Electrizante tiroteo sacude el Cerro

| Mujeres y niños quedaron atrapados en el infernal intercambio de disparos entre los policías y los delincuentes

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GUSTAVO TRINIDAD

La limpiadora llegó gritando hasta donde estábamos: ‘Están robando Antel, están robando Antel’, corrimos al frente y vimos que todavía no habían salido del local. Yo desenfundé, crucé la calle y me puse atrás de un árbol. Mi compañero se quedó en la puerta. Vi que estaban como locos porque uno al salir atravesó la puerta de vidrio de Antel que estaba cerrada en vez de pasar por la otra hoja que sí estaba abierta. Me la vi venir y me preparé. Apenas estaban en la vereda uno me vio y supe que empezaba el tiroteo". Así contó Marcos a El País, uno de los dos policías que realizaba servicio 222 en el local del BPS, contiguo al Centro Comercial de Antel, ubicado en Japón y Grecia, al que cuatro delincuentes intentaron atracar ayer a las 10.20 de la mañana.

La populosa esquina del Cerro se volvió por cinco minutos un ensordecedor loquero de disparos, gritos, corridas y explosiones de vidrios de los cinco autos que estaban estacionados en el lugar. Un milagro impidió que otras personas resultaran heridas en la balacera, salvo la cajera de Antel a la que los delincuentes le dieron un culatazo en la frente porque no tenía la llave de la caja fuerte y debió ser internada con abundante sangrado.

Pero sólo en el local del BPS, donde sus vidrios agujereados dan cuenta de la intensidad del tiroteo, había decenas de mujeres con niños, ya que era día de control materno infantil.

Otros transeúntes se lanzaban dentro de almacenes, farmacias o aterrados se tiraban sin más al piso.

Uno de los rapiñeros cayó baleado en la puerta del local del ente emplazado en Japón 1711. Otro, con cuatro balas en el cuerpo, alcanzó a subir al auto Nissan Sentra de color verde, pero cuando se bajó sólo dio unos pasos y cayó muerto en Bogotá y Santa Cruz de la Sierra, a las puertas de Cerro Norte, donde intentaba esconderse.

Fuentes de la Dirección de Investigaciones expresaron a El País que uno de los dos rapiñeros aún prófugos ya está plenamente identificado y se trata de un hombre con varios antecedentes penales.

El mismo estaría herido de bala en una pierna.

"Son de la zona y evidentemente no planificaron mucho el atraco, si no se hubieran percatado de que en los cuatro locales que hay en esa esquina suman cinco policías", explicaron las fuentes. Posiblemente los delincuentes manejaban la información de que ayer sobre las 11 horas una empresa de recaudación pasaría a retirar el dinero de la caja fuerte.

Policías del Distrito del Río de Plata y de Investigaciones de Jefatura realizaban ayer una serie de operativos en Cerro Norte y varios allanamientos, ante el convencimiento de que los delincuentes aún no pudieron alejarse de allí por lo que se espera su pronta captura.

INGRESO. El auto Nissan Sentra matriculado en Maldonado y que hacía pocos minutos había sido robado, estacionó frente al local de Antel.

Tres delincuentes bajaron y uno quedó al volante. Lo primero que hicieron dentro del local fue encañonar al sargento A.O., que presta allí servicio 222, y desarmarlo. Luego redujeron a los empleados y clientes, siete en total, mientras uno levantaba todo el dinero de las cajas, estimado en $ 15.000 aproximadamente.

No contentos con el botín exigieron a la encargada que abriera la caja fuerte. La empleada no tenía la llave para hacerlo, pero los rapiñeros no le creyeron. La mujer recibió un culatazo en la frente y varios puntapiés cuando cayó al piso.

Cuando los delincuentes optaron por irse se percataron de que estaban rodeados. "Nosotros no sabíamos cuántos eran. Si tenían rehenes, si había otros en la calle", contó el agente Marcos.

