SOLEDAD ACUÑA
Hay personas que tienen una rara y patológica fascinación por la basura. En Montevideo hay al menos siete casas y apartamentos que son usados como depósito de residuos por quienes viven en ellos. Sus dueños o habitantes no trabajan pero dedican el día entero a recolectar cosas de la calle, animales muertos y todo lo que se cruce en su camino. El olor insoportable que genera la basura acumulada, las ratas y los problemas con los vecinos son moneda corriente.
Las denuncias se acumulan en la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM), el Ministerio de Salud Pública (MSP) y el Ministerio de Vivienda. Sin embargo, las autoridades aducen que no pueden hacer nada ante estos graves cuadros porque la última palabra la tiene la Justicia.
El hecho es que algunos casos tienen más de diez años. Los vecinos se quejan, la Intendencia limpia el lugar de vez en cuando y las personas vuelven a juntar la basura como si nada hubiera ocurrido.
OLOR A PODRIDO. En el edificio ubicado en Arenal Grande y Rivera el olor a podrido se siente desde el primer piso. En el segundo, vive un hombre de unos 60 años que hace más de 20 años que junta basura en su apartamento.
Es dueño de dos unidades del edificio. En la que da a la calle viven más de cinco perros que no salen a la vereda ni una sola vez al día. El contrafrente lo utiliza como vivienda para él.
Los vecinos cuentan que, a veces, se tira en el pasillo y come en el piso donde deja restos de basura y excrementos.
Durante el día se dedica a juntar todo tipo de basura y residuos que encuentra en la calle.
Nadie sabe de qué vive, pero las historias que giran a su alrededor indican que tiene más de una propiedad en la ciudad y todas las utiliza con el mismo fin.
Para los habitantes del edificio no hay duda de que tiene problemas psiquiátricos.
Según los registros de la edificación tiene una deuda de 460 mil pesos por concepto de impuestos.
Los vecinos se lo cruzan en el hall del edificio y el ascensor. Algunos lo saludan pero otros ya no le hablan.
En más de una oportunidad, le solicitaron que se fuera y dejara los apartamentos pero no encontraron ninguna respuesta. Hicieron varias denuncias en la Intendencia pero sólo consiguieron que hace algunos meses varios camiones del municipio limpiaran el lugar.
Luego de esa instancia el mal olor se fue por una semana. Pero a los pocos días el propietario volvió y con él regresó el olor a podrido.
RATAS. En otra casa, en la avenida Garzón, se vive un panorama semejante. La propiedad fue limpiada por la Intendencia en cuatro oportunidades en los últimos cinco años. La última vez retiraron 36 camiones de basura. Teniendo en cuenta que cada camión tiene una capacidad de 2.500 kilos, no es difícil imaginar el desolador panorama que ofrecía el lugar.
La casa está rodeada por un laboratorio de vinos y una papelería. Los vecinos ya se resignaron y buscan soluciones a los problemas que les trae vivir cerca de lo que denominan un "basurero".
En la propiedad vive una pareja, que según calculan los habitantes de la zona, tienen entre 60 y 70 años de edad.
Todos los días el hombre y la mujer salen temprano con un carro a juntar los residuos.
Dentro de la casa quedan más de diez perros. Para el propietario de la cercana papelería Casino, Juan De Souza, la falta de higiene es el principal problema. "Hace dos meses un auto mató a un perro en la calle y el hombre se lo llevó para la casa. Nosotros no sabemos que es lo que hacen con todo lo que entran", relató. En más de una oportunidad intentaron hablar con la pareja. Pero fue imposible. Según relataron, reaccionan con agresividad cuando son interpelados.
Los que viven en la zona desde hace más tiempo cuentan que el dueño de la casa nació en el barrio, era hijo de un carnicero y estudiaba. Pero, supuestamente, tras una enfermedad que nadie pudo identificar cerró las ventanas y comenzó a juntar basura.
Si bien los vecinos saben que nada de lo que hagan traerá una solución definitiva al grave problema, cada dos meses realizan una denuncia en la Intendencia esperando obtener algo que mejore la situación.
Sin embargo, han tenido que resignarse a convivir con la cercanía de esa patología, lo que implica ratas, moscas y un olor fétido que aumenta en verano. Pese a todo, cuando los vecinos arreglan sus azoteas, entre todos pagan el arreglo de la casa que origina todos los problemas, con la lejana esperanza de que algo cambie.
MATERIA HUMANA. En pleno Prado, sobre la avenida Luis Alberto de Herrera hay dos viviendas que hace más de diez años que están cerradas y sólo abren sus puertas de noche cuando el dueño sale a juntar basura.
En el balcón del frente las bolsas se acumulan y cuando llueve el mal olor aumenta porque el agua estancada fermenta los residuos.
Los vecinos ya no saben qué hacer para solucionar el problema. Hicieron denuncias a la Intendencia, al Centro Comunal y al Ministerio de Salud Pública, pero no pueden resolver la situación.
El dueño de las dos casas tiene más de 60 años, no trabaja y sólo se dedica a juntar residuos y animales. Los vecinos estiman que debe tener más de veinte mascotas entre perros y gatos lo que hace que las ratas desaparezcan.
Sin embargo, el mal olor es constante y en verano llega a ser "insoportable", según relató Federico Magnone, que vive en la casa contigua. "Todos los años dos veces al año recibimos una llamada de algún familiar preguntando si sigue viviendo en las casas. Pensamos que están esperando que se muera para quedarse con la propiedad", comentó.
Las casas y apartamentos donde viven las personas que juntan basura no pagan los gastos de agua y teléfono desde hace años, por lo que los servicios fueron cancelados. Esto agrava aún más el tétrico panorama. Así, en la mayoría de los casos el baño queda clausurado y los habitantes optan por utilizar los fondos o los balcones como sustituto. Los vecinos se agarran la cabeza y coinciden: "Peor imposible".
Intendencia reclama acción de la Justicia
n Para las autoridades de la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) la situación es un problema que no han logrado solucionar hace más de diez años.
La comuna recibe la denuncia de los vecinos pero son pocas las veces que puede actuar. Recién cuando la situación se vuelve insoportable y se detecta que el lugar representa una "amenaza sanitaria" se decide llevar los camiones de basura del municipio. En esa instancia con una orden de allanamiento, los funcionarios de la Intendencia ingresan al lugar e intentan limpiarlo. En algunos casos el trabajo lleva más de una semana y se han llegado a sacar más de 30 camiones de basura.
Los funcionarios municipales ingresan con máscaras para disminuir el olor a podrido que genera la basura. Según el inventario que se realiza en los diferentes allanamientos se encontraron excrementos humanos, comida en mal estado, animales muertos cartones y residuos de todo tipo.
Las autoridades municipales explicaron a El País que en la mayoría de los casos se trata de personas que tienen problemas psiquiátricos que acumulan basura sin un fin comercial. Los técnicos municipales señalaron que es necesario intervenir porque se generan focos insalubres en el entorno.
Para la comuna la única solución definitiva del problema es que la Justicia declare incapaz a la persona que tiene el hábito de juntar basura en su casa y se decida su internación. Sin embargo, sostienen que cuando se llega a ese momento los jueces no actúan lo que genera que a los pocos meses las denuncias vuelvan a aparecer.
Agregaron que la Intendencia sanciona a los propietarios de los terrenos con multas que se suman a la Contribución Inmobiliaria y se envían cedulones sabiendo que ninguno pagará un solo impuesto.