El tema de la clonación es el atrayente punto de partida de Enviado, film protagonizado por Gregg Kinnear, Rebecca Romjin-Stamos y Robert De Niro que se estrena en Montevideo el próximo viernes, aunque los alcances éticos y psicológicos del asunto no son según referencias los mayores intereses del director Nick Hamm y su libretista Mark Bomback, cuyo objetivo parece haber sido en cambio la fabricación de una historia de suspenso con ribetes parapsicológicos y alguna incursión en el terror.
El asunto se centra en un matrimonio (Kinnear, Romjin-Stamos), él profesor de secundaria, ella fotógrafa, cuyo hijo muere en un accidente. Un científico (Robert De Niro) que ha ganado millones y opera un vasto laboratorio médico les ofrece la oportunidad (ilegal) de clonar al fallecido, proporcionándoles otro hijo genéticamente idéntico. También les otorga un nuevo entorno vital: los personajes deben romper todo lazo con el pasado, evitando el encuentro con gente que los haya conocido y pueda hacer preguntas indiscretas acerca de un nuevo niño demasiado parecido al que murió. Células del niño muerto son implantadas en el vientre de la madre, ésta da a a luz, y por procedimientos artificiales el nuevo ser alcanza muy pronto el nivel de desarrollo que tenía en el momento del accidente.
Por supuesto, a determinada altura las cosas empiezan a funcionar mal. El comportamiento del nuevo niño comienza a volverse más y más extraño, tiene visiones y terrores nocturnos, cree ver a otro chico cuyas experiencias se entrelazan con las propias y choca en la escuela con el maestro y los compañeros de clase que lo consideran, razonablemente, "raro". También deambula por el cuarto de su madre o entre recuerdos de su "modelo original" con aire ominoso. Es que además de raro puede ser también peligroso: el antecedente de una serie como La profecía le ha enseñado a toda una generación de espectadores a desconfiar de ciertas figuras infantiles. Al final hay algunos sobresaltos, sorpresas y muertes.
Fuentes norteamericanas afirman que enemigos de la clonación parecen haber confundido la página web oficial del film con la de un inexistente instituto real dedicado a ilegales experimentos en la materia, pero la historia parece demasiado buena para ser cierta: se trata probablemente de un truco publicitario (reconozcámoslo, es un buen truco publicitario). El film no propone empero una polémica científica o moral: su espacio el del "shock", el terror, la maldad, el engaño y la oscura atracción de los niños aparentemente diabólicos.
EQUIPO. El director Nick Hamm tiene un prestigio previo en el teatro británico, ha filmado bastante para la televisión, y en los años noventa se trasladó a los Estados Unidos donde realizó Talk of Angels y el asunto fantástico de The Hole. El film tiene por cierto un interés adicional en su elenco: el protagonista Kinnear se ha venido afirmando desde los tiempos de Sabrina y Mejor imposible, y por supuesto no necesita presentaciones Robert De Niro, uno de los mejores actores de su generación. Cameron Bright interpreta a Adam 1 y Adam 2, el niño original y la copia en torno a la cual se desarrolla la inquietante anécdota.
Más clones de la pantalla
No es la primera vez que la clonación humana se convierte en pretexto para una historia de suspenso fantástico. Es posible retroceder por lo menos hasta Los niños del Brasil (1979) de Franklin J. Schaffner, que adaptaba la novela homónima de Ira Levin a propósito de un imaginario complot del doctor Josef Mengele para clonar a Hitler. Un envejecido Laurence Olivier encarnaba a un sosías de Simon Wiesenthal, enfrentado al Mengele que interpretaba Gregory Peck.
Y por si no alcanzaba con un Arnold Schwarzenegger, la clonación permitía que hubiera dos en El sexto día, aventura futurista pero no mucho en la que un Arnie descubría que su doble le había robado su vida y su familia. La pobre oveja Dolly nunca supo en qué iba a terminar su descendencia.