RENZO ROSSELLO
La falta de luz, la lluvia, una lima y una pinza fueron las armas principales de los dos reclusos que lograron fugar ayer de Comcar. Un operativo gigante a cargo de varias unidades policiales se concentra en la zona de bañados del Parque Lecocq. Las autoridades creen que la pareja de peligrosos reclusos no consiguió pasar de allí. Pero más allá del episodio, esta evasión volvió a dejar en evidencia el precario equilibrio de la principal cárcel del país.
El director del Complejo Carcelario de Santiago Vázquez, inspector mayor Antonio Cardozo, reconoce que la situación interna se mantiene gracias a la política aplicada con la población reclusa, ya que la infraestructura falla en muchos aspectos. Precisamente, la red lumínica es uno de ellos. El otro aspecto problemático es la escasez de personal: hay un guardia por cada 110 presos.
Los dos reclusos fugados, Guillermo Ariel De Los Santos (28) argentino y Carlos María Cornelli Giménez (32), son considerados "pesados" dentro de la cárcel. Precisamente el Módulo III es el de los "pesados" ya que alberga a todos los procesados por delitos graves: homicidio, violación, rapiña, copamiento. Pese a sus antecedentes, hasta ayer ambos presos tenían buena conducta. No hubo ningún indicio previo de sus planes de evasión. Tampoco la guardia penitenciaria tiene pistas de cómo lograron ingresar una lima y un alicate a las celdas, extremos que ahora habilitarán una investigación interna.
EVASION. A las 7:50 de ayer los guardias del Módulo III constataron la ausencia de los dos presos alojados en la celda 15 del sector A, en el primer piso del recinto. Los reclusos habían limado y quitado uno de los barrotes de una ventana por la que salieron. Desde la ventana al piso del exterior hay unos tres metros que la pareja de presos salvó de un salto. Desde allí se arrastraron por una canaleta de desagüe hasta el doble cercado externo, en un sector próximo a la torre de vigilancia 11, cuya custodia estaba a cargo de efectivos del grupo Fusna (Fusileros Navales) de la Armada.
La clave para lograr el pasaje por ese sector sin ser visto por los efectivos militares fue un foco de luz quemado. Al resguardo de la oscuridad los presos pudieron cortar parte del tejido del doble cercado para salir al exterior.
Una vez fuera los reclusos corrieron a campo traviesa, amparados en la oscuridad, en dirección a Montevideo. Se estima que los presos contaron con un margen de tiempo suficiente para poner distancia con el complejo carcelario y para cuando los efectivos de la Dirección Nacional de Cárceles lanzaron el operativo de búsqueda se estima que ya hacía un par de horas que estaban fuera de los límites de la penitenciaría.
OPERATIVO. Sobre las 10 de la mañana vecinos de las inmediaciones de Parque Lecocq vieron a un sujeto que despertó sus sospechas. El individuo, con las ropas embarradas y el rostro algo desencajado, detuvo a un automovilista para preguntarle una dirección.
Este indicio llevó a los encargados del operativo a trasladar la búsqueda a esa zona. Para ello el director nacional de Cárceles, Enrique Navas, solicitó el apoyo de otras unidades. Guardias de Coraceros a caballo, guardias de Granaderos a pie, efectivos de Radio Patrulla en sus móviles, efectivos de las comisarías linderas con Santiago Vázquez, Policía Caminera, Plantel de Perros se incorporaron al operativo de rastrillaje.
"En los alrededores, cerca de la antena de CX 30, tenemos una zona de bañados que creemos que está siendo aprovechada por los prófugos para esconderse", señaló un mayor de la Guardia de Coraceros que tenía el mando táctico de la operación en ese sitio. Estas operaciones terrestres fueron apoyadas durante la tarde por un helicóptero de Fuerza Aérea, que llevaba en la tripulación a un alto oficial de la Dirección Nacional de Cárceles.
Los efectivos de Granaderos, apoyados por canes del Plantel de Perros, siguieron el rastro de los presos por la agreste zona internándose en amplias franjas de terreno que, en virtud de las condiciones climáticas, se habían convertido en un verdadero lodazal.
Dado que uno de los reclusos padece de asma, los encargados de la búsqueda estimaban que con el alto índice de humedad de ayer y varias horas de ocultarse en la agreste zona terminarían por vencer al evadido.
Las autoridades tenían la intención de mantener el operativo intacto durante toda la madrugada.
