Hace un tiempo, un conspicuo dirigente de izquierda afirmaba que el Frente Amplio era un "lobo disfrazado de cordero". Sostenía que ese comportamiento es imprescindible, en tanto si se pusieran de manifiesto las verdaderas intenciones, "los burgueses" huirían espantados y se pondría en peligro el triunfo.
Ahora el que nos sorprende y desconcierta no es un dirigente de la segunda línea, sino el mismísimo candidato a la Presidencia del Frente Amplio.
En Buenos Aires le habló a empresarios que tienen intereses en nuestro país. De por sí, todo un acontecimiento, porque es la primera vez que Vázquez rompe el silencio y se anima a decir algo concreto. Claro está que es una pena que sea en Argentina y no en Uruguay donde abandona su mutismo. Es en Uruguay donde están sus votantes y se proyectaría su acción de gobierno, pero bueno, por lo menos se animó a decir alguna cosa.
Si vamos a lo que dijo, son palabras que, en casi su totalidad, las podríamos suscribir. Explicitó la voluntad del Frente de respetar los compromisos contraídos por nuestro país; de atraer inversiones y de respetar los contratos.
Los asistentes al evento, empresarios en su enorme mayoría, salieron de la reunión satisfechos porque Vázquez les aseguró que no se alteraría el actual estado de cosas, ni las relaciones comerciales y financieras que vinculan nuestros países.
Desde esta columna muchas veces hemos sostenido que el Frente Amplio padece un trastorno de la personalidad que se manifiesta en la imposibilidad de ser coherentes. No terminan de compatibilizar discursos y acciones parlamentarias con la realidad que practican en la Intendencia de Montevideo. Ahora la cosa es peor. No es la cuestión de que en Montevideo sean hinchas rabiosos de las concesiones y a nivel nacional no. Es más grave que eso.
Ahora se le dice a los empresarios que se respetarán los compromisos asumidos por nuestro país; olvidando, por ejemplo, los fuertes cuestionamientos realizados a la licitación del Aeropuerto de Carrasco, de cuyo adjudicatario se dijo de todo. Resulta que quedan por el camino las interpelaciones, los opúsculos escritos acerca del tema, y se le asegura a ese empresario que está todo bien.
Al mismo tiempo, un diputado, muy suelto de cuerpo, busca votos sosteniendo que el Frente Amplio promoverá una ley para derogar el instituto de la concesión. Y, como si fuera poco, Vázquez anuncia —en Uruguay— que si es Presidente revisará todas las concesiones realizadas.
¿Dónde está la verdad del Frente Amplio? ¿Qué es realmente lo que quieren hacer? ¿Ponerle impuestos al agro, o no ponerlos?
¡Qué falta de seriedad hay en todo esto! ¡Qué desconsideración hacia la ciudadanía y hacia los propios votantes!
Si hay algo fundamental para el sistema democrático es que, con meridiana claridad, los aspirantes a gobernantes expliciten sus propuestas. Así, el ciudadano munido de toda la información necesaria puede determinar su voluntad con libertad, asumiendo la responsabilidad de que selecciona a un candidato para que lleve a cabo determinadas políticas con las que se identifica. Pero, también le asegura a ese ciudadano la posibilidad de juzgarlo en tanto puede contrastar lo comprometido con lo efectivamente actuado.
Esto de jugar a la mosqueta con las propuestas, de contradecir en Argentina lo que se afirma en Uruguay es sumamente penoso. Trasunta un profundo desprecio a los ciudadanos, y la convicción de que todo vale para hacerse del gobierno. Mientras prosiguen sus trabajos de zapa permanente, el "cuanto peor mejor", sin medir costos ni consecuencias, los uruguayos seguimos en la oscuridad: ¿qué harán si llegan al poder?