolescentes.

El autor de la matanza pasó la noche en una comisaría de la zona, aislado de otros detenidos y con custodia especial, mientras que los cinco jóvenes que recibieron balazos durante el ataque se recuperan de las heridas sufridas en distintos hospitales.

El agresor, de nombre Rafael y sobrenombre "Junior", disparó trece veces, siempre a la altura del addomen o el tórax, colocándose de espaldas al pizarrón y de frente a sus víctimas. Los investigadores creen que no hubo más muertos porque al chico se le trabó la pistola que le había robado a su padre, un oficial de Prefectura.

El docente Carlos Ruiz, profesor de Derechos Humanos de la escuela, dijo que Rafael tuvo una esquizofrenia. "Calculen que con un arma 9 milímetros, como la que tenía cuando se izaba la bandera, estaba en una situación fuera de control. Es un chico tímido con una reacción que los especialistas van a poder establecer. Tenía buenas notas pero con dificultades para expresarse. En mi clase nunca fue motivo de burla", expresó.

El adolescente que provocó la matanza se presentó ante la jueza de menores de Bahía Blanca Alicia Ramallo para completar las pericias físicas y psicológicas. Luego, fue trasladado a la delegación que la Prefectura Naval tiene en Ingeniero White. El comisario Adrián Otero, que trabaja en la seccional donde estuvo detenido, contó que el chico "comió poco" y "durmió tranquilo toda la noche". Y dijo que ayer por la tarde, cuando lo trasladaban hacia el juzgado, se lo veía "taciturno y apesadumbrado". Además, el comisario dio un dato llamativo: desde el suceso, cuando el chico fue llevado a la comisaría, ninguno de sus familiares fue a visitarlo. Tampoco lo llamaron por teléfono.

Un día después del horror, el padre del chico que desencadenó la tragedia pidió perdón a los familiares de las víctimas. El intendente de la ciudad, Ricardo Curetti, fue el encargado de hablar telefónicamente con él. "Pedía perdón y lloraba desconsoladamente; estaba quebrado", comentó.

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