Hoy se vota bien

Por cualquier parte del mundo por donde uno ande, si le pregunta al taximetrista por la situación política recibirá seguramente una única respuesta: si los políticos dejaran de pelearse y se unieran para hacer obra todo estaría mejor.

La lucha política es un proceso que presenta determinadas complejidades que muchas veces escapan a la percepción del ciudadano sencillo. Otras no pocas veces sucede que los actores políticos actúan de forma incomprensible (o inaceptable) para cualquier observador: en estos pagos sabemos de eso, desgraciadamente también en el Partido Nacional. Pero, si hay algo que ha resplandecido en el desarrollo de la actividad que desembocó en las elecciones del día de hoy, es la armonía con que el Partido Nacional ha procesado su candidatura única.

La competencia electoral interna del Partido se destacó por dos características. La primera, más que por mérito propio fue como contraste con la modalidad, entre desganada y autoritaria, de los otros: el Partido Colorado y el Frente Amplio. El militante de a pie de esos partidos, a quien le hubiera gustado (y correspondido) tener algún decir en la dilucidación de las candidaturas y en la ordenación preferencial de sus dirigentes, ha quedado sin poder intervenir, como cuando se mira televisión en familia y el control remoto siempre lo agarra otro. Todo eso refleja una descalificación del militante que fatalmente se traduce en caída de la temperatura partidaria. La falta de interés por la actividad política que se viene instalando en esta tierra tiene variedad de motivos: algunos pasan frente a las narices de los dirigentes sin que muchos de ellos se enteren. Donde se participa hay vida y eso es mejor a que haya consignas que se bajan y/o publicidad que se tramita en una sala con aire acondicionado, chequera dispuesta y pocos testigos.

Pero, además, está la forma y el modo en que la competencia electoral interna se ha llevado a cabo en el seno de nuestro partido. Hay que hacer notar que no se trató de una ceremonia protocolar: pase Ud. señor senador; no faltaba más, después de Ud. En esta competencia vimos desde el vamos a Larrañaga y Lacalle apilados en las cruces, déle talón y talón, castigando a dos lados. Pero siendo una lucha a fondo, ha sido trabada con hidalguía, con respeto, provista de la lucidez para advertir que no es dañando al adversario interno sino ganándole en buena ley que la victoria de hoy podrá servir para la victoria de mañana.

La forma en que el Partido Nacional ha llevado a cabo los diferentes pasos para elegir su candidato único ha hecho que muchos blancos que cargaban amarga desilusión por las pasadas reyertas estén recobrando con una sonrisa la fe en su viejo partido. Y mucha gente sin partido —grupo cada vez más numeroso en nuestra sociedad— mira ahora con creciente interés y simpatía política al Partido Nacional.

De un tiempo a esta parte todos los partidos políticos se preocupan por formar comisiones de técnicos y elaboran propuestas y programas de gobierno. Buscan con ello dar una imagen de seriedad y de preparación para gobernar. Esos son atributos de confección que cualquier candidato consigue con relativa facilidad. Lo que constituye la verdadera e insustituible muestra de capacidad política, de dotes de gobierno y de confiabilidad son los comportamientos internos partidarios. Esa es la muestra, en los hechos, de capacidad para manejar las diferencias. Eso es lo que intuye el taximetrista que despotrica contra las rencillas políticas.

Afortunadamente la contienda interna en el Partido Nacional ha sido ejemplar. Este proceso electoral es de tiro largo: ojalá que el partido mantenga el estilo que ha aprendido; lo va a necesitar más tarde cuando sus responsabilidades abarquen al país todo, un país dividido que es menester aproximar. De lo contrario nadie podrá gobernar y, lo que es más grave, nos habremos ido quedando sin nación.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar