Ser o no ser, esa es la cuestión

UN amigo, recientemente regresado de un viaje a París, nos asombró diciendo que la capital francesa está atrasadísima. Ante nuestra sorpresa, reafirmó su juicio y, de inmediato, lo fundamentó. Los parisinos, dijo, no conocen los carritos de los hurgadores. En la capital gala, prosiguió, no saben qué es un caballo.

¡Imposible!, acotamos. ¿Cómo es que el intendente Arana, en sus múltiples viajes por el viejo continente, no ha tenido la generosidad de informar a sus colegas de las ventajas de recoger la basura domiciliaria mediante el originalísimo método montevideano, que, además, desparrama desperdicios por las calles, vuelve peligroso el tránsito vehicular y pone en peligro la seguridad de los niños que, a menudo, conducen los carritos. Sin hablar de las boñigas que dejan los equinos sobre el pavimento céntrico...

Sirva esta introducción para bosquejar la personalidad del jefe comunal, urbanista reconocido, amante de la belleza y preocupado por los problemas sociales.

Pero, para completar este cuadro, hagamos un poco de memoria: quien dejó la actual Intendencia en uso de licencia durante un mes y medio, concedió una entrevista al semanario "Búsqueda" —el 9-II-1995, cuando era intendente electo— y en ella reveló su ideología (?) y su opinión sobre algunos temas relevantes. Esquematizando un poco, reproducimos lo esencial, sin salirnos del contexto, de dicho reportaje.

ANTE la pregunta de si es socialista, el Arq. Arana responde que "nunca me he definido a mí mismo como socialista", agregando que simpatiza con esa corriente "en tanto es expresión de solidaridad y de equidad social". Puntualiza que se siente influido por el pensamiento cristiano ya que, desde niño, estuvo vinculado a la iglesia metodista y evangélica.

El cronista quiere precisar más la posición de Arana y por ello le pregunta qué opina sobre la ideología socialista clásica que defiende el régimen de partido único, la economía centralizada, etc. Entonces, el intendente electo contesta que "jamás creí en eso, nunca lo acompañé". Y añade que "fuertemente teñido por una tesitura dominante en el ámbito universitario de los años cincuenta, considera la pluralidad de opiniones, la confrontación de ideas, la diversidad de criterios, como una de las fuentes básicas de cualquier manifestación profundamente democrática, respetuosa de la persona".

Hasta aquí, sólo caben loas al entonces futuro intendente municipal. Pero al cronista de Búsqueda se le ocurre insistir: entonces, se puede decir que Arana no es socialista...

"Yo jamás voy a decir eso. Una cosa es decir que Arana no se define como socialista y otra cosa es decir que no soy socialista... Debo decir que tampoco soy antisocialista...", intenta aclarar el arquitecto.

Francamente, no lo entendemos. O lo entendemos muy bien.

Tan desconcertado como ahora estamos nosotros, sobre lo que es o quiere decir el Intendente, el cronista le hace una pregunta muy concreta: "¿Es Ud. marxista?" Respuesta: "No. Lo que yo no me animaría a decir es que soy antimarxista... Nunca me he identificado, ni mucho menos autocalificado, como marxista".

Sí, está clarísimo. Una vez más, el entrevistado no es una cosa ni la contraria. Respecto a otro tema crucial: ¿qué es lo que falló en la Europa del Este, los hombres o las ideas?, Arana responde que "un cambio tan contundente se produce como consecuencia de una visión excesivamente rígida y ortodoxa que obliga a un cambio de tesitura y a una reformulación de la izquierda, como pienso que se está dando en el mundo actual".

En verdad, ya han pasado diez años desde esos dichos y nadie admite que la izquierda uruguaya se haya reformulado "como se está dando en el mundo actual".

AL contrario, el Dr. Vázquez amenazó con recurrir a referéndums tantas veces como el Parlamento le sea desafecto y Marenales dice que si el Legislativo no apoya a un eventual Vázquez presidente, se impone disolver al Parlamento y llamar a elecciones, con el peligrosísimo agregado de que a la oposición hay que vigilarla y controlarla.

Pero la prueba del nueve para Arana —y para el EP-FA— la tiene que enfrentar cuando se le pregunta, nada inocentemente, si considera que el régimen cubano es una dictadura. Su respuesta es típica de él y de su coalición de partidos: "El régimen cubano no puede ser considerado como una dictadura en tanto tiene una institucionalidad avalada a través de determinados procesos, que no son los que comparto. No es por cierto, tampoco, un régimen democrático de acuerdo con nuestra óptica".

Más adelante hace otra observación que demuestra la ambivalencia sesgada de la izquierda vernácula: "... la intensidad y el volumen de la persecución, de la tortura, la privación de la libertad y la vida que significó el régimen dictatorial chileno, en modo alguno puede ser comparado a la realidad cubana".

¡Qué pena que Arana no se haya puesto a calcular cuánta fue la persecución, la tortura, la privación de libertad y de vida que significó, hasta ese momento, el régimen de Castro, luego de 36 años de opresión sobre el pueblo cubano que no pudo escapar de la isla! Cálculos que hay que acrecentar en diez años para que las cifras negras de la dictadura castrista se actualicen.

PARA rematar, cuando se le menciona que hay varios sectores del EP-FA que siguen defendiendo al régimen marxista-leninista que colapsó en Europa del Este, el Arq. Arana parece no estar muy al tanto de lo que ocurre porque declara que "no están dentro de mi conocimiento personas, ni mucho menos organizaciones, que estén sustentando lo que allí se produjo. La verdad es que si las hay, no sé cuáles son". ¡Santa simplicidad! ¿O no?

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