No dejarnos engañar

Es lógico que multitudes de cubanos se hayan congregado otra vez en el Malecón de La Habana para protestar contra Estados Unidos, convocados por el dictador Fidel Castro, que hace cuarenta y cinco años les viene lavando el cerebro, y controlados por los vigilantes de cada manzana, que les impiden quedarse en sus casas cuando se organiza ese tipo de actos.

Lo que ya no es tan lógico es que en el resto del mundo libre se sigan creyendo los disparates que dice y se continúe responsabilizando a los norteamericanos —que ya tienen bastantes culpas propias— de todas las dificultades que padecen, imponiéndole ahora una serie de restricciones que no tienen nada que ver con la causa a la que se vinculan.

Y mucho menos lógico termina siendo que en el Salón Azul de la Intendencia de Montevideo el titular de la Comuna, presentando el libro de otro soldado manso, haya reiterado su admiración por la tiranía del Caribe y expresado su "mayor solidaridad" con el pueblo ante el atentado que significaban las medidas que, agregó, lo hicieron vibrar.

Es evidente que no tiene la menor idea de qué se trata.

HACE quince días, en un acto que se difundió desde Washington a través de todos los informativos de televisión, el presidente Bush anunció que habían aprobado los términos del Informe de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre tendiente a restablecer la democracia en la isla.

En él se incluye la adopción de catorce medidas que pueden dividirse en genéricas o concretas. Las genéricas son: promover actividades de fomento de la democracia; crear instituciones para una economía libre; trabajar con ONGs para que los ciudadanos cubanos puedan acceder a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; procurar que los Sindicatos libres de Cuba sean parte de la Organización Internacional del Trabajo; enfrentar las necesidades básicas del pueblo en las áreas de salud, vivienda, educación y servicios humanos así como salvaguardar el medio ambiente asegurando su utilización en beneficio de los isleños.

Las concretas, por su parte, se refieren a las trasmisiones radiales; a la divulgación de los casos de violación a los derechos humanos, así como del amparo de terroristas, espionajes en otros países y estímulo de la sublevación en naciones democráticas; eliminación de los abusos en los llamados "viajes de educación"; medidas contra los que transportan dinero de manera ilegal; limitación de las visitas; reducción del viático por persona y negación de visas a quienes están o estuvieron involucrados en torturas u otros abusos a los derechos humanos o proveyeron asistencia a fugitivos de la justicia.

ANTE la relativa ingenuidad de las decisiones, es casi una tomadura de pelo internacional que el gobierno cubano las califique como "una brutalidad" y anuncie "que se avecinan días de trabajo y sacrificio".

Es así como, invocándolas, se ha decretado un aumento de precios junto a una restricción en la venta de dólares, provocando corridas que llevaron a la compra de productos de primera necesidad, como aceite, latas de tomate y jabón; se cerraron las tiendas que venden calzado, ropas o electrodomésticos; se anunció una suba de combustibles; las confecciones para adultos, los artículos deportivos y de oficina aumentaron entre un 12 y un 20% disponiéndose una suba general de precios hasta del 22% en lo pagadero en moneda nacional y del 17% en lo pagadero en divisas.

A los sufrientes cubanos les pueden pasar esos elefantes frente a las narices sin que se den cuenta, porque no tienen la menor idea de cuáles son realmente las medidas dispuestas por el gobierno de Bush. El dictador simplemente las toma como pretexto y las aprovecha para alimentar el sentimiento antinorteamericano.

LO que llama la atención es que en el Uruguay todavía haya quienes "vibren" por la inexistente gravedad de las mismas o quienes recojan las versiones que les imponen desde la isla, difundiéndolas con un absoluto desprecio sobre la capacidad de pensar de los seres humanos.

Jean Franois Revel recuerda la diligencia y la constancia con que autoridades democráticas y religiosas se han puesto de parte de Fidel Castro debido al embargo americano, falazmente bautizado como "bloqueo" para las necesidades de la causa. La verdad verdadera es que Cuba NUNCA ha dejado de tener relaciones comerciales con quienes ha querido ni se le han cerrado los mares ni los puertos, ni los aeropuertos, salvo con Estados Unidos. La causa de las dificultades del pueblo se encuentran en la propia dictadura y en la solitaria economía socialista que practican. No en los "malos" americanos.

SI no lo quieren creer, que se lo pregunten a cualquier dirigente de la Unión Soviética, donde llegaron a mantener una deuda de U$S 24.000:000.000 por compras realizadas; o a Letonia, con la cual canjearon frutas y azúcar por carne y productos lácteos; o a Tailandia, a la que le compraron 100.000 toneladas de azúcar. Y si no pueden ir tan lejos, basta con que llamen por teléfono a Buenos Aires y pidan antecendentes sobre la deuda que mantenía Cuba con Argentina desde la época de Perón, por un total de 1.900 millones de dólares, que le fuera graciosamente perdonada el año pasado en un 75%, durante la visita oficial del Canciller Bielsa a la isla. Con el agregado de que el 25% restante se acordó cancelarlo con medicamentos, asistencia hospitalaria y becas de estudio.

De cualquier manera, lo que importa reiterar es que Cuba nunca fue víctima de ningún "bloqueo" sino solo de un embargo individual, que afecta tanto o más a los propios comerciantes norteamericanos, a los cuales les está prohibido exportar a la isla.

Un cuento parecido es el que pretenden armar ahora con las "brutales" medidas dispuestas, que de tales no tienen más que la ignorancia y el servilismo con las dictaduras por parte de quienes las critican.

Sin saber tampoco de qué se trata.

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