Las salvadas del arquero Villar, los errores en la definición de Saviola, de Tevez, el apretujamiento en el área, la disposición defensiva descarada de los paraguayos, la suerte que es grela, el evidente gualicho que le han hecho a Bielsa. Ese es el "combo del infortunio argentino de ayer". Ninguno de esos elementos puede estar ausente de la explicación, y sumarlos no es ninguna ociosidad.
A los guaraníes del Maño, no les cabe ni un reproche. Ese que jugó era el mejor partido posible. Nueve atrás y dos defendiendo, apostando a que el talento de Santa Cruz o el oficio de Saturnino hicieran algún milagro, porque no otra cosa hubiera sido que un equipo que no registro remates al arco se llevara la victoria.
Ante ese Paraguay plantado en la puerta del área, la Argentina intento por todos los caminos imaginables. No escatimó paredes, centros, rotación, empuje. Encerró al adversario a partir de una defensa de jugadores de alta clase como Ayala, Samuel y Heinze, tuvo un bastonero incomparable en Mascherano, asombroso jugador de apenas 19 años, y definió a que se jugaba. Nunca el partido ofreció la posibilidad de pensar en tres resultados. Todo era hacia Villar. El típico choque que necesita del primer gol para que la goleada sea. Hubo al menos ocho ocasiones, avaro recuento, para que los muchachos de Bielsa empezaran a hacer la diferencia. Pero cada remate en el que la gente se ponía de pie con los puños apretados y el grito latente, algo sucedía. El cero a cero se había instalado con la misma firmeza que el sol agradable, el cielo limpio, y la defensa paraguaya atrás.
Hacia el final cierto cansancio de Saviola y de Tevez, algunas repeticiones del Kily González y de Sorín, fueron creando la certeza de que, mientras los partidos no se resuelvan por puntos, la selección de Bielsa está condenada a la crítica. En una semana se le escaparon, por la veda que sufre, el empate ante Brasil y la victoria tan esperada este domingo. Había ánimos de reconciliación. Inesperadamente, el publico llegó con buena onda para acompañar el partido.
En el final de la tarde, la gente parecía desconcertada. Se había prometido colgarlo a Bielsa si no se ganaba. Sin embargo la elocuencia de lo que se había visto, la injusticia que hubiera significado el abucheo para una selección que lo había dado y había merecido todo, provocaron la mayor sorpresa de este domingo porteño: no obstante el resultado tan pobre, el aplauso, tibio como la tarde, pero aplauso al fin, fue cayendo allá abajo, en el fondo verde de la olla, donde los jugadores argentinos esperaban con los brazos en alto, el veredicto tan temido.
La prensa porteña
LA NACION
"La principal razón del empate fue la falta de contundencia ofensiva del equipo de Bielsa. Se crearon situaciones, se hizo figura al arquero rival, pero no aparecieron los goles y Saviola no fue preciso a la hora de la definición.
CLARIN
"El equipo de Bielsa mereció la victoria y la tuvo cerca, pero pagó muy caro sus fallas en la definición y se tuvo que conformar con un empate que fue mentiroso. Al menos, quedó la esperanza que deja la mejora en el juego".
OLE
"Con un Monumental lleno por la mitad Argentina buscó, fue muy superior pero no pudo dar la última puntada. Lo impidió el arquero paraguayo, pero también el estado embrionario de la nueva formación de ataque que necesita entenderse más ".