La actriz que no se siente estrella

En su nuevo film "Birth" compone a una mujer que procesa su viudez acercándose hacia el Más Allá

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AFP

HENRY SEGURA

Se viste como una diva de los ’50 y sabe que tiene el aire sofisticado, elegantísimo, que irradiaban aquellas estrellas. Pero la australiana Nicole Kidman no se conforma con esas asociaciones, encargándose de recordar que no se siente una simple estrella de Hollywood "sino una actriz", como dijo la semana pasada en Venecia. Es algo más que un matiz para quien es consciente de la posición que detenta: "me siento una privilegiada porque puedo escoger los guiones, eso no es algo común para los actores. La gloria no es duradera".

Por eso mismo optó por ser imprevisible. Impide que la identifiquen con un determinado tipo de personajes, eligiendo papeles que no mantienen otra relación de continuidad que el esfuerzo interpretativo. De esa manera, debe entenderse lo que sucedió después de la enorme resonancia alcanzada por Moulin Rouge, cuando Kidman aceptó trabajar en una producción británica chiquita, Ruleta rusa, rodeada por nombres poco conocidos, para enseguida volver a dividirse entre una superproducción (Regreso a Cold Mountain) y un típico film de autor (Dogville, del danés Lars von Trier). Ese camino ha cimentado un respeto público infrecuente para los artistas que alcanzan posiciones de estrellas en la gran industria. Y por lo mismo, algunos auditorios podrán dividirse ante un film con Kidman, pero difícilmente cuestionen el desempeño de la actriz, como ocurrió hace pocos días, cuando se produjo el lanzamiento de Birth en Venecia, destratado por parte de la crítica, la misma que dos días después estimaba que Kidman podía recibir el premio a mejor actriz más allá de los alcances creativos de la película.

La película dirigida por Jonathan Glazer no le aseguraba precisamente una historia de esplendores fáciles. Allí se cuenta la historia de una mujer que elabora su luto, busca una especie de contacto con el más allá y cree encontrar a su marido reencarnado en un niño de apenas diez años. Una escena en especial agregó el plus especulativo mucho antes de que el film estuviera terminado: el niño entrando a la tina donde se encuentra desnuda Kidman. "No hay tensión erótica ni sentimental, ninguna escena fue recortada y no hay secuencias escabrosas. Como madre jamás hubiera aceptado un papel con escenas así", aclaró rápidamente la actriz.

Más allá de los dobleces de una historia que a más de uno hizo recordar al cine del maestro Stanley Kubrick (con quien la actriz trabajó en Ojos bien cerrados), la nueva película viene a reiterar la disposición de la actriz a aceptar retos personales. Obviamente, dentro de poco se la podrá ver en otra superproducción histórica, Alejandro el Grande, nuevamente dirigida por Baz Luhrman (el de Moulin Rouge) y un par de títulos "made in Hollywood", como The Interpreter de Sidney Pollack y Emma’s War de Tony Scott.

Este nivel de exigencia personal ha hecho multiplicar la admiración de los críticos y periodistas por Kidman. Hace pocos días, una entrevistadora de la televisión británica la calificó de "leyenda viviente". El único problema fue que lo dijo mientras dialogaba con la legendaria Lauren Bacall, que viene de actuar con Kidman en Dogville y en Birth. "Ella no es una leyenda", aclaró la viuda de Humphrey Bogart y de Jason Robarts, refiriéndose a Kidman. "Ella recién comienza ¿Qué es eso de leyenda? Ella no puede ser una leyenda a la edad que tiene. Es necesario tener más edad", reafirmó molesta.

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