"Cuando empezaron a tirotearse lo que no esperaban es que yo les tirara desde atrás. Ahí se dieron cuenta de que estaban rodeados, se desesperaron porque no tenían salida. Nosotros estábamos bien parados y quedaron en el medio", explicó Fabio a El País, el otro funcionario policial que cumple funciones en el BPS.

CAEN DOS. En la vereda cayó A.D.N. de 24 años con un impacto de bala en la hemipelvis derecha. Los otros dos delincuentes alcanzaron a subirse al auto, donde otro aguardaba al volante. El coche fue acribillado a balazos por los policías que pincharon tres de sus ruedas, pero los rapiñeros igual siguieron su marcha. De inmediato la zona se saturó de móviles policiales de Radio Patrulla, Seccional 19a. y 24a., Brigada de Asaltos, Brigada Puma de Granaderos y Orden Público.

El dispositivo policial cerró filas sobre la zona de Cerro Norte, a donde seguramente huían los delincuentes. El instinto policial no había fallado. A siete cuadras del local de Antel, en la esquina de Haití y Santa Cruz de la Sierra se encontró el auto abandonado. A pocos metros uno de los delincuentes fue encontrado inconsciente.

Fue trasladado al Centro Coordinado del Cerro donde se le diagnosticó cuatro heridas de bala. Dos en la espalda, una en el glúteo y la restante en el brazo. Falleció pocos minutos más tarde.

BLINDADOS. "Yo escuché momentos antes los tiros, pero no me di cuenta que eran tiros. Nos dimos cuenta de lo que pasaba unos segundos después, cuando varias personas empezaron a tirarse para adentro del local desesperadas", contó a El País la encargada del local de cobranzas de Abitab ubicado en la esquina de Grecia y Japón.

José, un policía que también efectúa allí servicio 222, se sumó a sus compañeros en la calle cuando se enfrentaban a los rapiñeros. Dentro del Abitab cundió el terror cuando una bala atravesó el vidrio de la ventana e impactó en una puerta blindada que impide el ingreso al otro lado del mostrador.

"Nos tiramos todos al piso, pero cuando la bala atravesó la ventana nos dimos cuenta que estábamos en una ruleta rusa", contó la encargada aunque la bala no atravesó la puerta blindada. "Toqué todas las alarmas, el botón de pánico, fueron cinco minutos pero parecieron horas. Era como estar en una película de guerra", expresó la encargada.

El local había sido asaltado hace un año pero muy lejos estuvo de esta balacera feroz en que policías y delincuentes intercambiaron disparos a escasos metros unos de otros.

Los policías del local de BPS seguían en sus funciones, apenas un poco más desaliñados atendían preguntas de los usuarios o ayudaban a alguna señora a subir las escaleras. Nadie hubiera dicho que hacia apenas un rato la muerte les

había zumbado en los oídos.

"Acá es bravo, pero nunca vi algo así"

José, de 58 años, hace cuatro que tiene un carro de comidas en la esquina donde tuvo lugar el tiroteo. Ayer en la mañana estaba abriendo el negocio cuando escuchó los disparos. "Enseguida me di cuenta que eran balas y que se estaban tirando entre unos cuantos. Me quedé atrás del carro, quietito, quietito. Ni asomé la cabeza. Estaba duro de miedo", contó a El País.

"De repente me acordé de las garrafas. Yo tengo dos garrafas de trece quilos adentro del carro. Si una bala atravesaba la chapa y le daba a una volaba por el aire. Pensé en esconderme en otro lugar pero no iba a salir si las balas daban por todos lados", comentó aún impactado por el hecho. El comerciante contempló, atónito, el rápido pasaje de maleantes y policías que los perseguían, mientras intentaba comprender qué estaba sucediendo.

José, que vivió en el Cerro toda su vida, no recuerda un tiroteo como el que le toco vivir. "Acá es bravo, pero nunca vi algo así", asegura.

Lo único que José rescata es que su mujer por casualidad no lo había acompañado como lo hace todos los días. "Menos mal, si no se me queda acá nomás de puro susto", indicó.

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