La búsqueda se extendió al departamento de San José y a buena parte de la periferia de Montevideo. Móviles de Caminera realizaban controles a vehículos particulares, camiones de carga, ómnibus e incluso buses de transporte escolar ante la posibilidad de que los prófugos pudieran haber tomado uno de estos vehículos para la fuga.
PERFIL. Los dos reclusos fugados tienen un perfil complicado. Carlos María Cornelli viene cumpliendo condena desde el 27 de marzo de 1996 por un delito de rapiña con privación de libertad y tiene dos causas abiertas más, con lo que podría sumar varias décadas de pena y ya había registrado una fuga en la cárcel de Mercedes, antes de comenzar a cumplir pena por su último delito.
En el caso del argentino Guillermo Ariel De Los Santos se repite un historial de múltiples delitos. Este delincuente se encontraba residiendo en Lagomar cuando, junto a otros dos individuos, participó en un asalto a mano armada. Durante el escape el automóvil de los delincuentes fue interceptado por un móvil policial, lo cual dio lugar a un intenso intercambio de disparos tras el cual fueron atrapados.
Debido al historial de ambos delincuentes fueron alojados en el sector donde permanecen los homicidas, asaltantes, copadores, narcotraficantes y violadores.
Juez militar
La Justicia Militar investigará la responsabilidad que les cupo a los efectivos del Cuerpo de Fusileros Navales que, esta semana, tienen a su cargo la custodia externa de Comcar. Fuentes de la Armada Nacional informaron a El País que el tribunal castrense juzgará si hubo responsabilidad de los efectivos navales y, en caso de establecer que hubo algún tipo de delito contemplado dentro del Código Penal Militar, se les procesará. Si los jueces militares entienden que, por el contrario, los efectivos incurrieron en un delito común, derivarán su procesamiento a la Justicia Penal.
Datos
El Complejo Carcelario de Santiago Vázquez (Comcar) tiene a la fecha una población de 2.918 reclusos. Con un promedio de ingresos de 50 presos por semana, a principios del mes que viene ya tendrá 3.000 reclusos.
De acuerdo con estimaciones de las jerarquías del centro hay, promedialmente, un guardia penitenciario a cargo de 110 reclusos. En cada módulo hay cinco policías al mando de un oficial.
En el Módulo III de Comcar hay actualmente 535 reclusos, procesados por delitos de homicidio, rapiña, copamiento, violación y tráfico de estupefacientes.
En las celdas colectivas hay unos ocho reclusos en cada una, en tanto que en las celdas individuales puede haber más de dos en cada una.
Una cárcel con muy poca luz
El inspector mayor Antonio Cardozo tiene una pesada carga sobre sus hombros: dirigir la cárcel más grande del país. Ayer su despacho se transformó en improvisado cuartel general de operaciones para la búsqueda de los evadidos. Cardozo es consciente de las enormes limitaciones que tiene para administrar el establecimiento, la simple reposición de focos quemados corre el riesgo de transformarse en un trance insalvable. "Tengo solamente un tercio del alumbrado funcionando", dice repasando el memorando que hace apenas tres días elevó a la Dirección Nacional de Cárceles para informar de la situación. "Por suerte conseguimos que un camión de la Intendencia de Montevideo viniera a cambiar las dos terceras partes de los focos", agrega.
Actualmente Comcar tiene una población reclusa que en pocos días llegará a los tres mil internos. Más allá de la tarea de rehabilitación que se espera de un centro de reclusión, la superpoblación hace que sólo el mantenimiento del orden interno sea un desafío. "Nuestra política es ir abriendo la cárcel con grupos de trabajo, tenemos dos grupos de teatro y hay un sector de la población que tiene salidas laborales diarias", explica el jefe de la cárcel.
¿Cómo se evita, entonces, motines o más intentos de fuga? "La existencia del Penal de Libertad es un gran disuasorio, si no estuviera tendríamos grandes problemas", admite Cardozo.
El centro de Santiago Vázquez tiene un promedio de 50 ingresos por semana, "a veces tenemos hasta sesenta o sesenta y cinco", apunta Cardozo. "Esto hace que tengamos mucho hacinamiento de presos", apunta, "en las celdas colectivas no hay menos de ocho reclusos, en las individuales hay no menos de dos. Cuando tenemos necesidad de ubicar a un preso más, hay que poner un colchón en el piso", explicó el jerarca.
La fuga de ayer colocó un nuevo factor de preocupación para los responsables del centro. Ahora deberán investigar responsabilidades internas, al tiempo que la Justicia Penal indagará este aspecto y el de la propia evasión y la Justicia Militar las responsabilidades de la custodia externa.