"Los ataques vinieron del Frente; canibalismo hay en todos lados"

| Rechaza el término oficialismo cuando se refieren a su gobierno, aunque "es hora de que muchos se acostumbren"

CARINA NOVARESE

A los 71 años, luego de casi 10 al frente de la Intendencia de Montevideo, Mariano Arana renueva la lucha política. El jueves, en la única mañana clara de toda la semana, el intendente estaba de muy buen humor en su primer día de campaña y en su primer día fuera de la comuna; "Tuve que dejar la Intendencia para que el tiempo volviera a florecer. No sé si hay alguna relación entre ambos eventos, pero....".

Aunque cuarto en la preferencia de los frenteamplista, su sector, la Vertiente Artiguista, es hoy uno de los diferenciales del Frente en su búsqueda de los votos que, como intenta, le permitan superar el 50% en octubre. Arana es además probablemente el hombre del Frente Amplio con mayor experiencia de gobierno. El lo sabe, pero como buen frenteamplista no puede evitar la reacción instintiva cuando se habla de él y su equipo municipal como oficialistas. "Parece mentira pero a casi 10 años de ser gobernante de Montevideo, cada vez que se refieren a nosotros como oficialismo me dan ganas de mirar para atrás, porque es como que hablan de otras personas. Me corre un frío por la espalda".

Es que, dice "estamos tan acostumbrados a ser minoría y oposición que a veces nos cuesta tomar conciencia plena de la tarea que debemos asumir. Creo que eso también le pasa a otros compañeros. Algunos quieren jugar simultáneamente al oficialismo y a la oposición". La cuestión, admite, es que este "frío en la espalda" puede ser una de las claves de un eventual gobierno de izquierda. Con su experiencia a cuestas, con problemas y virtudes de los diez años pasados, Arana dice que si pudiera dar un consejo sería que "confíen siempre en la gente. En toda la gente, no discriminadamente por lo que las personas opinan y votan".

VASCO Y MaS. Español por los cuatro costados, Arana es ciudadano español y hasta fue nombrado "hijo adoptivo" del pueblo en que nació su madre, gallega ella y llegada a Uruguay en la niñez junto a algunas de sus seis hermanas y su madre, en busca de trabajo. Ella fue empleada doméstica durante muchos años y una de sus hermanas, recuerda el intendente, fue lavandera "de las de antes".

Arana nació en la calle Lavalleja, en pleno Cordón. Es decir, en la actual calle Rodó. "Qué manía de cambiarle los nombres a las calles, lo digo siempre. Es una falta de respeto", no puede evitar opinar el intendente y aclara que "yo no tuve nada que ver". Reafirmándose en su protesta, Arana también recuerda que su niñez se desarrolló en otra casa cercana, ubicada en Colonia entre Minas y Piedad (hoy Roxlo). Alguien a quien conoció mucho después, entrados los 80, solía utilizar el nombre de la calle para el piropeo. Líber Seregni le contó a Arana entre sonrisas que cuando era cadete piropeaba a las jóvenes del barrio regalándoles un "Atiéndeme por favor, atiéndeme por Piedad, si no por Tacuarembó porque lo mismo me da".

La madre de Arana aprendió a leer y escribir a los 11 años, cuando llegó a Uruguay. Tal vez por eso, dice ahora el intendente, el deseo fue siempre que los dos hermanos pudieran estudiar. Mariano ingresó a la Universidad en 1952; su pasaje por el liceo francés no evitó que volviera a deslumbrarse con los profesores de la facultad de esos tiempos. Poco después de egresar comenzó a enseñar, en una carrera docente que se extendió hasta la dictadura, cuando decidió renunciar.

CANDIDATo. La veta política de izquierda no le llegó a Arana desde su familia –muchos eran blancos, con algún colorado en el medio– sino más bien desde su religión. Cristiano formado en la iglesia Metodista, el ahora intendente dice que de allí proviene su "vocación de izquierda".

Por muchos años, sin embargo, su militancia fue sólo estudiantil o se limitó a repartir folletos, tal como dice, pero no integró cuadros dirigentes del Frente Amplio hasta la vuelta a la democracia. En eso tuvo mucho que ver otra militancia, muy emparentada con la política pero vestida de protesta cultural para enfrentar las prohibiciones de la dictadura. Arana fue uno de los pilares del grupo que desde 1979 luchó por el patrimonio arquitectónico de Montevideo, cuando cientos de edificios habían sido desclasificados de su categoría de monumento histórico. "La connivencia del autoritarismo en lo político y social se tradujo en la connivencia con un sector de especulación inmobiliaria que fue copartícipe. Y no pocos colegas participaron en la alegre forma con que se consideraba que destruir lo viejo y construir lo nuevo era automáticamente signo de progreso". Los documentales que el grupo hizo en 1980 y en 1983 terminaron transformándose en piezas de protesta política por el eco que lograron.

