CRITICA I HENRY SEGURA
SHREK 2
Directores. Andrew Adamson, Kelly
Asbury, Conrad Vernon.
l Estados Unidos 2004.
Es pura diversión. Esa fue la opción realizada al emprenderse una segunda aventura con el ogro verde que había marcado el mundo de la animación cinematográfica por su originalidad. Después de todo, un ser feo, flatulento y de mal carácter (como todo buen ogro) es casi inadecuado para un cuento de hadas, donde hay una princesa encarcelada esperando el beso del príncipe prometido.
A contrapelo de los mandatos tradicionales del género sigue la historia, aunque su ánimo transgresor haya sido canjeado por las bromas casi sin parar. ¿Y qué mejor lugar para tirar al blanco que el propio Hollywood? Después de todo, esa tendencia ya estaba marcada en la Shrek primitiva, con la intervención de decenas de personajes extraídos de un reino de la fantasía sembrado desde diferentes áreas, de Walt Disney a los hermanos Grimm, casi siempre recogido en la pantalla grande. Claro que ahora acentúa aquella tendencia y hace que el reino de Muy Muy Lejos, gobernado por los suegros de Shrek, a los que va a conocer tras su flamante casamiento con Fiona, sea una parodia del propio Hollywood. No en vano, cuando la parejita llega al palacete, los despliegues en torno a la alfombra roja son un calco de lo que ocurre en la pasarela del Oscar.
Después viene la acción y con ella varias secuencias que recuerdan títulos como De aquí a la eternidad, Misión imposible, El Hombre Araña (el uno, claro) y El Zorro. Eleva a una categoría casi protagónica a un personaje nuevo, El Gato con Botas, que como buen felino no muestra de inmediato su intencionalidad, pasando del rol de asesino al de férreo aliado de Shrek y del Burro celoso. Con ese personaje ensancha la hispanidad en la historia, porque el gatito es un "andalú" que sabe combinar con los giros mexicanos del charro asno. En el lado de los malos crea un Hada Madrina pérfida y a su hijo, el Príncipe Encantador, que es un vanidoso insoportable. Ellos estimulan el costado oscuro del Rey que no soporta la idea de ver a su hija convertida en una ogra para siempre tras haberse casado con un ser tan poco apuesto.
Pero la lección (todo cuento de hadas encierra una, si no es otra cosa) es la misma: las apariencias no solamente pueden engañar sino que tampoco tienen sustancia En todo caso, el clima festivo de esta segunda aventura hace que "la lección" quede más disimulada que en el primer film, sobre todo porque ello permite dar rienda suelta (a Ricky Martin gracias) a un baile que promete continuaciones.
Posiblemente tengan razón quienes —como Antonio Banderas— sostienen que el reinado de Mickey está en peligro. Mientras el ratoncito se va perdiendo en la memoria de otras generaciones, este ogro verde comienza a tener una notable ascendencia sobre el imaginario infantil del presente. Es un dato de la realidad que esta segunda parte se convirtió en el film de animación más taquillero de la historia, enseguida de haber competido en el festival de Cannes, el más prestigioso del mundo. Es muy raro ver al talento y a la taquilla coincidiendo.