Esperanza, emoción, sentimiento, corazón, libertad, y dignidad. Esas seis palabras fueron repetidas sin cesar por el candidato nacionalista Jorge Larrañaga en la asamblea de conmemoración de los 100 años de la muerte de Aparicio Saravia.
En Montevideo, al pie del monumento a la memoria del caudillo, con el sol a pleno y en un estrado que albergó a los principales dirigentes de todos los sectores del nacionalismo, el postulante blanco desgranó también en su discurso, incesantemente, alusiones al empleo, el desarrollo, los nuevos nombres de la revolución, el papel de los jóvenes y la unidad partidaria. Particularmente, la unidad del partido.
En dos oportunidades se refirió explícitamente al candidato del Encuentro Progresista, Tabaré Vázquez, y recibió como respuesta los mayores aplausos.
En 45 minutos de oratoria, ante la columna que se desplegaba por la calle Luis Alberto de Herrera portando banderas sectoriales pero en clara minoría frente a la insignia histórica del Partido Nacional blanca y azul, Larrañaga estribó en la lucha de Saravia por la libertad cívica para señalar, como plataforma filosófica del tiempo electoral, que hoy, la pelea está representada en otras dimensiones de la libertad del ciudadano.
"La revolución de Aparicio Saravia triunfó y la prueba de ello es que aquí estamos todos juntos, resueltos a construir la causa nacional", gritó el candidato.
En mangas de camisa y marcando cada palabra con rigor, el titular blanco dijo que la "dignidad" es hoy "la nueva dimensión" de la causa de la libertad.
"Hoy la batalla de la libertad es por el desarrollo, el trabajo, la educación, la salud, la seguridad y el derecho a tener esperanza", expresó.
"El desarrollo no puede confundirse con dádiva oficial que para poco sirve y simplemente significará la retroalimentación de la pobreza", subrayó, en aparente alusión al plan de emergencia que presentó la izquierda al inicio de esta semana.
Larrañaga convocó a "levantar el nacionalismo" para romper "con la sociedad dividida entre buenos y malos" y frenar el Uruguay "preso de los radicalismos" que le impiden avanzar.
IRONIA. Como reivindica en todos sus discursos volvió a señalar que el Partido Nacional "todo, absolutamente todo" le "puso el hombro al país" en el peor momento de la crisis económica —pasando factura a las críticas que parten del Partido Colorado— pero los momentos de mayor ovación de la asamblea llegaron para un destinatario, en juego de ironía: Tabaré Vázquez.
"Hoy estamos a 50 días de la instancia electoral. Allí se va a decidir la suerte y el destino del Uruguay de los próximos 5 años, o quizás de los próximos 15 o 20 años. Tenemos la obligación ineludible de representar algo más que una visión enfrentada", dijo.
"Yo quiero ser, y voy a ser, presidente de todos los uruguayos; no tengan ninguna duda", insistió, bajo aplausos. "No entiendo cómo algunos quieren compartir nada menos que este cargo desplegando una noble profesión durante 4 o 5 horas por día. Yo creo que eso no es posible", sostuvo, entre aplausos más fuertes.
"Lo digo sin altanería ni arrogancia, tengo muchos defectos pero no el de la soberbia; pero, ¿saben una cosa?, el doctor Vázquez va a poder ser médico todas las horas que quiera porque yo voy a ser el presidente de todos los uruguayos", terminó de decir en medio de un aplauso cerrado y la sonrisa de dirigentes y militantes.
"Nosotros tenemos a nuestro barbudo —agregó minutos después imaginando a Saravia— y no necesitamos de barbudos de otros lados", remató, también ganando las palmas de la asamblea.
"Aquí estamos General, venimos a rendir cuentas; a veces hemos errado el camino, en otras oportunidades hemos estado en el trillo correcto, pero hoy más que nunca juntos en una expresión de unidad de este Partido Nacional", alertó. En otro tramo, recordó que por la mañana, en Santa Clara, también participó de los actos con los compañeros del Directorio, con senadores, intendentes, diputados y con el ex presidente Lacalle, dijo, mención que recogió la recompensa de más palmas.
"Nos empuja el corazón", volvió a gritar golpeándose el pecho con el puño. "Vamos por la revolución de los sueños" de un "Uruguay más libre, con menos pobreza y menos dependencia", dijo sobre el final.
En el remate, vibrando la voz, lanzó cinco vivas: a la Patria, a Saravia, el Partido Nacional, Uruguay y al general Artigas.