Acostumbrado a ser "siempre minoría", admite Arana, el insistente acoso de los dirigentes del Frente para que en 1984 aceptara una candidatura a la intendencia que rehuía, al menos lo inquietó. Finalmente no pudo evitar más la respuesta, cuando el propio Seregni, a quien Arana todavía no conocía, le pidió personalmente que se candidateara. Esa conversación la tuvieron en una helada mañana de invierno, en la Mehari en las que se movía el intendente en esa época, para evitar que la prensa localizara al líder frenteamplista que intentaba convencer a alguien para que fuera candidato, mientras el Plenario del Frente esperaba el nombre.

En esas elecciones el Frente perdió perdió por 15.000 votos el gobierno municipal pero sería la última vez. "Cuando vi que en las encuestas empezábamos a subir, creo que me corrió otro chucho de frío", dice Arana.

MEZQUINDAD. Arana dice que no entiende mucho cómo alguien puede querer ser presidente. También admite que en 1982, cuando lo suyo era la arquitectura y la militancia contra la dictadura a través de la protesta cultural, hubiera salido corriendo si alguien se atrevía a decirle que sería candidato, luego senador y más tarde dos veces intendente de Montevideo. Probablemente también hubiese salido corriendo si alguien le hubiera dicho que luego de todo ese trajinar político se volvería a postular al Senado, como lo hace ahora. O que correría serio "peligro" de ser ministro de algún área social en un eventual gobierno de su partido. En los hechos, sin embargo, todo eso es lo que ahora le sucede a Arana. Y, al igual que en la Intendencia, dice no esperar que "las cosas sean fáciles".

Define su herencia como "un tanto explosiva": 75% gallega y una cuarta parte vasca, esta última proveniente del padre que nació en Uruguay. Acepta que esa cuota vasca es la que influye en su "temperamento levantisco", ese que no siempre pudo dominar en los peores momentos de su gobierno, que admite tuvieron todos que ver con ataques a sus colaboradores. Por eso recuerda las situaciones "de carencia de respeto y de la más elemental humanidad" con colaboradores "tan queridos" como Ernesto de los Campos y Mario Areán. El primero fue agresivamente descalificado por el sindicato municipal y el segundo estuvo rodeado de denuncias de corrupción que provinieron del propio Frente Amplio.

En lo que a Areán se refiere Arana dice que no quedaron dudas: "todo quedó claramente esclarecido en la medida en que nada de lo que se estaba tratando de hacer dudar, se pudo corroborar". En ese caso, admite, "la mayoría de los ataques vinieron del Frente, porque el canibalismo existe en todos los terrenos". ¿Cómo puede incidir ese canibalismo en un gobierno de izquierda? Arana vuelve a su explicación democrática: "las mezquindades existen. No podemos pretender ser la amplia mayoría del país sino tenemos gran variedad. Sería una petulancia de nuestra parte pretender ser los monopolizadores de la buena conducta en el Uruguay".

A pesar de lo anterior y sobre todo a pesar de los duros enfrentamientos que puso en veredas opuestas a su gobierno y al sindicato municipal, Arana se niega a aceptar que la relación con los sindicatos sea la piedra en el zapato de un eventual gobierno. "Aplicaremos el criterio básico, que es el respeto de las libertades sindicales y el subrayar, una y otra vez, la absoluta independencia de actuación de ambos ámbitos".

Barítono y frustrado violinista

A los 12 años, cuando en un trabajo escolar le fijaron el tema "¿Qué haré en el futuro?", Arana se dibujó a sí mismo tocando el violín en un teatro. En esa época intentaba aprender a dominar el instrumento, algo que no logró.

Pero la relación de Arana con la música viene de lejos y hasta tiene que ver con el comercio de cambios que tenía su padre, frente al Teatro Solís. Allí, en las épocas en que por 100 dólares daban 96 pesos uruguayos, recuerda, a la casa de cambios se acercaron desde Caruso hasta Tita Rufo.

No en vano al padre de Arana lo llamaban "El tenor"; su hijo recuerda hasta ahora las arias que le valieron el apodo. Arana era barítono e integró varios coros, desde el Universitario hasta el del Frente Amplio, en el que cantó el Aleluya en un gran acto que se realizó en la calle Agraciada, en la campaña electoral de 1971. El entonces militante recuerda que vistió alguno de los "ponchitos" rojos, azules o blancos que se repartieron para la ocasión.

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