El enojo suele bloquear la inteligencia. Un hombre con esta última virtud pero ofuscado, frecuentemente, pierde discernimiento y esto es lo que le está pasando al Dr. Tabaré Vázquez en estos días. Arremetió contra los medios y lo hace reivindicando un trato respetuoso, equitativo e igualitario, esos son los calificativos que usó, por parte de éstos. Aclaró que el maltrato que, supuestamente, recibe no es por parte de los periodistas sino de los propietarios de las empresas. Deslindó responsabilidad de los trabajadores a los que se debe respetar, dijo Vázquez, de los dueños que suponemos, aunque no lo dijo, no merecen respeto e insinuó operaciones políticas de éstos últimos en su contra.
Llama la atención la advertencia del presidenciable ya que alcanza con ver los informativos televisivos de la noche para coincidir en lo insólito del pedido. No hay candidato cuya cobertura sea más completa que la de Vázquez, sus viajes al exterior son acompañados por enviados especiales, sus presentaciones ante empresarios en el salón azul de la Intendencia se transmitieron como si fuera cadena oficial, sus actividades de campaña están a toda hora, y tiene medios que declaradamente militan para él.
Su enojo debería ser consigo mismo. Ningún órgano de prensa truca sus palabras y da a conocer cosas que él no haya dicho. Lo que hacen estos es recoger lo que el propio Vázquez afirma.
Ofende no a los empresarios sino a los comunicadores todos. Aunque lo quiera evitar esto es una agresión gratuita a quienes pretende eximir de culpas. En la medida que el autor de sus dichos es él mismo y quienes los transmiten son los periodistas, las injusticias a que es sometido, si existieran, son de los que debiendo captar bien su opinión la tergiversan expresamente, es decir los trabajadores de la prensa. O lo que es peor aun que es sugerir que en Uruguay hay periodistas que le hacen mandados a los dueños de los medios y reciben órdenes de éstos sobre lo que hay que preguntar o editar de sus palabras. Uno puede discrepar, y los hemos hecho, con estilos y opiniones profesionales de algún periodista, pero suponer que cuando esto sucede responde a conspiraciones políticas es otra cosa y además hay que probarlo.
El tema es que Vázquez escucha y ve cosas de él que no le gustan. Preferiría que le editaran otros párrafos de sus discursos, pero el tema es que los que le agradan y los que no, todos, los dice él. No son los medios lo que complica al EP, es el Ec. Viera anunciando los impuestos al agro, el Sr. Kaplún comentando que van a crear un Ministerio de las Comunicaciones, la diputada Topolansky avisando que Astori sería ministro por un rato, Mujica camuflando ideas para "no asustar a los burgueses", Marenales queriendo disolver el parlamento y el propio Vázquez aclarando que quiere ser presidente un rato en el día y médico en el otro.
Pero además de insólita la crítica es injusta. El presidenciable encuentrista reclama tratamiento equitativo para su fuerza pero cuando tiene la posibilidad de tener la mayor audiencia imaginable a su disposición para convencer a los uruguayos de que lo voten mediante un debate, se niega a él. Por un lado reclama no ser discriminado a la hora de que se conozcan sus propuestas, y por otro se opone a que el Uruguay entero las escuche.
El Dr. Vázquez está enojado y recurre a teorías conspirativas depositando, una vez más, su desventura en la prensa. Es un camino que se suele recorrer cuando campea la inseguridad.
En el día que El País cumple sus 86 años de vida es buena cosa reivindicar la más absoluta libertad de expresión. Siempre es mejor que alguien le eche la culpa de sus problemas a la prensa que tener una sociedad que deba nutrirse de comunicados oficiales con forma de mordaza.